sábado, 28 de octubre de 2017
Venga, voy a mojarme
Sabe Dios que no quiero hacerlo, porque esto es un espacio público que puede leer cualquiera, y nunca la frase "todo lo que diga podrá ser usado en su contra" fue más cierta que en estos tiempos de Tuits rencorosos y exceso de información que nadie lee, salvo que le venga bien para conseguir sus objetivos. Pero voy a ello porque ya la bilis me llega por las rodillas.
Tengo un mensaje para todos esos que dicen que "un país es un sentimiento". O para esos que se rasgan las vestiduras por un papel. Pero primero, voy a hacer una introducción o proemio, que me gusta como suena la palabra.
En 2012, en Ucrania, tras varios meses de protestas en la capital, el presidente electo huyó en un helicoptero y un conglomerado de grupos de oposición se hizo con el Parlamento. Se convocaron elecciones deprisa y corriendo y, ese nuevo Gobierno, decidió entre otras cosas ilegalizar un idioma hablado por más de la mitad de la población y establecer cambios radicales. Como consecuencia de dicha acción, determinadas provincias se alzaron en armas. Se asaltaron comisarias, cuarteles y carceles, se expulsaron a policias y militares, se tomaron aeropuertos, carreteras, hospitales, centros de gobierno. En Diciembre de 2016 el "conflicto ucraniano" ya iba por veinte mil muertos reconocidos oficialmente. Los reales quizás algún día los sepamos.
En 1999, en medio de una campaña de bombardeos de la OTAN contra Serbia, las milicias albano kosovares y las fuerzas gubernamentales serbias establecieron lo que de facto era una campaña de limpieza etníca. Las cifras de bajas bailan. Los desplazados, por parte y parte, se sitúan en torno al medio millón de personas si los sumamos, en un territorio del tamaño aproximado de Murcia.
Tengo una amiga serbia que me dijo, hace dos semanas, que espera que Cataluña no se convierta en un nuevo kosovo. Una amiga ucraniana, me preguntó como iba "la guerra de España".
Un poquito de seriedad. Por favor. Solo un poquito.
Voy a subir otro peldaño. A aquellos que dicen que "un país es un sentimiento", les voy a rogar que maduren. Un país es la representación en el ideario colectivo de un estado. Un estado es un sujeto de derecho, una figura política encargada de gestionar internamente una sociedad, reconocido entre sus iguales (otros estados),a efectos de relaciones exteriores. Sobre la definición y las atribuciones de un estado, hay libros y libros sobre el tema. Doctores tiene la Iglesia. Para esta "mojada", solo decir que entre otras responsabilidades a los Estados se les atribuye el orden público y social, la redistribución de riqueza, el control de fronteras y del sistema financiero y fiscal propio, la prestación de servicios públicos y la gestión de las infraestructuras. Solo por decir algunos.
Así pues, dejando de lado el formato del Genesis catalán, que parece tan importante (en un caso más del tonto mirando al dedo cuando el sabio señala la luna), vamos por partes. El aspecto de reconocimiento entre iguales para formar el Estado, es una batalla perdida antes de empezar. Ya en la introducción o proemio (vuelvo a hacerlo) he puesto algunas formas de desgajar un estado. Podría hablar también de Sudan del Sur, el país más moderno del mundo, pero no me apetece. A aquellos que me citen la independencia de los poderes coloniales, estoy dispuesto a rebatirles con la Constitución de Cádiz: yo también puedo ignorar la realidad mundial y quedarme solo con la esquinita que me gusta. Vamos al tema interesante. Voy a pegar un comentario que me gustó el otro día, si bien no lo comparto pero me gusta.
.........................................................................................................................................................
