Y de repente, vuelves al mar. Casi sin darte cuenta vuelves a llevar el petate y las botas, a moverte por espacios estrechos, a escuchar el agua y las tuberias y los motores y la gente. Vuelves a la luz de policia, a las voces por ordenes generales, al ritual de arranchado y limpieza personal. Y a la vez, es distinto. Porque no conoces a nadie, porque no tienes un sitio, porque no sabes muy bien de que va esto. Y tienes que volver a adaptarte y empezar. Como siempre con respeto, serenidad, buen animo. Con ganas de hacerlo bien, de aprender y disfrutar, de juntarte con los buenos, de no meterte en problemas.
Y un día sucede a otro y cuando te das cuenta ya has perdido de vista el calendario. Y miras afuera y todo lo que ves es agua. Y vuelves a contar los días por comidas. ¿Cuando fue que pasó eso? El día que había merluza en salsa. Y todo está bien. La cama es estrecha e incomoda y tienes que trepar como un mono para meterte en ella y dejarte caer como un saco de piedras para salir... pero te encanta. Y los compañeros tosen o roncan o hacen ruido... pero te da igual. Porque estás donde tienes que estar, donde quieres estar. Y miras de reojo el calendario, deseando pasar a la siguiente fase y a la vez temiendo, deseando que esta inspiración entre un salto y otro dure un poquito más. Solo un poquito más. Hasta que al final, casi sin darte cuenta, se acaba. Y todas esas cosas que has ido dejando "para cuando esto termine" están ahí y tienes qsue irlas haciendo.
Y quieres. Pero solo un poquito más. Solo un poquito más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario