viernes, 26 de mayo de 2017

Lealtad


Recuerdo que, hace bastantes años, leyendo un libro de historia y con diversas curiosidades me encontré con el juramento de las S.S. "Wenn alle untreue werden, so bleiben wir uns treu". Me llamó mucho la atención -mis conocimientos de alemán me dan para entender un poco de qué va-, tanto por lo simple, casi obvio, como por la extraña gramatica del texto. La traducción literal sería "Cuando todos se vuelvan infieles, nosotros permaneceremos fieles". Lo que se me hacía extraño es que, por un lado, es un condicional y no. Como si diera por hecho que, tarde o temprano, todo el mundo falla. Por otro lado el "so", tan enfatico, tan "así que", como si la cuestión fuera obvia y no mereciera la pena ni plantearsela.
La lealtad surge de la fé. La lealtad consiste en mantenerte fiel a aquello que crees es correcto, bueno, justo. Incluso cuando a tu alrededor todo el mundo reme en sentido contrario. Realmente, el dichoso juramento de las S.S., en su sencillez, da con la clave. El motivo principal de la lealtad es dar confianza a aquellos que están a tu alrededor, a aquellos que te conocen, en que mientras ellos sigan el camino que tienen contigo, tu seguirás el mismo.
Ayer me pasó una cosa curiosa. Me dejó un poco en fuera de juego, pero a medida que construyes un dialogo, una comunicación, las reglas y el lenguaje va tomando forma sobre la marcha. Algunas cosas que con una gente son naturales con otra no. Pero, si esa persona es importante para ti, sabrás hacerselo llegar. Se lo demostrarás. Está en ti y puedes hacerlo.
Muchas veces he sido tachado de "poco fiable". Lo cual me resulta muy curioso, porque me considero -y mis amigos lo hacen-, bastante leal. Sobre todo porque uno no puede exigir aquello que no da, y en un entorno como el mío la unica seguridad que puedes tener es aquella que te ganas. La gente de verdad, hombres y mujeres que valen, que te miran a los ojos y te dicen "puedes contar conmigo". Y ya está. No hace falta nada más. Ni juramentos ni promesas ni formas ni historias. No creo que eso sea necesario. Presumo de conocer a gente que realmente merece la pena, gente que en un momento dado estará contigo aunque no sea lo adecuado, aunque todo el mundo piense que estás equivocado o - y esto es importante -, ni siquiera entiendan muy bien de que va la historia. Pero lo harán porque saben que tu eres alguien integro, leal, honesto. Alguien que les va a devolver lo que dan y que les va a tratar con respeto, con orgullo. Es fundamental poder mirar a la cara a la gente y devolverte lo que te da. Y en eso consiste la lealtad. En la reciprocidad, pero también en mucho más.

Me voy al trabajo. Buen dia gente. A por ello.

lunes, 22 de mayo de 2017

Un mundo de tribus



Ayer estaba asomado leyendo contenidos random en diagonal cuando me sorprendió un comentario sobre racismo. "No trates a alguien que vive a ocho mil kilómetros como no tratarías a alguien que vive en un determinado barrio de tu ciudad, y tiene la piel del mismo color". En automático me acordé de mi paseo por la Universidad de Sao Paulo con Bruno y su comentario "Si ves a un negro aquí, es más probable que sea de Angola que de Brasil", pero también me acordé de esas películas americanas donde no se puede entrar en determinados barrios. Pensé que yo había vivido eso precisamente en Sao Paulo, atravesar zonas de la ciudad donde solo está "permitido" pasar en autobús o coche, pero nunca pararte. Son zonas que pertenecen a los habitantes del barrio y a la policía, donde alguien ajeno a la comunidad enseguida se ve comprometido.
Eso sucede en casi todo el mundo. Los que tenemos la suerte de vivir en un occidente comprometido con la seguridad, sometido al imperio de la ley y al monopolio de la violencia por el Estado, pocas veces pensamos en eso. Es como aquella cita que escuché "Occidente dominó el mundo por su mayor capacidad para ejercer violencia sistemática. A veces, pretenden olvidarlo. El resto del mundo no podemos hacerlo".
Bueno. Occidente ejerció la capacidad de la violencia sistemática exportando violencia. Así de fácil. Para aquellos de gatillo fácil, para hooligans y psicópatas, occidente siempre tuvo una salida. Las colonias. El imperio. Ahora existen grupos terroristas multinacionales y multiculturales y como los quieras llamar, pero es un poco el mismo fenómeno. Allá donde el Estado no domina, el individuo con el machete o el fúsil hace la ley.
Y bueno. No es ni bueno ni malo. Simplemente es un hecho, pero el otro día pensaba en eso y en la cita aquella sobre aquel kurdo que decía "¡yo tengo amigos de otras tribus!" y eso, en un entorno como el de Oriente Próximo, era en si mismo heroico. Y lo es. No me imagino como debe ser una cultura en la que, ya desde pequeño, te enseñan a odiar y temer a tus vecinos. Pero eso sucede en casi todo el mundo. En la India entre hindúes, sijs y musulmanes a nivel general, y entre diferentes tribus a nivel más particular. En oriente próximo entre el crisol de etnias y tribus. En extremo oriente. En África. Lugares donde una forma de vestir, un idioma, una religión, hacen que tu barrio sea tu mundo y que no puedas entrar en determinadas zonas.
Ayer leí que Rusia está habitada por 160 etnias, aunque el ochenta por ciento de la población es rusa. No sé cuantos viven en Europa, pero quizás estamos en ese nivel. En un mundo tan propenso al odio y a la violencia, creo que uno de los motivos por los que podemos estar agradecidos es vivir en una isla de "paz". Recuerdo ese capitulo de "Voces de Chernobyl", donde una fugitiva de una ex-republica soviética que trabajaba en una maternidad contaba como unos hombres armados entraron, borrachos, y preguntaron que de qué tribu eran los niños. La mujer decía que ese fue el día que decidió largarse.
A veces, el ser humano es repugnante hasta más allá de las palabras. Y sin embargo... y sin embargo, acabamos volviendo a sonreír.

domingo, 21 de mayo de 2017

Preguntando porqué


Llevo un fin de semana encerrado en casa. Inquietante. Hacía muchisimo que no me pasaba esto y no ha sido planeado, aunque me venía bien. Unos días de videojuegos, leer, pintar minis, escuchar musica, estudiar. Sin prisa. Nada de "tengo media hora y debería estar durmiendo pero me hace falta estudiar!" o cosas así. No no. Mucho más relajado.
Y la verdad, está bien. Me ha venido bien para darme cuenta de algo que ya me imaginaba.
Vamos demasiado rápido. No nos paramos a escuchar la musica, entender la letra, saborear el momento. No nos fijamos en las personas que tenemos alrededor. El otro día mi tía Veva puso en FB "¿Sabes esas veces que estás buscando las llaves y las tienes en la mano? Algo así pasa con la felicidad".
Yo estoy feliz. Y entre otras cosas, por los amigos y la gente con la que me relaciono. Con gente con la que me paso música, peliculas, libro. Gente que pregunta "¿por qué?" y comparte historias. Y pensando en eso, me he dado cuenta de que me siento irremediablemente atraido por la gente curiosa. La gente que quiere saber más, que le hablas de algo y por su cuenta investiga.  Me intriga esa gente. Me encantan los desafíos. Y estoy contento de poder aprender un nuevo idioma, mezclando palabras y sonidos y hacerlo, entre otras cosas, con gente que se hace preguntas.
Así que todo guay. Escribo poco ultimamente, pero en general me siento bien. Todo en orden.