En Cataluña se ha formado la tormenta perfecta. Un puñado de oportunistas, pirados y demagogos frente al gran demagogo supremo, este tal Rajoy, especialista en sobrevivir a base de ver como los demás se enfrentan entre ellos. En realidad, en Cataluña hay tres revoluciones en marcha. La primera es la de la burguesía catalana, que lo único que quería es sacar más dinero y más competencias para Cataluña. Agito las aguas, asusto un poco a los de Madrid, y tras conseguir lo que quiero vuelvo a tranquilizar el asunto, hasta la siguiente negociación. La segunda es una revolución nacionalista. Personas que realmente luchan por la independencia de Cataluña y que quieren ver una Cataluña libre, aunque eso suponga que un par de generaciones de catalanes lo pasen realmente mal. La patria es lo primero, y si por ese fin superior hay que sacrificar a alguno (o muchos) de sus hijos, pues que así sea. Y la tercera es una revolución clásica de corte marxista, bolivariana o cómo se la quiera llamar, donde la revolución nacionalista es sólo un paso intermedio hacia la revolución social. Es más fácil llevar a cabo un proceso revolucionario en un país pequeño como Cataluña, que en un país tan enorme como España. Es el viejo plan de reduce y vencerás, que tiene mucha lógica por parte de la CUP. No hay que ser un genio para convenir que si juntas esas tres revoluciones tan heterogéneas, cuando no directamente contradictorias unas con otras, e intentas convertirla en una sola, vas directo hacia el caos. Que es la situación actual de Cataluña.
En frente, tenemos al gran Rajoy. Ese superviviente nato al que no le echa del sillón ni la guardia civil. Cuando llegó al poder, se dio cuenta rápidamente que lo iba a pasar muy mal. La situación económica española era terrible, y sabía que su destino era perder las próximas elecciones… si seguía vigente el sistema bipartidista para entonces. Cuenta la leyenda que el tal Arriola conocía a un tal Pablo Iglesias, universitario con gran carisma y con una visión nueva de lo que tenía que ser la izquierda auténtica, a lomos del populismo y la transversalidad. Y que tenía gran potencial como líder populista, porque sabía decirle a la gente lo que quería oír, y que se resume en la máxima política de: “la culpa de que las cosas te vayan mal, o peor de lo que tú quisieras, es siempre de los demás”. Y eso vale tanto para el parado como para el funcionario de clase B que no entiende porque tiene un jefe cobrando mucho más que él sin tener ni la mitad de sus conocimientos ni de su inteligencia. Pese a que parte de la vieja guardia periodística (sobre todo Ansón, para ser justos con él, que fue el primero en ver venir el grave problema al que se enfrentaría España) y económica le suplicó, literalmente, a Rajoy y compañía que no aprovechase la debilidad del PSOE para fomentar un partido populista a su izquierda y que aceptase las reglas del juego del bipartidismo vigentes desde la transición, estos siguieron con sus planes. Le damos un canal de televisión y publicidad en nuestros propios canales (el debate ya no es entre PP y PSOE, es entre PP y Podemos). Así, pensaba Rajoy, no sólo dividimos el voto de izquierda y obligamos al PSOE a escorarse a la izquierda para competir con el nuevo rival, con lo que pierde votos por el centro, sino que muchos de los que no nos volverían a votar, al ver a estos populistas neocomunistas nos volverán a votar, aunque sea con la nariz tapada, para evitar que “asalten” el poder, según expresión propia de Podemos. Así, se matan dos pájaros de un tiro, pensaron. El caso es que curioso, y parece que todas las derechas españolas están igual de locas y no son capaces de ver más allá de sus narices, pero parece que la derecha nacionalista catalana, que ahora tiene pánico a los de la CUP porque controlan la calle, también creó o ayudó a crecer el monstruito de la CUP para quitarles votos a ERC. Un viejo amigo catalán me lo contaba el mes pasado, y aunque cueste de creer, parece ser que es cierto.
