jueves, 26 de marzo de 2015

Sobre puntos de referencia


El martes quedé con una amiga y, como siempre, me perdí. Tengo un talento natural para perderme en Madrid. Si hay dos direcciones, yo siempre cogeré la erronea. ¡ Y eso que voy con google maps ! Pero tengo la costumbre de no establecer puntos de referencia, sino tomar rumbos e ir tomandolos sobre la marcha. Es un defecto culpa de tener mentalidad maritima: en la mar no hay puntos de referencia. Estableces una dirección en función de lo que te diga la brujula o el gps y vas reaccionando sobre la marcha. Pero si hago eso, me pierdo.
El caso es que, como decía antes, me perdí. Al final llegué, porque si algo nos enseña la vida es que quien insiste, acaba llegando. O encuentra algo mejor por el camino. Quedé con mi amiga, fuimos a pasear y estuvimos sentados en Colón, debajo de una bandera inmensa, hablando de todo lo divino y lo humano. Allí caí en un simbolismo que se me venía escapando.
Para mi, mi abuelo era el futuro. Era a lo que yo aspiraba. Medía mis exitos en base a su aprobación y me esforzaba por hacerle sentir orgulloso. Cuando él faltó, quedé huerfano de objetivos, que en cierto sentido cubrió mi hermano.
Para mi, mi hermano era el hogar. Yo me iba a navegar tres meses. Volvía, me daba una ducha, quedaba con amigos, cenaba en casa. Al día siguiente lo veía y en ese momento era cuando realmente había llegado a casa. Mi hermano era la estabilidad y, cuando él desapareció, perdí tanto el objetivo como el hogar. En cierto sentido, la muerte de mi hermano me dejó huerfano.
No había caido en eso, hasta que lo hablé con esta mujer. Muchas veces actuamos a través de catalizadores y llevamos nuestra reflexión en función de lo que podemos interactuar con otras personas. El domingo me sentía inquieto por la falta de objetivos vitales. En cierto sentido soy un nihilista, no creo que haya arco iris al otro lado de la colina, no me mueve la codicia, ni el hambre, ni el deseo: soy un estomago agradecido que tiene la suerte de haber disfruado de lo que quería, mientras estaba ocupado viviendo.
Y sin embargo... la vida no se acaba. Hay que seguir aprendiendo, hay que seguir viajando, hay que seguir conociendo. Ahora hablaba con Radi de vivir, soñar, crear. De sentir cosas y de hacerlas sentir. De disfrutar del arte, de los juegos, de la interacción. Quizás sea el momento de centrar la optica en uno mismo, de trazar las referencias desde y hacia mi. Quizás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario