domingo, 14 de mayo de 2017
A veces, te llevas una sorpresa agradable
El otro día hablaba con un colega sobre Tinder. Mi colega decía que le va genial, pero que evita a las mujeres españolas. Yo argumenté en contra (más que nada por le gusto de argumentar, porque lo que decía el colega tenía bastante sentido) y hoy me asomé a la aplicación. Siguiendo los dictados de mi colega y mi perverso instinto, practiqué la banalidad de deshojar la margarita como el que se pasea por ebay "si si si no no no si si si no si si ". Algunas veces me llamaba algo la atención y me paraba. Me gusta leer perfiles de la gente, porque te haces una idea de como está el ganado. Hay dos que me sorprendieron gratamente. Uno decía "Normalitos, pero sin pasarse". Fantástico. Cuanta informacion en cuatro palabras. Y cuanta información que además encaja con mi forma de pensar. Luz verde. El otro, una parrafada en que hablaba de la psicopatia cognitiva y de la distopia cocretil (quien te quiere te hara cocretas), culminaba con un "y que pechá de surfear se pegáis, cojones", que no pude sino aplaudir. Así se habla. Aburrido de perfiles clonicos, de instagramers, de filtros, de orejas de perrito, de fotos con la cabina en Londres o con la doble tabla (abdominales y surferos), me gusta que alguien quiera algo distinto. Me recupera la fé en la humanidad, en nuestro desarrollo como individuos más allá de tendencias. Ayer discutí ese tema clásico, el actor como generador de Historia o la Historia como generadora de actores. Y quiero creer que algunos de nosotros somos capaces de pensar fuera de la caja, de salirnos del patrón, de crear algo distinto. A veces, la gente te sorprende. Yo llevo unos cuantos días sorprendiendome mucho y disfrutando el momento. Y la verdad, estoy encantado. Así da gusto.
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