domingo, 15 de marzo de 2015

Día de expectativas


Sucede que me canso de ser... hombre. Ayer fue un gran día. Ha sido una semana durilla. Odio depender de la gente, porque estoy acostumbrado a todo lo contrario, a que la gente dependa de mi. Entonces cuando me veo en situación de pedir lo paso bastante mal. Y, dado como suelo estar de tiempo y margen de maniobra, valoro enormemente cada minuto que alguien puede darme.
Así pues, este fin de semana quiero darle las gracias enormemente a Marta, la novia de Javi, que ha hecho todo lo que ha podido para que yo tenga el armario que quiera. Incluso aunque todos sus instintos de persona con buen gusto le dijeran "¡ noooo! ¡ ese noooo !".
La vida se mueve de forma extraña. En Ferrol tenía clavada la espinita de no tener pareja. En Madrid, el otro día me di cuenta de que en seis meses, no he hablado con ninguna chica que no sea compañera de trabajo o novia de algun amigo, exceptuando las clases de ruso. Y no me importa. Estoy bien así. Cada vez tengo menos expectativas ni deseo cosas que no puedo tener. Por eso vivo feliz y, poco a poco, van saliendo cositas bien, aunque a veces sea a trompicones.
Ayer, a la una de la mañana cuando me acosté, miré el movil. Tenía un mensaje de Carol, poniendome vestido de limpio porque el día de su cumpleaños no había estado en skype, ni le había mandado sms ni nada. Me jodió bastante. ¿Tu sabes algo de mi y de como estoy? ¿Eres consciente de que no me acuerdo del cumpleaños ni de mi madre? Literal. A la pobre mujer la felicité porque mi hermana me lo recordó, que ya sabe de sobra como soy.
Eso por la linea uno. Por la linea dos, me encuentro a Alisa en el movil y le comento. Esta en un hotel esperando al novio. Son cosas que pasan. Esa cadena de eventos... no sé. Este fin de semana empezó conmigo consolando a lady Gato sobre su relación de pareja y va hilvanando historia de pareja con historia de pareja. Tengo muñequitos que pintar, una compra que hacer y ando planteandome si ir a ver al Estudiantes o no, que cuando me planteo algo así suele terminar en "vamos". Me da algo de coraje porque tengo el salón manga por hombro, pero el lunes me traerán el armario, el miercoles me traerán el colchón y, poco a poco, mi cuarto empieza a ser habitable y a prepararse para que yo viva aquí.
¿A qué viene todo esto? A que, si cada vez tengo menos colegas fuera y cada vez le doy menos importancia a las historias de la gente, cada vez recibo menos atención y afecto de fuera. Y no me importa. Este es un año de cerrar puertas, hasta quedarme con las cuatro o cinco que realmente valen la pena. Curiosamente, ayer me encontré en un centro comercial a un amigo del instituto de Vigo, Javi, que siempre ha sido mejor amigo de lo que yo me he merecido. Le he tomado el telefono y el fin de que viene espero llamarle, aunque nos vayamos a Salamanca. Estefi, Octavio... tengo casi más colegas en Madrid que en Cádiz. Y supongo que eso es lo adecuado, en lugar de añorar la distancia o generar expectativas que no se pueden satisfacer. 

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