En fin… Plan perfecto para Rajoy y los suyos, de hecho todavía siguen en el poder gracias a él, pero muy preocupante para España. Y lo es, porque España ha sido siempre un muy difícil equilibrio, con demasiada historia, enfrentamientos y reproches entre las distintas regiones y nacionalidades (alguien tendrá que explicar algún día cuál es la diferencia entre nación y nacionalidad, por cierto). Historia que normalmente solía acabar mal, con un centro que gritaba: “¡Una, grande y libre!” o una periferia que gritaba “¡Viva Cartagena!”. Parecía que con el bipartidismo eso se había acabado y poco a poco íbamos siendo un país democrático adulto, donde todos éramos conscientes de las limitaciones, pero también de las ventajas de la estabilidad y la democracia bipartidista, siquiera imperfecta como es la española. Cuando eres joven lo quieres todo, cuando maduras te das cuentas que todo no lo puedes tener. Pero no, el monstruo siempre ha estado ahí, y ha bastado que un puñado de dirigentes, por avaricia o impericia, haya metido severos errores de juicio para que hayan saltado todas las costuras de la democracia española y de la España de las autonomías. España tiene unos cimientos eternos anclados en barros. Y eso no se ha podido cambiar con cerca de 40 años de estabilidad. En fin, con estos bueyes hay que arar. A ver qué pasa.
....................................................................................................................................................
Así pues, vamos. Mambo. ¿El Estado Catalán va a controlar su sistema financiero y fiscal, sus fronteras y su orden publico, sus infraestructuras y sus servicios, en un entorno global? ¿Como? En primer lugar excluido de la Unión Europea y del euro. Tendrá que establecer una moneda propia y una Hacienda Pública, a efectos de satisfacer los pagos de servicios y empleados de la misma. Tendrá que recoger los capitales en euros y convertirlos a su nueva moneda. Quizás pueda establecer una paridad con el euro, pero la moneda catalana cotizará en el mercado de capitales y veremos cuanto dura dicha paridad. Una vez establecida dicha Hacienda Pública y funcionando, deberá hacer frente al mantenimiento de infraestructuras y servicios. Deberá hacer frente a importación de energia y materias primas si espera exportar productos manufacturados. Deberá constituir unas fuerzas armadas propias. ¿Cual es el proyecto para hacerlo? Estoy leyendo el Libro Blanco y los datos que presenta me resultan bastante utópicos. Hablan de una partición del escenario actual, en el cual Cataluña es una provincia de un estado mayor que negocia sus contratos en un entorno internacional como parte de este, no como ente individual. Por poner un ejemplo peregrino, Argelia no venderá el gas al mismo precio a España (que le comprará X toneladas/año) al mismo precio que a un estado catalán que le comprará menos. Este ejemplo, cogido con pinzas, me resulta interesante a la hora de plantear un debate que creo que no existe y debería existir. ¿Es viable? ¿Es serio?
Me gustaría seguir rajando pero ya he perdido gas y ha salido el sol. La vida real pide paso. Vamos a ello.
Fundamentos de trigonometria esferica (sociopolítica)
Llevo una semana curiosa de reacciones desproporcionadas y debates absurdos. Llevo una semana de exigencias personales fuera de lugar, de asunciones excesivamente atrevidas. En resumen, llevo una semana aguantando estupideces. Lo peor del tema es que no son estupideces malvadas, de gente que va a hacer daño, sino estupideces ignorantes, de gente que no sabe de lo que está hablando.
La trigonometria es la ciencia que estudia las relaciones angulares de los triangulos. Un hecho básico en geometria es que, cuanto más alarguemos uno de los extremos, si mantenemos los angulos, más se deberán alargar los otros. Esto se traduce en que, si nos subimos a un quinto piso, podemos ver más lejos que si estamos a nivel de la calle.
