lunes, 22 de mayo de 2017
Un mundo de tribus
Ayer estaba asomado leyendo contenidos random en diagonal cuando me sorprendió un comentario sobre racismo. "No trates a alguien que vive a ocho mil kilómetros como no tratarías a alguien que vive en un determinado barrio de tu ciudad, y tiene la piel del mismo color". En automático me acordé de mi paseo por la Universidad de Sao Paulo con Bruno y su comentario "Si ves a un negro aquí, es más probable que sea de Angola que de Brasil", pero también me acordé de esas películas americanas donde no se puede entrar en determinados barrios. Pensé que yo había vivido eso precisamente en Sao Paulo, atravesar zonas de la ciudad donde solo está "permitido" pasar en autobús o coche, pero nunca pararte. Son zonas que pertenecen a los habitantes del barrio y a la policía, donde alguien ajeno a la comunidad enseguida se ve comprometido.
Eso sucede en casi todo el mundo. Los que tenemos la suerte de vivir en un occidente comprometido con la seguridad, sometido al imperio de la ley y al monopolio de la violencia por el Estado, pocas veces pensamos en eso. Es como aquella cita que escuché "Occidente dominó el mundo por su mayor capacidad para ejercer violencia sistemática. A veces, pretenden olvidarlo. El resto del mundo no podemos hacerlo".
Bueno. Occidente ejerció la capacidad de la violencia sistemática exportando violencia. Así de fácil. Para aquellos de gatillo fácil, para hooligans y psicópatas, occidente siempre tuvo una salida. Las colonias. El imperio. Ahora existen grupos terroristas multinacionales y multiculturales y como los quieras llamar, pero es un poco el mismo fenómeno. Allá donde el Estado no domina, el individuo con el machete o el fúsil hace la ley.
Y bueno. No es ni bueno ni malo. Simplemente es un hecho, pero el otro día pensaba en eso y en la cita aquella sobre aquel kurdo que decía "¡yo tengo amigos de otras tribus!" y eso, en un entorno como el de Oriente Próximo, era en si mismo heroico. Y lo es. No me imagino como debe ser una cultura en la que, ya desde pequeño, te enseñan a odiar y temer a tus vecinos. Pero eso sucede en casi todo el mundo. En la India entre hindúes, sijs y musulmanes a nivel general, y entre diferentes tribus a nivel más particular. En oriente próximo entre el crisol de etnias y tribus. En extremo oriente. En África. Lugares donde una forma de vestir, un idioma, una religión, hacen que tu barrio sea tu mundo y que no puedas entrar en determinadas zonas.
Ayer leí que Rusia está habitada por 160 etnias, aunque el ochenta por ciento de la población es rusa. No sé cuantos viven en Europa, pero quizás estamos en ese nivel. En un mundo tan propenso al odio y a la violencia, creo que uno de los motivos por los que podemos estar agradecidos es vivir en una isla de "paz". Recuerdo ese capitulo de "Voces de Chernobyl", donde una fugitiva de una ex-republica soviética que trabajaba en una maternidad contaba como unos hombres armados entraron, borrachos, y preguntaron que de qué tribu eran los niños. La mujer decía que ese fue el día que decidió largarse.
A veces, el ser humano es repugnante hasta más allá de las palabras. Y sin embargo... y sin embargo, acabamos volviendo a sonreír.
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