lunes, 23 de octubre de 2017

Moi drugoi chelovek y gente sincera



Hoy venía en el coche repasando mentalmente mi situación personal y mis apuntes de ruso (una cosa no quita la otra) y recordaba una expresión que me dijera Tania, una forma de llamarme. "Moi drugoi chelovek", mi persona especial. No es la más cariñosa de las expresiones ni imagino que aparezca en ninguna comedia de Hugh Grant próximamente (si es que aún las sigue haciendo). Pero creo que es una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca.
Todos y cada uno de nosotros tenemos una percepción de la realidad, un trasfondo y una actitud que condiciona nuestras reacciones y conductas. Mar, cuando me lastimaba, era su forma de demostrarme que para ella era importante. Tania, que es una mujer hecha de otro material, daba caricias con facturas de teléfono. Al fin y al cabo, cada uno somos hijos de nuestro tiempo.
Y al igual que le pasa a toda esa gente, a mí también. Soy una persona reservada y desconfiada, me cuesta mucho sentir algo "real" por alguien. Pero una vez siento algo, ya no me echo para atrás. Eso es lo que le cuesta entender a tanta gente de mi entorno. Que es difícil obtener una inversión importante porque no hay demasiado capital que comprometer, pero una vez comprometido, precisamente por haber tan poco, no puede uno echarse atrás.
Vivimos en tiempos de bonanza económica y consumo. A toda esa gente que habla de la crisis y del sufrimiento, yo le pregunto quién se muere de hambre. Porque hemos perdido la referencia. Estoy leyendo una novela sobre niños que sobrevivieron a la segunda guerra mundial y hay veces que se te encoge el corazón. Es imposible resistirse. Pero al igual que hemos perdido la referencia en el plano material y pensamos que no poder comprarse un móvil o un piso es miseria, hemos perdido la referencia en el plano emocional. Pensamos que pasarse una semana sin hablar físicamente con alguien es una cosa normal, que el que no nos abracen está bien, y nos compramos gatos y perros porque somos incapaces de relacionarnos con personas. Y formamos partidos políticos para la defensa de los animales y, que sacrifiquen a un animal con el que empatizamos, nos parece un crimen equiparable al asesinato de un niño.
Estamos jodidos de la cabeza. Y quizás por eso el que alguien sensato, coherente y a quién respetas, con quién te comunicas al mínimo nivel existencial y a partir de ahí vas conectando capas y capas de emociones, procesos cognitivos, ideas, percepciones, sentimientos... te diga eso, es algo importante. Porque el piropo no está en la palabra que vuela, sino en los labios de los que sale.

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