Esto sucede a todos los niveles. Si yo tengo conocimiento de diferentes formas de vida, seré más flexible a la hora de comprender las dinamicas vitales de gente que conozco, en lugar de asumir que mi conocimiento es absoluto. Y hacer el imbécil, enfadandome porque un pez no puede volar, cuando volar es lo más normal del mundo para los pájaros. Así mismo, también tendré mayor capacidad de juicio a la hora de transformar mis filias y fobias, mis percepciones, en hechos absolutos objetivos observables por todo el mundo. Como yo tengo frío, hace frío. Con mayúsculas. Aunque yo sea un canario que se encuentra en Ferrol a veinte grados y a mi alrededor todo el mundo vaya en mangas cortas. Así evitaré cosas como decirle a alguien "ven a verme" y enfadarme porque esa persona no tiene vacaciones, o decir "España está fatal", sin molestarme en aportar datos rebatibles o tener un debate.
Pero claro, ese es otro tema. La suma de los ángulos de un triangulo siempre da ciento ochenta grados. No da "lo que yo quiero que dé" ni "todas las opiniones son legítimas". No. El derecho a emitir opiniones no lleva implicito el derecho a que esas opiniones sean aceptadas y comaprtidas. Deben ser debatibles. Las percepciones y los sentimientos son subjetivos; los datos no. Así que en lugar de decir "cualquiera puede venir" o "hay mucha gente pasandolo mal", hablemos de realidades. Numeros. Y ahí podremos entrar en las percepciones personales y comparar. La discrepancia es buena; a mí no me gusta la leche y otra gente la adora. Pero eso no significa ni que la leche sea un producto infame y repugnante ni que a todo el mundo, con mayúsculas, le deba gustar la leche. Pedimos respeto a la diversidad y, en cuanto alguien nos contradice, nos enfadamos y pataleamos. Y entre todos, estamos generando un entorno en el que existe cada vez menos respeto, menos empatia, menos compasión, menos solidaridad. No porque el mundo sea una mierda, sino porque nosotros, todos y cada uno de nosotros, nos estamos esforzando por convertirlo en algo así.
Un poquito de tregua. Un poquito de humor. Quizás no podamos descubrir la cuadratura del círculo... pero podemos emplear los senos y cosenos para averiguar el tamaño del condenado círculo. Y quizás, quién sabe, haciendolo encontremos que esa persona "diferente" no es mi enemigo. Simplemente es alguien que piensa distinto. Y que tener la razón o dejar de tenerla en algo no nos convierte en mejores ni peores personas.
miércoles, 25 de octubre de 2017
Un jefe malo te echa abajo
Hoy voy camino del trabajo y esto hacía mucho que no me pasaba. No tengo ninguna maldita gana. No es por madrugar y arrancar; gracias a la cama nueva eso me va genial. Estoy llevando horarios "sensatos" así que me acuesto temprano y me levanto fresco.
Pero no tengo ganas de ir allí. No tengo ganas de caras largas de peticiones absurdas de medias bromitas. No tengo ganas de trabajar inutilmente ni de estar intranquilo. Y sobre todo, no tengo ganas de esforzarme para alguien que no me valora.
¿Curioso? No lo sé. Hace años discutía con un jefe que decía que él no es un perro que necesite que le acaricien la cabeza. Bueno. Yo sí. Porque yo no "voy al trabajo, hago lo mío y me voy". Yo soy lo que hago. Ayer me llamó mucho la atención que, cuando me preguntan, nunca digo "hago" o "trabajo para". Siempre digo "soy". Porque lo que hago es lo que soy y, si la persona para la que lo hago, toma mi trabajo como un recurso más, sin analizarlo, sin valorarlo, entonces lo que soy no tiene sentido. Yo no puedo ser un eslabón de una cadena. O sea, obviamente puedo serlo, pero tengo que ser un eslabón forrado de metales raros y con capacidad para salirse de la cadena y tocar la armonica.
Y ahora no estoy así. Y lo curioso es que no es tan difícil motivar a la gente. A mí siempre se me ha dado bien. Es tan fácil como hacerles creer -y eso es aún más fácil cuando tu mismo lo crees- que son útiles. Que lo que hacen sirve para algo. Y que los respetas.
