viernes, 27 de marzo de 2015

¿La casa?


Acabo de terminarme "american gods" de Neil Gaiman. Al final del todo, el protagonisma se pregunta si la casa es algo que surge o algo que va construyendose uno poco a poco. No lo sé.
Hoy, en el trabajo, me he sentido especialmente a gusto viendo a mis jefes. En un trabajo como el mío es fundamental que los jefes se lleven bien. Los míos han instalado una cafetera detrás de mi mesa de trabajo. Vienen por parejas, dos que son amigos. Luego viene otro. Y otro. Y cuando te das cuenta están todos allí y no están hablando de trabajo. Las vacaciones empiezan y unos se van y otros se quedan (nosotros nunca cerramos el chiringuito), así que la gente está contenta. Uno de los jefes tiene a su hijo empezando en nuestra empresa y está todo emocionado con volver a verlo, no puede disimularlo. Me pregunto que será eso. Toda tu vida dedicada a algo... y viene tu hijo detrás a seguir. Me resulta inspirador. No sé. Dado la cantidad de horas que pasamos en el trabajo, ¿qué menos que compartir algo? Hoy he recibido un correo de un antiguo compañero que quiere irse a un determinado sitio. Y de repente me he puesto a plantearlo: él, otro amigo, un compañero, otro que viene... y yo dentro de un año y medio podría intentar ir allí. No es algo imposible.
La carrera es algo importante. Promocionar, aprender cosas, llegar a algo. Pero también lo es sentirse a gusto, compartir algo, disfrutar de lo que haces. No sé que quiero, ni sé si la casa es algo que surge o que uno va haciendose poco a poco. Pero sé que me gusta la sensación de estar rodeado de gente a la que aprecio y respeto.

jueves, 26 de marzo de 2015

Sobre puntos de referencia


El martes quedé con una amiga y, como siempre, me perdí. Tengo un talento natural para perderme en Madrid. Si hay dos direcciones, yo siempre cogeré la erronea. ¡ Y eso que voy con google maps ! Pero tengo la costumbre de no establecer puntos de referencia, sino tomar rumbos e ir tomandolos sobre la marcha. Es un defecto culpa de tener mentalidad maritima: en la mar no hay puntos de referencia. Estableces una dirección en función de lo que te diga la brujula o el gps y vas reaccionando sobre la marcha. Pero si hago eso, me pierdo.
El caso es que, como decía antes, me perdí. Al final llegué, porque si algo nos enseña la vida es que quien insiste, acaba llegando. O encuentra algo mejor por el camino. Quedé con mi amiga, fuimos a pasear y estuvimos sentados en Colón, debajo de una bandera inmensa, hablando de todo lo divino y lo humano. Allí caí en un simbolismo que se me venía escapando.
Para mi, mi abuelo era el futuro. Era a lo que yo aspiraba. Medía mis exitos en base a su aprobación y me esforzaba por hacerle sentir orgulloso. Cuando él faltó, quedé huerfano de objetivos, que en cierto sentido cubrió mi hermano.
Para mi, mi hermano era el hogar. Yo me iba a navegar tres meses. Volvía, me daba una ducha, quedaba con amigos, cenaba en casa. Al día siguiente lo veía y en ese momento era cuando realmente había llegado a casa. Mi hermano era la estabilidad y, cuando él desapareció, perdí tanto el objetivo como el hogar. En cierto sentido, la muerte de mi hermano me dejó huerfano.
No había caido en eso, hasta que lo hablé con esta mujer. Muchas veces actuamos a través de catalizadores y llevamos nuestra reflexión en función de lo que podemos interactuar con otras personas. El domingo me sentía inquieto por la falta de objetivos vitales. En cierto sentido soy un nihilista, no creo que haya arco iris al otro lado de la colina, no me mueve la codicia, ni el hambre, ni el deseo: soy un estomago agradecido que tiene la suerte de haber disfruado de lo que quería, mientras estaba ocupado viviendo.
Y sin embargo... la vida no se acaba. Hay que seguir aprendiendo, hay que seguir viajando, hay que seguir conociendo. Ahora hablaba con Radi de vivir, soñar, crear. De sentir cosas y de hacerlas sentir. De disfrutar del arte, de los juegos, de la interacción. Quizás sea el momento de centrar la optica en uno mismo, de trazar las referencias desde y hacia mi. Quizás.

lunes, 23 de marzo de 2015

Quo Vadis, Andalucia ?


Aun tengo solo comentarios de facebook para escribir este artículo, pero me llega. Según parece, Andalucia sigue igual. Definido perfectamente en un titular: "la comunidad con más paro y corrupción de España vota para seguir igual".
Y bueno, uno se pregunta ¿por qué? Algo está pasando. No creo en consparanoias malvadas. Creo en cientos de miles de jovenes fuera que no pueden votar, o cuyos votos si puede que se hayan perdido por el camino. Creo en cientos de miles de estomagos agradecidos, de continuistas, de gente que debe mucho al ayto, a la diputación, a la universidad. Pero así y todo... ¿tanto?
Me sorprende que me moleste, hasta el punto de activar mi conciencia civica entre tanto cinismo. Porque no hablo de una cuestión meramente política, sino de una cuestión de paradigma cultural. ¿Tan bien estamos? ¿Así queremos seguir? Mi familia vive en Cádiz. Mi madre tiene una pensión, mi hermana está en el paro, mi cuñado lleva un quiosco. Ninguno de ellos ha votado para que siga igual la cosa, aunque no sé que porcentaje de la sociedad representan ellos. El Doc Juan, en su facebook, quería que los votantes del PSOE le dieran una explicación. Inquietud que yo comparto. ¿Otros cuatro años igual? ¿Por qué?

I wanna know what love is...


A veces, me gustaría saber amar. El titulo viene de esa canción que le cantabamos siempre a la niña que no habla cuando contaba alguna pastelada. Nosotros eramos tíos cinicos, de vuelta de todo, y eso del chico que la lleva en brazos... entre los colegas de Madrid son más de cantar la de "El Guardaespaldas", pero Luis y yo somos heavys con pintas y nos van las moñadas con melena y sin Kevin Costner, gracías. Iiiihhh... Kevin cotner !
Volviendo al tema, llevo unas semanas entre algodones. Tengo cariño, tengo amigos, tengo risas. Me siento genial. A veces, tengo deseo. Observo una determinada curva, una determinada forma y siento hambre. Pero no soy tan idiota como para confundir eso con amor. Es solo una faceta del mismo, sin hambre no hay amor, pero tampoco la hay sin musica, sin colores, sin risas, sin planes. No creo en las relaciones ni en las emociones que surgen "espontaneamente", creo en la evolución sosegada, en las horas que se convierten en días que se convierten en semanas, en que el roce hace el cariño.
A veces, me siento como un personaje de "El Mago de Oz". Quizás soy el hombre de hojalata (aunque a veces parezco el espantapajaros, sobre todo cuando se me olvida cortarme el pelo y la barba). Mantengo conversaciones, tonteo, me rio. Me acerco y me retiro. Pero en mi interior, no hay nada que reaccione. Ahora que no tengo una presión que me deprima, que puedo ser yo, lo miro con una ceja arqueada y el monoculo puesto. Veo el amor al otro lado de la ventana en Javi y Marta, como antes lo vi en Vicen y Carol o en otras parejas y me pregunto... ¿por qué a mi no? Hice los movimientos, bailé la musica.. pero no llegó a entrar en mi. Y tic tac, the clock is tickling, y sé que no siempre voy a ser joven, divertido, más o menos bien parecido y la presión se acumula. Veo la evolución, entiendo que todo tiene un porqué y aprendo a disfrutar más de los medios que del fin en si mismo. El amor como un camino. Y vuelvo a preguntarme, ¿por qué a mi no?
Pero bueno. Right here, right now. Como escribí antes, si algo aprendí de Jose es a vivir el ahora, a no frustrarme con lo que no tengo ni puedo tener, a ser curioso y reirme. Así que vamos a seguir así. Esta ciudad pesa mucho... pero incluso esta ciudad pasa. Y este fin de semana me he reido, he hecho el tonto, he abrazado y me han abrazado, con palabras y gestos. Deja de temer la noche, pequeño hobbit barbudo, y sonriele al sol. Ya habrá tiempo para añorar.