domingo, 14 de mayo de 2017

Una generación sin esperanza


El otro día estuve cenando con unos colegas y salió el tema (feliz día de la enfermería), de las vacunas. Y una amiga comentaba que, las generaciones anteriores a las nuestras, ponían más vacunas. Se amplió un poco el zoom de la imagen y, aunque no surgió directamente, se planteo el tema de las oportunidades laborales, la creación de familias, las expectativas vitales. La sensación es de fin de Imperio, de que cualquier tiempo pasado fue mejor, de que avanzamos hacía un mundo más frío, más duro, más solitario, más triste. Hablamos sobre viajes (aprovechando mi reciente retorno) y volvió la sensación. Una vez sales de "Occidente", el resto del mundo es salvaje y despiadado. Vivimos en una isla de confort irreal, que no sabemos cuanto durará a medida que se erosiona. La impresión fue de asedio y hastío.
Y en cambio, somos la generación del Ipad, de los viajes low-cost, de los idiomas, de la globalización. Tenemos oportunidades con los que nuestros padres no soñaban, pero la sensación sigue siendo de precariedad, de miedo. La impresión sobre todo es de que no avanzamos hacia algo mejor, de que el futuro solo irá empeorando.
Es una tragedia. Y ayer hablabamos del ciclo "tiempos buenos crean hombres debiles - hombres debiles crean tiempos malos - tiempos malos crean hombres fuertes - hombres fuertes crean buenos tiempos ". En cierto sentido nos encontramos ante los tiempos buenos, al borde de los tiempos malos por esta generación que no lucha por aquello que quiere, que no sueña, que no cree. Y aún así, me rebelo. No quiero creer en la inevitabilidad de la historia, en que la entropia es inevitable, la victoria de la enfermedad ineludible y el fin, cuando llegue, será el que esté prefijado. Sigo creyendo en la capacidad del individuo de producir cambios, del entorno de adaptarse, de evolucionar. Sigo creyendo que podemos salir del estancamiento, que hay potencial y fuerza. No sé si es mi natural rebeldia, esa fuerza que hace que no me rinda y que me enseñó mi hermano, o un optimismo idiota. Pero no quiero rendirme. No quiero dejar de sonreír. No quiero dejar de esperar, de soñar, de vivir. La vida es como el agua, siempre encuentra un camino. Y yo quiero creer en que aparecerá y que lo haremos. Creo en un futuro mejor. Aunque solo sea por llevar la contraria.

A veces, te llevas una sorpresa agradable


El otro día hablaba con un colega sobre Tinder. Mi colega decía que le va genial, pero que evita a las mujeres españolas. Yo argumenté en contra (más que nada por le gusto de argumentar, porque lo que decía el colega tenía bastante sentido) y hoy me asomé a la aplicación. Siguiendo los dictados de mi colega y mi perverso instinto, practiqué la banalidad de deshojar la margarita como el que se pasea por ebay "si si si no no no si si si no si si ". Algunas veces me llamaba algo la atención y me paraba. Me gusta leer perfiles de la gente, porque te haces una idea de como está el ganado. Hay dos que me sorprendieron gratamente. Uno decía "Normalitos, pero sin pasarse". Fantástico. Cuanta informacion en cuatro palabras. Y cuanta información que además encaja con mi forma de pensar. Luz verde. El otro, una parrafada en que hablaba de la psicopatia cognitiva y de la distopia cocretil (quien te quiere te hara cocretas), culminaba con un "y que pechá de surfear se pegáis, cojones", que no pude sino aplaudir. Así se habla. Aburrido de perfiles clonicos, de instagramers, de filtros, de orejas de perrito, de fotos con la cabina en Londres o con la doble tabla (abdominales y surferos), me gusta que alguien quiera algo distinto. Me recupera la fé en la humanidad, en nuestro desarrollo como individuos más allá de tendencias. Ayer discutí ese tema clásico, el actor como generador de Historia o la Historia como generadora de actores. Y quiero creer que algunos de nosotros somos capaces de pensar fuera de la caja, de salirnos del patrón, de crear algo distinto. A veces, la gente te sorprende. Yo llevo unos cuantos días sorprendiendome mucho y disfrutando el momento. Y la verdad, estoy encantado. Así da gusto.

sábado, 13 de mayo de 2017

Que bueno es sentirse bien


Llevo un tiempo, quizás unas semanas, que James me lió para empezar una rutina de algo parecido al crossfit. Uno de los problemas con que se encuentra alguien cuya vida es un desastre como yo, es organizarse una rutina de deporte. En cuanto empiezas a coger algo de forma, pasa algo y lo dejas y cuando quieres volver a cogerlo estás en la casilla de salida. Así una y otra vez.
Aún así, reconozco que me gusta hacer algo de ejercicio, deporte, actividad. Lo que sea. Me gusta pegarme la paliza y sudar, porque así se me queda el cuerpo cansado, la mente cristalina y el alma tranquila. Descanso. Como decía mi madre, "corro para sudar mis demonios". No lo hago con ningún objetivo ni plan, simplemente me siento agobiado o estresado o angustiado o nervioso o... así que me pongo los tenis y me apaleo.
El caso es que el rollo este que me pasó James está muy interesante. Es poco tiempo, muy intenso y da resultados. No sé mucho del tema estético... pero me siento bien conmigo mismo. Subo las escaleras y me canso menos. Ando más erguido. En general, estoy bien. Y eso repercute en mi visión de mi mismo, mi optimismo, mi actitud. Me tomo las cosas de otra manera. Puedo entender la adicción de la gente al deporte, si bien no la comparto, en base a esa reacción química que hace que te veas mejor, te sientas realizado.
Resumiendo. Que dado que te toca vivir en tu cuerpo, cuidalo. Y cuidarlo implica hacer ejercicio, de forma que tu cuerpo esté ágil, fuerte y resistente, para que puedas moverte bien dentro de él y a través de él. Cuidarse, gente. Os digo yo que ayuda a ser feliz.

Y de repente, una foto antigua te mira

Y te preguntas, ¿qué ha pasado? ¿Quién es ese tío?
Y te miras en el reflejo de la pantalla y te das cuenta de que eres tu. Y que tienes, escrito en la cara, todo lo que ha pasado en este tiempo, que no es precisamente poco. Y sin embargo, te das cuenta de que te gusta lo que ves. Que estás más gastado que entonces, pero también más hecho, más entero. Que no eres tan hermoso, porque has perdido pelo y ganado arrugas, pero que lo compensa la profundidad de la mirada, la serenidad de la expresión. Sabes quien eres. Sabes como has llegado hasta aquí y sabes a donde quieres ir.
Es inevitable echar de menos cosas. También es inevitable sonreírse ante la ingenuidad de aquella epoca. De las cosas que pensabas y sentías, de lo que te parecía importante y lo que no Como la vida te ha ido llevando de un lado para otro. Y en cierto sentido, sentirte agradecido. Todo lo que te ha ido pasando te ha llevado a donde estás ahora y puedes sentirte orgulloso de quién eres, de lo que haces, de como lo haces. Puedes mirarte al espejo y ver que, aunque ya no tienes el pelo largo ni esa cara de picaro, eres un hombre al que puedes respetar y apreciar.
Es bonito recordar y añorar un ratito. Y sobre todo, es bonito poder celebrar todo lo que te ha venido pasando hasta llegar aquí, tanto lo bueno como lo malo.

martes, 2 de mayo de 2017

Y entonces, vuelves

Y de repente, vuelves al mar. Casi sin darte cuenta vuelves a llevar el petate y las botas, a moverte por espacios estrechos, a escuchar el agua y las tuberias y los motores y la gente. Vuelves a la luz de policia, a las voces por ordenes generales, al ritual de arranchado y limpieza personal. Y a la vez, es distinto. Porque no conoces a nadie, porque no tienes un sitio, porque no sabes muy bien de que va esto. Y tienes que volver a adaptarte y empezar. Como siempre con respeto, serenidad, buen animo. Con ganas de hacerlo bien, de aprender y disfrutar, de juntarte con los buenos, de no meterte en problemas.
Y un día sucede a otro y cuando te das cuenta ya has perdido de vista el calendario. Y miras afuera y todo lo que ves es agua. Y vuelves a contar los días por comidas. ¿Cuando fue que pasó eso? El día que había merluza en salsa. Y todo está bien. La cama es estrecha e incomoda y tienes que trepar como un mono para meterte en ella y dejarte caer como un saco de piedras para salir... pero te encanta. Y los compañeros tosen o roncan o hacen ruido... pero te da igual. Porque estás donde tienes que estar, donde quieres estar. Y miras de reojo el calendario, deseando pasar a la siguiente fase y a la vez temiendo, deseando que esta inspiración entre un salto y otro dure un poquito más. Solo un poquito más. Hasta que al final, casi sin darte cuenta, se acaba. Y todas esas cosas que has ido dejando "para cuando esto termine" están ahí y tienes qsue irlas haciendo.
Y quieres. Pero solo un poquito más. Solo un poquito más.