Ya está. A un perro no tienes que invitarlo a comer de tu mesa. No hace falta. Pero si nunca le das un hueso, el perro va a dejar de querer acercarse a ti. Y yo, sinceramente, no tengo ninguna puñetera gana de acercarme a la mesa a la que voy.
Pero he sido muy afortunado durante mucho tiempo. Y es en momentos como estos cuando uno se vuelve consciente de ello.
Tiempo de amigos
Este fin de semana ha sido especial, y ha durado hasta ayer. Este fin de semana he estado con gente a la que hacía años que no veía y, a pesar de estar algo grís, todos me han mostrado muchísimo cariño y respeto. Ha sido genial volver a ver a Oscar, a James, a Luis, Mel, Javi, Marta. Ha molado mucho volver a charlar un rato con Marc y cenar con Diego, Gon y Caro y echarme a perder. Y perder jugando a muñequitos y a los dardos, claro. Volver a encontrarme con Sergio ha sido la guinda del pastel. Solo faltaría encontrarme con Rabanal o con Damian o alguno de estos colgados de por ahí arriba.
La verdad, no tengo queja ninguna. Y me fascina y sorprende como, al igual que yo, también les pasa a los demás. Hay una corriente de energia positiva, de "me alegro de verte", de "a ver cuando la próxima". Es fantastico. Y espero cubrir con mi parte y dar tanto como recibo y ayudar a que todos estemos un poquito mejor.
Pero de este finde, gracias. Muchas gracias. Me hacía falta una cosa así.
lunes, 23 de octubre de 2017
Moi drugoi chelovek y gente sincera
Hoy venía en el coche repasando mentalmente mi situación personal y mis apuntes de ruso (una cosa no quita la otra) y recordaba una expresión que me dijera Tania, una forma de llamarme. "Moi drugoi chelovek", mi persona especial. No es la más cariñosa de las expresiones ni imagino que aparezca en ninguna comedia de Hugh Grant próximamente (si es que aún las sigue haciendo). Pero creo que es una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca.
Todos y cada uno de nosotros tenemos una percepción de la realidad, un trasfondo y una actitud que condiciona nuestras reacciones y conductas. Mar, cuando me lastimaba, era su forma de demostrarme que para ella era importante. Tania, que es una mujer hecha de otro material, daba caricias con facturas de teléfono. Al fin y al cabo, cada uno somos hijos de nuestro tiempo.
Y al igual que le pasa a toda esa gente, a mí también. Soy una persona reservada y desconfiada, me cuesta mucho sentir algo "real" por alguien. Pero una vez siento algo, ya no me echo para atrás. Eso es lo que le cuesta entender a tanta gente de mi entorno. Que es difícil obtener una inversión importante porque no hay demasiado capital que comprometer, pero una vez comprometido, precisamente por haber tan poco, no puede uno echarse atrás.
Vivimos en tiempos de bonanza económica y consumo. A toda esa gente que habla de la crisis y del sufrimiento, yo le pregunto quién se muere de hambre. Porque hemos perdido la referencia. Estoy leyendo una novela sobre niños que sobrevivieron a la segunda guerra mundial y hay veces que se te encoge el corazón. Es imposible resistirse. Pero al igual que hemos perdido la referencia en el plano material y pensamos que no poder comprarse un móvil o un piso es miseria, hemos perdido la referencia en el plano emocional. Pensamos que pasarse una semana sin hablar físicamente con alguien es una cosa normal, que el que no nos abracen está bien, y nos compramos gatos y perros porque somos incapaces de relacionarnos con personas. Y formamos partidos políticos para la defensa de los animales y, que sacrifiquen a un animal con el que empatizamos, nos parece un crimen equiparable al asesinato de un niño.