Sobre medios y fines


La semana pasada, el jueves, fue el día del padre. San José. No le quise dar importancia ninguna. Mi madre escribió algo lindisimo en facebook sobre el tema. Mi hermana también. Les animé a seguir haciendolo, mientras pintaba muñequitos y me preparaba para el viaje a Pereña. Este finde estaba allí sentado y hablaban sobre niños, un tema recurrente cuando está Rebeca en la mesa. Le preguntaron a Marta sobre niños de hospital y me tuve que acordar de Jose, cuando dijo aquello de "ellos juegan en otra liga, es una vida tan distinta de la habitual que no puede ser medida."
Me mataban los cumpleaños de Jose. Recuerdo que era el unico momento del año en que me volvía consciente de su minusvalia. Con Jose, yo aprendí a no medir el tiempo. El pasado se difuminaba y, si ayer estuve enfadado, hoy ya no tenía tiempo para guardar rencor. El futuro tampoco importaba. Why can't you leave me tomorrow instead? como decía la canción. Solo era el aquí y el ahora. Y en ese concreto espacio tiempo, viviendo como un perro sin mirar a los lados, era feliz. Sacrificaba cosas pero, ¿qué más daba? Toda decisión conlleva renunciar a otras y yo recibía más amor del que daba. Pero el día de su cumpleaños ardia de rabia contra el mundo, por no poder hacerle una fiesta, invitar a sus amigos... yo nunca he sido de fiestas de cumpleaños. Para mi. Pero este fin de semana tuvimos una y me encantó, como me encantó aquel San Valentín que celebré con Karen. Lo importante de una fiesta es las sensaciones, las risas, el cariño. El compartir tiempo y esfuerzos, alrededor de una mesa, sobre un sofá.
Es un problema muy común entre nosotros, jovenes criados sin hambre, la idea de que el hedonismo es un fin en si mismo. Que el unico sentido de la vida es la obtención del placer, olvidando que el placer es un medio para un fin. Por eso consideramos que una festividad tiene que tener alcohol, drogas, sexo, formas de alejarnos de la monotonia y del mundo, de salir de nosotros mismos. La celebración termina convirtiendose en excusa para desfasar, para romper. Cuando romper, desfasar, solo es una via de escape para un entorno que nos frustra, para una infelicidad que nos mutila, para una serie de ansias insatisfechas.
Que absurdo. Si algo aprendí con Jose, es que el aquí y el ahora son lo fundamental, que el "vive el momento" latino no significa "empachate con la cosecha y muerete de hambre mañana", sino saborea lo que tienes, concentra tus sentidos en el aquí y ahora. Sonrie y disfruta de la vida, porque hoy estás caliente, tienes un techo y gente con la que compartirlo, pero puede que mañana no sea así. Y si mañana sigue siendo así, sonrie y da gracias.
A veces, se nos olvida la importancia de las cosas.

domingo, 15 de marzo de 2015

Día de expectativas


Sucede que me canso de ser... hombre. Ayer fue un gran día. Ha sido una semana durilla. Odio depender de la gente, porque estoy acostumbrado a todo lo contrario, a que la gente dependa de mi. Entonces cuando me veo en situación de pedir lo paso bastante mal. Y, dado como suelo estar de tiempo y margen de maniobra, valoro enormemente cada minuto que alguien puede darme.
Así pues, este fin de semana quiero darle las gracias enormemente a Marta, la novia de Javi, que ha hecho todo lo que ha podido para que yo tenga el armario que quiera. Incluso aunque todos sus instintos de persona con buen gusto le dijeran "¡ noooo! ¡ ese noooo !".
La vida se mueve de forma extraña. En Ferrol tenía clavada la espinita de no tener pareja. En Madrid, el otro día me di cuenta de que en seis meses, no he hablado con ninguna chica que no sea compañera de trabajo o novia de algun amigo, exceptuando las clases de ruso. Y no me importa. Estoy bien así. Cada vez tengo menos expectativas ni deseo cosas que no puedo tener. Por eso vivo feliz y, poco a poco, van saliendo cositas bien, aunque a veces sea a trompicones.
Ayer, a la una de la mañana cuando me acosté, miré el movil. Tenía un mensaje de Carol, poniendome vestido de limpio porque el día de su cumpleaños no había estado en skype, ni le había mandado sms ni nada. Me jodió bastante. ¿Tu sabes algo de mi y de como estoy? ¿Eres consciente de que no me acuerdo del cumpleaños ni de mi madre? Literal. A la pobre mujer la felicité porque mi hermana me lo recordó, que ya sabe de sobra como soy.
Eso por la linea uno. Por la linea dos, me encuentro a Alisa en el movil y le comento. Esta en un hotel esperando al novio. Son cosas que pasan. Esa cadena de eventos... no sé. Este fin de semana empezó conmigo consolando a lady Gato sobre su relación de pareja y va hilvanando historia de pareja con historia de pareja. Tengo muñequitos que pintar, una compra que hacer y ando planteandome si ir a ver al Estudiantes o no, que cuando me planteo algo así suele terminar en "vamos". Me da algo de coraje porque tengo el salón manga por hombro, pero el lunes me traerán el armario, el miercoles me traerán el colchón y, poco a poco, mi cuarto empieza a ser habitable y a prepararse para que yo viva aquí.
¿A qué viene todo esto? A que, si cada vez tengo menos colegas fuera y cada vez le doy menos importancia a las historias de la gente, cada vez recibo menos atención y afecto de fuera. Y no me importa. Este es un año de cerrar puertas, hasta quedarme con las cuatro o cinco que realmente valen la pena. Curiosamente, ayer me encontré en un centro comercial a un amigo del instituto de Vigo, Javi, que siempre ha sido mejor amigo de lo que yo me he merecido. Le he tomado el telefono y el fin de que viene espero llamarle, aunque nos vayamos a Salamanca. Estefi, Octavio... tengo casi más colegas en Madrid que en Cádiz. Y supongo que eso es lo adecuado, en lugar de añorar la distancia o generar expectativas que no se pueden satisfacer. 

jueves, 12 de marzo de 2015

Día de la mujer trabajadora


Hace unos días tuve un debate de sofá con mi compañero de piso. Hablabamos sobre el día de la mujer. "¿Por qué un día de la mujer? ¿Cuando es el día del hombre?" preguntaba mi compañero. Asomandome a facebook el otro día, me encontré con que el día se llama "día de la mujer trabajadora" y conmemora el segundo peor accidente industrial de la historia de EEUU (siempre es allí), tras el cual los sindicatos femeninos se movilizaron a muerte y consiguieron muchas mejoras. Algo parecido al accidente aquel sucedió hace un par de años en Bangladesh, pero parece que el ser humano aún no es global y la estupidez se repite cada cierto tiempo.
El caso es que, de un tiempo a esta parte, le han quitado el apellido al día de la mujer trabajadora en los medios de comunicación. Ahora leo que, según wikipedia, en el 75 se proclamó el día como de derechos de las mujeres (que, cosa curiosa, llegó casi cincuenta años tarde con respecto a la unión sovietica), haciendo el apellido algo artificial.
Pero no es nada artificial. Yo he crecido escuchando hablar del día de la mujer trabajadora y, para mi, es algo a celebrar. En sociedades que desde la Edad de Piedra consideran que el puesto de la mujer es en casa cuidando de los niños, el hecho de que haya mujeres que se rebelen contra ese estereotipo y decidan ser adultos independientes y emancipados es algo a celebrar. No es el día de la mujer, pues el genero es algo derivado del sexo y del rol de la sociedad, es el día de esas mujeres que decidieron. Así, sin complemento directo. Que tomaron una senda que sería difícil, que les daría problemas, pero que les permitiría ser libres. Y de toda esa lucha por la libertad.
Vivimos en una epoca en la que no se cree en nada. En la que todos somos cinicos, venimos de vuelta de todo y nos burlamos de cualquiera que muestre algo de compromiso, aunque admiramos y alentamos a los trabajadores sociales, a los misioneros, a los que intentan hacer del mundo un lugar mejor. Vivimos en un mundo muy hipocrita y muy idiota, donde todos somos depredadores por miedo a que nos depreden. Y dentro de esa carcel que nos construimos día a día, teniendo miedo del desconocido, escondiendo la sonrisa, justificando todo dentro de los codigos de lo aceptable (solo puedes ser feliz por el dinero, por el sexo, por las drogas, por el fútbol. Por la victoria y el exito), hay que celebrar que aun existen causas en las que creer. Que en otra epoca existieron movimientos que arrastraron a millones de personas, no solo porque estaban hartas, sino porque querían un cambio y sabían que cambio querían y como conseguirlo. Porque estaban dispuesta a hacerlo, aunque luego se pasaran. Y porque, en nuestro interior, sabemos que hay cosas que son buenas y que merece la pena seguir peleando por ellas.

