sábado, 18 de octubre de 2014
Palabras
- Ven, vamos a contar estrellas
- Siempre has tenido una habilidad para las palabras.
Aunque no estaba convencida en absoluto de lo que le decía, vino a sentarse a mi lado y nos apoyamos el uno en el otro. A nuestros pies, el pueblo entero era un mosaico imposible de luces y sombras, torres y antenas. Allá a lo lejos alguien veía la tele, alguien se peleaba con su novia, algún niño lloraba. Me sentía fuera de todo.
- ¿Te imaginas que el mundo se acaba ahora?
- Ya te gustaría.
En cierto sentido así era. Ese momento, ese instante... quería guardarlo y estirarlo hasta el infinito, como una tira de chicle imposible. Recordé lo que me había dicho hacía unas semanas, que a ella eso no le pasaba con cualquiera. Que tontería. Como si yo fuera cualquiera. Como si ella fuera cualquiera. Tan lejos que habiamos andado... y estabamos en el mismo sitio. ¿Eramos los mismos? No claro. Pero el tiempo no es un continuo para todas las religiones, ni para todas las filosofias. La idea de la linealidad... no, no me acababa de convencer. Cada momento surge y desaparece, como un barco que la cresta de la ola te muestra y su seno te esconde. A nuestro alrededor, los infinitos futuros se desplegaban en un arco iris imposible.
-¿En qué piensas?
- En nada.
Y ahí quedaba eso. Siempre he sido bueno escondiendo mis pensamientos, mis sentimientos, mis ideas. Me molesta que me lean con tanta facilidad, quizás por eso sigo dejando mijitas de pan y relatos para que los leas cuando te aburras. El tiempo pasa, la distancia se alarga, como ese chicle imposible en el que convertiría los momentos contigo. A nuestros pies, como humo, las letras se elevan y se deshacen, llevadas por el viento. Las palabras se desvanecen y los alfabetos se mezclan, los idiomas se confunden, las personas se pierden.
No me había dado cuenta. Ya no estás. Miro al horizonte desde mi ventana. Hay un parque enorme allá a lo lejos, ¿será un buen sitio para correr por la mañana? Quiero ir solo. Quiero oir mi respiración, sentir mis piernas trabajar, olvidarme. Quiero mirarme un día al espejo sabiendo quien es ese tío que me devuelve la mirada. Quiero volver a sentir tus manos, oir tu respiración, oler tu pelo.
Al final, las cosas realmente importantes son las más sencillas.
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