Estamos jodidos de la cabeza. Y quizás por eso el que alguien sensato, coherente y a quién respetas, con quién te comunicas al mínimo nivel existencial y a partir de ahí vas conectando capas y capas de emociones, procesos cognitivos, ideas, percepciones, sentimientos... te diga eso, es algo importante. Porque el piropo no está en la palabra que vuela, sino en los labios de los que sale.
martes, 17 de octubre de 2017
Topicos regionalistas
Ando leyendo mucho estos días sobre el tema de Cataluña. Como suele pasar siempre en este país, todos tenemos una opinión y todas las opiniones son respetables, y por Dios que yo no voy a callarme la mía.
Bueno. Yo sí. Mi opinión es mía y se la doy a quién me conoce, me pregunta y le interesa escuchar. Ya hay demasiado ruido; no voy a sumar el mío.
Pero el caso es que, leyendo, me he acordado de una anécdota que me sucedió hace ya muchísimos años. Por internet conocí a un chico, vasco, y nos hicimos buenos amigos. Era (imagino que sigue vivo, hace mucho que perdimos el contacto) un tío divertido, inteligentísimo, muy creativo. Un día estábamos hablando sobre lo curioso que era que nos lleváramos tan bien y me dijo que "hasta que te conocí, pensaba que todos los andaluces eran flojos toreros que estaban durmiendo la siesta todo el día", a lo que yo le contesté "Ah, ¿y no lo somos?".
Hace falta sentido del humor, primero con uno mismo y luego con el mundo. Pero la otra parte que hace falta es curiosidad y tolerancia. Hay que viajar más. Hay que conocer a gente distinta. Y hay que evitar los tópicos. Estoy leyendo sobre colectivos humanos como bloques monolíticos y me parece una simplificación muy peligrosa. Yo cuando tenía quince años, pensaba que todos los heavies eran gente guay. Luego conocí a un par de gilipollas y cambié mi perspectiva. El sentimiento es el mismo: "los heavies como colectivo homogéneo". Pero ese era un colectivo curioso, gente que elige conscientemente pertenecer a un grupo. Un grupo que, en aquella época, conllevaba una importante lacra social.
Decía Rowan Atkinson que es absurdo comparar religión con raza. Uno no elige el color de su piel, pero la religión es una idea con la que uno comulga voluntariamente y, como tal, debe ser discutible. Yo no elijo haber nacido en tal lugar, ni mi color de piel, y no pienso hacerme responsable de una identidad grupal con sus ventajas e inconvenientes. ¿Por qué tendría que hacerlo? Yo respondo de mi vida como individuo. Por supuesto, llevado al extremo de la pregunta de mi amigo, respondo con humor. ¿Y por qué iba a hacerlo de otra manera? La ofensa gratuita, ese sentimiento de victima que nos justifica a exigir una restitución y esperar solidaridad y comprensión, es el recurso de los niños. Yo no voy a llorar para que me den el pecho. Y desconfío bastante de la gente que adopta esa postura, muy beneficiosa a corto plazo pero mutiladora en el medio o largo.
La verdad, esa anécdota en su momento me pareció graciosa. Ahora, tras haber viajado y visto algunas cosas, me preocupa. Gente que asume una realidad tan variada (creo que en Andalucía viven siete u ocho millones de personas) con una facilidad así es peligrosa. Y hay una cantidad enorme de gente así ahí fuera.
Tiempos interesantes. Hemos sido malditos a vivir tiempos interesantes.
Bueno. Yo sí. Mi opinión es mía y se la doy a quién me conoce, me pregunta y le interesa escuchar. Ya hay demasiado ruido; no voy a sumar el mío.
Pero el caso es que, leyendo, me he acordado de una anécdota que me sucedió hace ya muchísimos años. Por internet conocí a un chico, vasco, y nos hicimos buenos amigos. Era (imagino que sigue vivo, hace mucho que perdimos el contacto) un tío divertido, inteligentísimo, muy creativo. Un día estábamos hablando sobre lo curioso que era que nos lleváramos tan bien y me dijo que "hasta que te conocí, pensaba que todos los andaluces eran flojos toreros que estaban durmiendo la siesta todo el día", a lo que yo le contesté "Ah, ¿y no lo somos?".