Sobre liderazgo


Ayer escuché algo que me gustó mucho. Un colega mío, en una situación personal bastante jodida, fue a hablar con su Gran Jefe Indio para explicarle las circunstancias y lo que quería pedir, de acuerdo a la legislación vigente. Tras meses peleando, el Gran Jefe Indio por lo visto le escuchó, le planteó soluciones, le dio facilidades y le echó una mano. Le pregunté a mi colega que tal era y, tras contarme algunos datos biograficos sobre el individuo, me dijo la siguiente frase:
- A ese tío no puedo fallarle.
Y me quedo con esa frase. En casi todos los trabajos el factor personal es fundamental. Uno no rinde igual cuando no se siente respaldado, cuando no siente respeto, cuando le cuesta encontrarle sentido a su trabajo. Cuando hace falta algo más que obediencia ciega, sino que hace falta creatividad, inspiración y, sobre todo, voluntad, no basta con el liderazgo formal, también hace falta el informal. Y ahí es donde entro a valorar ese aspecto que mi colega valoró en su GJI.

También ayer hablé con una colega sobre el desafio que supone el entorno de mi trabajo, un entorno en el que existe una constante lucha por la jerarquia y todo se mide en terminos relativos. ¿Quién es el que más sabe de esto? ¿Es un tío serio? ¿Se puede hablar con él? Existen tantos aspectos a juzgar, que a su vez deben ser decididos en el instante, que este trabajo implica una tensión constante para estar a la altura de los estandares que nosotros mismos nos marcamos. Este último aspecto es importante, porque entra en juego también esa frase que dijera mi amigo. Si creamos un clima de respeto, de superación, todos vamos a dar mal. Porque un grupo es tan bueno como el más malo de sus miembros, y a nadie le gusta ser la oveja negra. Es cierto que hay gente que se deja de ir, que "siente menos los colores"... pero a esa gente se la puede motivar facilmente. Lo importante es tener la voluntad de hacer un trabajo y hacerlo bien. A partir de ahí, las cosas van saliendo. Como mi colega me recordó ayer, alegrandome un poco el día.

lunes, 2 de marzo de 2015

A glass of wine


Me ha dado por recordar canciones de borrachos irlandesas (hay un montón y todas suenan maravillosamente bien). No sé porqué. Este iba a ser un artículo dedicado al grupo y a la fiesta del sabado. A la inauguración de mi piso compartido con Marc en Madrid y, sobre todo, a la familia de amigos que hay montada aquí. Una familia muy Cyanide and  Happyness. Donde llega Lolo y, lo primero que dice es "uy, al salir del curro me encontré un carnet, pero no puede ser tuyo Guille; es de moto". Donde el humor sangrante y las puñaladas gratuitas son la constante, pero siempre con cariño. No sé. Se siente uno muy bien rodeado de esa gente. Ayer fui a ver al Estu perder y, a la vuelta, recogí a Marc y nos vinimos para casa. Me fui a correr y luego cenamos un kebab. Son cosas que parecen una tonteria, pero no lo son. Son la diferencia entre sobrevivir y vivir. Tener gente con la que compartir lo bueno y lo malo, historias para reirte, proyectos (Javi planteó venirnos en Semana Santa a Cádiz), echarse el cable cuando la cosa va apurada. Dicen que los amigos son la familia que uno elige y, hablando de ello el sabado con Estefi, que se pasó por la fiesta, me di cuenta. Y bueno, hay que dar gracias por lo bueno y no lamentar demasiado lo malo. Este fin de semana hay mucho que agradecer.