jueves, 12 de marzo de 2015

Día de la mujer trabajadora


Hace unos días tuve un debate de sofá con mi compañero de piso. Hablabamos sobre el día de la mujer. "¿Por qué un día de la mujer? ¿Cuando es el día del hombre?" preguntaba mi compañero. Asomandome a facebook el otro día, me encontré con que el día se llama "día de la mujer trabajadora" y conmemora el segundo peor accidente industrial de la historia de EEUU (siempre es allí), tras el cual los sindicatos femeninos se movilizaron a muerte y consiguieron muchas mejoras. Algo parecido al accidente aquel sucedió hace un par de años en Bangladesh, pero parece que el ser humano aún no es global y la estupidez se repite cada cierto tiempo.
El caso es que, de un tiempo a esta parte, le han quitado el apellido al día de la mujer trabajadora en los medios de comunicación. Ahora leo que, según wikipedia, en el 75 se proclamó el día como de derechos de las mujeres (que, cosa curiosa, llegó casi cincuenta años tarde con respecto a la unión sovietica), haciendo el apellido algo artificial.
Pero no es nada artificial. Yo he crecido escuchando hablar del día de la mujer trabajadora y, para mi, es algo a celebrar. En sociedades que desde la Edad de Piedra consideran que el puesto de la mujer es en casa cuidando de los niños, el hecho de que haya mujeres que se rebelen contra ese estereotipo y decidan ser adultos independientes y emancipados es algo a celebrar. No es el día de la mujer, pues el genero es algo derivado del sexo y del rol de la sociedad, es el día de esas mujeres que decidieron. Así, sin complemento directo. Que tomaron una senda que sería difícil, que les daría problemas, pero que les permitiría ser libres. Y de toda esa lucha por la libertad.
Vivimos en una epoca en la que no se cree en nada. En la que todos somos cinicos, venimos de vuelta de todo y nos burlamos de cualquiera que muestre algo de compromiso, aunque admiramos y alentamos a los trabajadores sociales, a los misioneros, a los que intentan hacer del mundo un lugar mejor. Vivimos en un mundo muy hipocrita y muy idiota, donde todos somos depredadores por miedo a que nos depreden. Y dentro de esa carcel que nos construimos día a día, teniendo miedo del desconocido, escondiendo la sonrisa, justificando todo dentro de los codigos de lo aceptable (solo puedes ser feliz por el dinero, por el sexo, por las drogas, por el fútbol. Por la victoria y el exito), hay que celebrar que aun existen causas en las que creer. Que en otra epoca existieron movimientos que arrastraron a millones de personas, no solo porque estaban hartas, sino porque querían un cambio y sabían que cambio querían y como conseguirlo. Porque estaban dispuesta a hacerlo, aunque luego se pasaran. Y porque, en nuestro interior, sabemos que hay cosas que son buenas y que merece la pena seguir peleando por ellas.

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