Hace falta sentido del humor, primero con uno mismo y luego con el mundo. Pero la otra parte que hace falta es curiosidad y tolerancia. Hay que viajar más. Hay que conocer a gente distinta. Y hay que evitar los tópicos. Estoy leyendo sobre colectivos humanos como bloques monolíticos y me parece una simplificación muy peligrosa. Yo cuando tenía quince años, pensaba que todos los heavies eran gente guay. Luego conocí a un par de gilipollas y cambié mi perspectiva. El sentimiento es el mismo: "los heavies como colectivo homogéneo". Pero ese era un colectivo curioso, gente que elige conscientemente pertenecer a un grupo. Un grupo que, en aquella época, conllevaba una importante lacra social.
Decía Rowan Atkinson que es absurdo comparar religión con raza. Uno no elige el color de su piel, pero la religión es una idea con la que uno comulga voluntariamente y, como tal, debe ser discutible. Yo no elijo haber nacido en tal lugar, ni mi color de piel, y no pienso hacerme responsable de una identidad grupal con sus ventajas e inconvenientes. ¿Por qué tendría que hacerlo? Yo respondo de mi vida como individuo. Por supuesto, llevado al extremo de la pregunta de mi amigo, respondo con humor. ¿Y por qué iba a hacerlo de otra manera? La ofensa gratuita, ese sentimiento de victima que nos justifica a exigir una restitución y esperar solidaridad y comprensión, es el recurso de los niños. Yo no voy a llorar para que me den el pecho. Y desconfío bastante de la gente que adopta esa postura, muy beneficiosa a corto plazo pero mutiladora en el medio o largo.
La verdad, esa anécdota en su momento me pareció graciosa. Ahora, tras haber viajado y visto algunas cosas, me preocupa. Gente que asume una realidad tan variada (creo que en Andalucía viven siete u ocho millones de personas) con una facilidad así es peligrosa. Y hay una cantidad enorme de gente así ahí fuera.
Tiempos interesantes. Hemos sido malditos a vivir tiempos interesantes.
jueves, 12 de octubre de 2017
La intimidad va en escalones
Estaba pensando sobre como vamos conociendo a alguien. A medida que nos hacemos mayores y acumulamos zarpazos de la vida, cada vez nos hacemos menos receptivos, más desconfiados. Más cerrados y duros. En cierto sentido eso está bien, porque nos protege, pero a la vez nos hace menos adaptables, menos flexibles.
Entonces aparece alguien en tu vida. Y al principio no te fias. Pero vais conectando y veis que tenéis cosas en común y podéis hablar y compartir cosas... y poco a poco tu te vas abriendo y la otra persona se va abriendo. Subís un peldaño. Luego otro.
Hasta que pasa algo. Os encontráis con demasiada intimidad. O esa persona o tu hacéis algo que ofende gravemente a la otra. No. Por ahí no pasamos. Entonces tenéis dos opciones. Separáis caminos y ahí se acaba, o seguís. Pero seguís en el escalón en el que os habéis quedado. Y de repente, sobre ese escalón se construye un muro. Es posible que más adelante lo consigáis escalar juntos, o es posible que no. Lo que está claro, es que ese choque en la evolución de la intimidad supone un hito y marca un antes y un después.
Y eso está bien. No todo el mundo tiene que ser nuestro amigo del alma increíble al que le contamos todo. Tiene que haber personas con las que conectamos más y menos. Incluso aunque muchas de esas "desconexiones" sean culpa de nuestra forma de ser. Porque no creo que exista una forma de ser "correcta" y otras "incorrectas". Nuestras manias, nuestras fobias, nuestras excentricidades... son las cosas que nos hacen especiales y distintos. En el proceso de socialización nos enseñan a seguir unas determinadas conductas "aceptables" y salirse de eso está "mal". Pero mientras esas conductas no sean lesivas para los demás o para nosotros mismos, ¿por qué tienen que estar mal? Una vez adquirimos conciencia de nosotros mismos y de nuestra personalidad, es el momento de tomar decisiones.
