jueves, 30 de octubre de 2014
El dulce nectar del victimismo
Existe algo narcotico en la capacidad para culpar a los demás de nuestros errores. Parece que, como nosotros somos la victima, todo nos está perdonado, todo se nos justifica y estamos más allá de la responsabilidad. El victimismo nos excusa, dandonos via libre para aletargarnos en las colinas de nuestro martirio. ajenos a la realidad. Y cavamos un pozo, cada vez más profundo, en el que enterrarnos para luego poder echarle las culpas a los demás.
Es comodo. Y es malo. Por eso hace falta un periodo de reflexión, hace falta salirse de la espiral viciosa de la irresponsabilidad. Hace falta plantearse alternativas y soluciones, tener sentido del humor, desconfiar de la salida comoda. Hace falta espiritu critico y, sobre todo, hace falta paciencia. Durante días y meses he deshojado la margarita. Que viene el lobo pero al revés. Que viene la felicidad. Podré dejar de sentirme inutil... podré dejar de sentirme anonimo... podré dejar de sentirme torpe... y no. Cuando compañeros míos arrancan y van construyendo sus vidas, yo sigo en el lodo de la autoflagelación, del no reconocimiento, del castigo de mi orgullo.
Hay que acabar con eso. Es muy facil sentir lastima de uno mismo, pero ni somos tan malos como intentan hacernos creer, ni tan buenos que no tengamos fallos. El truco es encontrar ese punto intermedio en el que, sabiendo que no somos perfectos, sabemos que estamos muy cerca de serlo. Así que vamos a levantar la cabeza, mirarnos al espejo y reirnos de nosotros mismos y del mundo. Que total, como decía hoy el jefe, no nos vamos a morir ninguno.
P.D: Va por ti, Leti. Personaje :-P
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