domingo, 4 de diciembre de 2016

Tradiciones que no nos sirven


Decía una canción de Soziedad Alkoholica que "las tradiciones que no nos sirven se deben cambiar". Esto, viniendo de un vasco, no es poquita cosa.
Pensaba en eso el viernes, cuando me encontré en una situación peculiar. Por circunstancias que no vienen al caso estaba en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense (creo). Un sitio curioso, donde regalan "Publico", ese periodico sin ninguna tendencia ideologica clara (esto es ironía). El caso es que intenté ir al baño y, he aquí mi sorpresa, las señales de la entrada habían sido tachadas. Donde suele encontrarse bien a un muñecote con falda, bien un muñecote con pantalones, había sido colocado un logo de multisexualización, identico en ambos baños, que imagino tendrá un contenido ideologico de narices pero me hizo asomar la cabeza, buscar un urinario de pie y así saber donde hacía donde dirigirme, antes de que alguien me pegue un grito y me busque una ruina.
Realmente no hice eso. Me quedé en la puerta y esperé a ver salir alguien con barba. Ante la duda, emboscate.
Pero la reflexión que contiene este artículo es la siguiente. En un país tan poco dado a debatir, a plantear argumentos racionales y a escuchar al otro como este, se deciden crear tradiciones nuevas... por favor señores, seamos practicos. Si desean imponer los baños mixtos, avisen. Que yo no tengo problema (más con el recorrido que tengo), pero es bastante probable que alguna de esas muchachas super modernas y liberadas, que en su mayor parte están dispuestas a ahorcar a cualquiera que les discuta su capacidad para desarrollar el trabajo que quieran, pero exigen marcas más asequibles en pruebas físicas (sin que ello les suponga ninguna contradicción), no se tomen demasiado bien tenerme allí ejercitando una función fisiologica.
A propósito de lo cual, mientras orinaba me encontré una pintada que decía "todos los hombres son represores". En el baño masculino. De lo que deduzco que, o alguien se confundió (normal teniendo en cuenta las señales), o el complejo de culpa generado por el cristianismo se está pasando de rosca. Quiero decir, sindrome de Estocolmo aparte, no me imagino a ningún colectivo aceptando (y celebrando) su propia estigmatización. Por no hablar de, llamenme antiguo, mi nostalgia del concepto de clase. Porque este conflicto sexual, al fin y al cabo, lo que esconde es lo que ocultan todos los conflictos humanos. Economía. Y, salvo que la biologia cruce fronteras que aún no conozco, para la reproducción del ser humano hacen falta ambos sexos. De forma que confrontarlos, ¿a quién beneficia?
Pensaba hablar de ser practicos y tradiciones y al final me he despeñado por un tema que no venía al caso. Voy a dormir. Me irá mejor. Portense mal

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