No pienso disculparme por ser como soy. Me parece absurdo. Y creo que nadie que se quiera a si mismo debería hacerlo. Por tanto, si bien mi "metodo" no debe ser el mejor, a la vista de los resultados, tampoco he visto una alternativa que me seduzca e interese. Así que, salvo que alguien me demuestre lo contrario, seguiré subiendo escalones o bajandolos paso a paso.
Tampoco me va tan mal.
sábado, 7 de octubre de 2017
Cuestión de tiempos
Ayer quedé con un amigo para tomar algo. Hablamos un poco de todo lo divino y lo humano y salió el tema de las situaciones sentimentales. Le comenté que en cierta ocasión fue a una cita que pareció una entrevista de trabajo y mi amigo apuntó: "Eso se debe a que tu te consideras joven. Tu aún crees en eso de conocer a la otra persona, ir viendo como avanza, el romance... mientras que una mujer de nuestra edad ya piensa de otra manera."
No me lo había planteado hasta que él lo dijo pero, pensandolo un momento, veo muy probable que tenga razón. Al fin y al cabo, lo que condiciona el lenguaje es el momento. A todos nos entra sed cuando nos dicen que se va a cortar el suministro de agua.
Quizás me engaño a mi mismo. Quizás vivo como si fuera alguien mucho más joven de lo que realmente soy pero... ¿quién determina eso? ¿En qué momento dejamos de ser jovenes y pasamos a convertirnos en "adultos"? Es una cuestión de sensaciones y actitudes. No sé hasta que punto puedo mantener este ritmo... pero no tengo ganas de cambiarlo. Lo que me lleva a la situación que mi amigo comentó: o me relaciono con gente más joven o con gente más alternativa. Dada a relativizar.
Otro apunte que hizo muy bueno es la cuestión del lenguaje. Uno debe mantener la iniciativa. Cuando lo que transmite es indecisión, la gente no lo interpreta como una posibilidad sino como falta de seguridad. Eso dice mucho sobre la actitud normal de la gente, tendente a lo negativo, pero es un hecho que debemos trabajar con el entorno para irlo modificando, en lugar de frustrarnos porque el entorno no nos entiende. Está en nosotros. Y podemos hacerlo, a poco que mostremos voluntad y una actitud adecuada.
La conversación de ayer me resultó muy interesante. Ahora es cuestión de irlo aplicando. Poco a poco. Poco a poco.
No me lo había planteado hasta que él lo dijo pero, pensandolo un momento, veo muy probable que tenga razón. Al fin y al cabo, lo que condiciona el lenguaje es el momento. A todos nos entra sed cuando nos dicen que se va a cortar el suministro de agua.
Quizás me engaño a mi mismo. Quizás vivo como si fuera alguien mucho más joven de lo que realmente soy pero... ¿quién determina eso? ¿En qué momento dejamos de ser jovenes y pasamos a convertirnos en "adultos"? Es una cuestión de sensaciones y actitudes. No sé hasta que punto puedo mantener este ritmo... pero no tengo ganas de cambiarlo. Lo que me lleva a la situación que mi amigo comentó: o me relaciono con gente más joven o con gente más alternativa. Dada a relativizar.
Otro apunte que hizo muy bueno es la cuestión del lenguaje. Uno debe mantener la iniciativa. Cuando lo que transmite es indecisión, la gente no lo interpreta como una posibilidad sino como falta de seguridad. Eso dice mucho sobre la actitud normal de la gente, tendente a lo negativo, pero es un hecho que debemos trabajar con el entorno para irlo modificando, en lugar de frustrarnos porque el entorno no nos entiende. Está en nosotros. Y podemos hacerlo, a poco que mostremos voluntad y una actitud adecuada.
La conversación de ayer me resultó muy interesante. Ahora es cuestión de irlo aplicando. Poco a poco. Poco a poco.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)