sábado, 17 de diciembre de 2016
"El piropo callejero es una amenaza"
He leido esto y me ha dejado pensando. A veces, no sé si es que me hago viejo (y por tanto carca, reaccionario y facha), o que hemos perdido el norte. Quiero decir... ¿en serio?
El argumento del artículo cuyo sentido he resumido en el título es el siguiente: conocedor de que el píropo no va a ser respondido con una conquista, el píropo consiste en una forma de humillación, un señalar con el dedo sabedor de que la victima del mismo no puede responder. Si bien es un argumento válido (en pocas ocasiones el píropo resulta agradable para la persona que lo escucha, y es muy difícil hallar una respuesta socialmente aceptable. Mi hermana tiene cierto arte en esto), me parece una dramatización excesiva. Sin emplear argumentos falsarios del tipo "si fuera al revés", en lo que no deja de ser una treta dialectica, reconozco que, en su tremendo machismo cavernicola, la mayoría de los piropos que he visto -e incluso alguna vez proferido-, no ocultan más que una forma de salutación y admiración. Es un reconocimiento a la belleza y no pretenden ser humillantes. El que la intención del emisor difiera tan brutalmente del mensaje percibido por el receptor es uno de los motivos de mi actual omisión de los mismos, si bien mantengo que dos posiciones tan enfrentadas deben tener un punto intermedio. Un píropo no es "una violación verbal", pero tampoco es "un homenaje a la belleza".
Quizás deberiamos dejar de vernos todos el ombligo e intentar comunicarnos más, de forma que no ofendamos, ni nos pasemos la vida buscando motivos para ofendernos.
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