miércoles, 28 de diciembre de 2016
Ha sido demasiado
Como siempre, he pasado de cero a cien en cero coma. Y cuando me he querido dar cuenta, no he sabido gestionarlo. Es lo que pasa con el hambre y la soledad. Que cuando uno sale del desierto, lo primero que hace es comer todo. Indigestarse. Vomitar. Ha habido amigos. Y amigas. Nombres. Abrazos. Besos. Cuando todo acabó, aún tambaleandome, me arrastré para esconderme detrás de una pila de trabajo. El uniforme. El uniforme me salvará.
Pero el uniforme me ha dado una tregua. No era el momento. Y en ese tropezón, ese paso más largo de lo que debería, me encuentro desorientado. Quien soy. De donde vengo. A donde voy. Y sobre todo... ¿qué quiero?
Estoy magullado, cansado, confuso. Estoy agotado de desafiarme, en lo profesional y en lo personal. De repente, me he visto sin saber que hacer en fin de año. Sin saber que quiero hacer. Sin saber con quién puedo contar. Sin saber donde quiero estar. Sin saber nada. Solo que tengo que hacer algo, lo que sea. No puedo parar. No puedo parar mientras tenga fuerza, mientras tenga posibilidades. Luego podré lamentarlo.
Hay que vivir ahora. Pero no hay que tener miedo a parar. No hay que obligarse a vivir el momento, a llenar cada hora de minutos. No pasa nada. Dejate llevar. En serio. Relajate.
Olena. Asya. Ira. Radi. Coline. Demasiados nombres. Demasiadas emociones, demasiado... demasiado. No soy tan especial. De verdad que no. Solo lo hago lo mejor que puedo. Y cuando choca con la realidad, se apagan las luces.
Como cantaba Marea "solo quiero que me quieran. Como tu como to el mundo".
Pero no hay que pedir. Simplemente... dejad que el tiempo pase y coloque todo en su lugar. Dejadme que me disperse en la noche. Dejadme dormir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario