martes, 26 de febrero de 2019
Es totalmente metal
Hoy venía en el coche escuchando Avantasia y pensaba "que energía tiene esto". Y estaba disfrutando la letra y pensaba en como, durante tantos años, escuchar metal ha debido formarme el carácter. Como escuchar letras sobre no rendirse, sobre ser positivo, sobre creer han venido motivándome incluso aunque no las entendiera. Y ahora que puedo escucharlas me reconozco a mí mismo en mucho de esos mensajes, esos coros, esos estribillos.
Es curioso. Vivimos en nuestros espacios "cómodos" y lo que queda fuera de nuestro espacio nos resulta extraño, desconocido, hostil. Hasta que alguien actúa de puente y te permite cruzar al otro lado. Así he descubierto "Kino" o "Arya", pero de esa misma forma otra gente ha descubierto el metal a través de mí. Y además de gritos, ruido y agresividad (que lo hay y mucho) existen muchísimos mensajes muy positivos y creativos. Ayuda. A mí al menos me ha ayudado y creo que no soy el único.
(Explicar la frase del comic de The Order of the Stick)
sábado, 23 de febrero de 2019
Elegir entre lo bueno y lo mejor.
Antes de empezar a escribir esto, quiero aclarar que mis creencias son personales e intransferibles. Y que me da mucho coraje la gente que confunde "simpatía" o "afinidad" con "total filiación fanática". Es decir, que si me gustan los furbis, no significa que pertenezca al Partido Furby, tenga tatuados furbis por todo mi cuerpo y esté dispuesto a ir a la guerra contra Rusia por ellos. No sé si me explico. Que lo que yo piense o deje de pensar, es cosa mía. Y agradecería que la gente dejara de identificarme, etiquetarme o clasificarme por algo que digo.
Obvio que al dar una opinión me expongo pero, por favor, limítense a lo que digo. Mi opinión sobre un tema se reduce a ese tema, a esa persona, a ese momento. No proyecten ni extrapolen.
Y tras este disclaimer o justificación, al cual nadie hará ni puñetero caso, pero que lo escribo para quedarme más agusto, voy al artículo en sí.
Hace unos meses me vi en una situación personal muy apretada. Y como era accesible en mi entorno, acudí a un sacerdote. Por mi educación y mi entorno, la Iglesia católica siempre ha estado relativamente próxima a mí. Pero como sucede con, por ejemplo, la playa (aprendí a nadar con treinta años), no he hecho un uso extensivo de ella. En ese momento, que no tenía una solución, quise probar. Y tuve suerte, di con un sacerdote que era una maravillosa persona. No sé hasta que punto esto será la norma, pero en mi limitada experiencia siempre he dado con gente muy buena. Puede que haya tenido suerte, como me venía pasando en el trabajo, o puede que yo la atraiga, no lo sé.
El caso es que este sacerdote me enseñó algo super interesante. Me dijo que creemos, equivocadamente, que las elecciones en la vida son entre lo bueno y lo malo. Y que ojalá fuera así! Que sería muy fácil. Pero que muchas veces tenemos que elegir entre lo bueno, y lo mejor. Y que en ese momento es bueno pararse e intentar evaluar el entorno. Pensar no solo lo que es mejor para mi, sino lo que es mejor para mi familia, para mis amigos, para aquellos que quiero y que me quieren. Para "la comunidad" como dicen en las pelis americanas.
Ahora puedo estar en una situación parecida. De repente, me he parado a pensar. Y he recordado lo que me dijo aquel sacerdote. A veces, la elección es entre lo bueno, y lo mejor. Y si somos inteligentes y nos escuchamos a nosotros mismos, tendremos la decisión tomada incluso antes de haberlo pensado.
Gracias. Donde quiera que esté, quiero darle las gracias a ese sacerdote que me ayudó. Y espero que, a través de estas palabras, también os ayude a uds. A ser un poco menos intolerantes, a tomar las cosas un poco como vienen, a juzgar a la gente por lo que son y lo que hacen y a mirar más allá. Y sobre todo, a querernos a nosotros mismos y a querer a aquellos que merecen que los queramos.
Un abrazo, gente. Y que el día vaya guay.
Obvio que al dar una opinión me expongo pero, por favor, limítense a lo que digo. Mi opinión sobre un tema se reduce a ese tema, a esa persona, a ese momento. No proyecten ni extrapolen.
Y tras este disclaimer o justificación, al cual nadie hará ni puñetero caso, pero que lo escribo para quedarme más agusto, voy al artículo en sí.
Hace unos meses me vi en una situación personal muy apretada. Y como era accesible en mi entorno, acudí a un sacerdote. Por mi educación y mi entorno, la Iglesia católica siempre ha estado relativamente próxima a mí. Pero como sucede con, por ejemplo, la playa (aprendí a nadar con treinta años), no he hecho un uso extensivo de ella. En ese momento, que no tenía una solución, quise probar. Y tuve suerte, di con un sacerdote que era una maravillosa persona. No sé hasta que punto esto será la norma, pero en mi limitada experiencia siempre he dado con gente muy buena. Puede que haya tenido suerte, como me venía pasando en el trabajo, o puede que yo la atraiga, no lo sé.
El caso es que este sacerdote me enseñó algo super interesante. Me dijo que creemos, equivocadamente, que las elecciones en la vida son entre lo bueno y lo malo. Y que ojalá fuera así! Que sería muy fácil. Pero que muchas veces tenemos que elegir entre lo bueno, y lo mejor. Y que en ese momento es bueno pararse e intentar evaluar el entorno. Pensar no solo lo que es mejor para mi, sino lo que es mejor para mi familia, para mis amigos, para aquellos que quiero y que me quieren. Para "la comunidad" como dicen en las pelis americanas.
Ahora puedo estar en una situación parecida. De repente, me he parado a pensar. Y he recordado lo que me dijo aquel sacerdote. A veces, la elección es entre lo bueno, y lo mejor. Y si somos inteligentes y nos escuchamos a nosotros mismos, tendremos la decisión tomada incluso antes de haberlo pensado.
Gracias. Donde quiera que esté, quiero darle las gracias a ese sacerdote que me ayudó. Y espero que, a través de estas palabras, también os ayude a uds. A ser un poco menos intolerantes, a tomar las cosas un poco como vienen, a juzgar a la gente por lo que son y lo que hacen y a mirar más allá. Y sobre todo, a querernos a nosotros mismos y a querer a aquellos que merecen que los queramos.
Un abrazo, gente. Y que el día vaya guay.
lunes, 18 de febrero de 2019
La fuerza como virtud
El otro día me acordé de un colgante de Thor que tenía una amiga mía. Cuando le pregunté por él, me dijo que lo llevaba porque pensaba que le daba buena energía. Y andaba pensando en eso y en como, para mí, el movimiento se demuestra andando y, más que buena energía, lo que necesitamos es energía en general.
Pensaba en esa mi amiga y en que es curioso. Debe hacer años que nos conocemos y creo que nunca he confiado de verdad en ella. Tengo relaciones muy raras. Pero a su estilo y manera, ella ha conseguido llevar adelante muchísimas cosas gracias a lo que ponía en el título. A ser despiadada, a ser fuerte, a ser dura. A no parar. A entender que, la forma de conseguir algo, es ir y hacerlo. Que la vida no te regala nada, que tienes que currártelo tu.
Eso está muy bien ejemplificado en el Mjollnir. Por lo que sabemos (es decir, casi nada, todo mitos y leyendas) en la cultura escandinava existía esa idea de "los dioses ayudan a quién se ayuda a si mismo", común con los antiguos griegos. Es decir, que si querías algo tenías que moverte tu. Los dioses estaban a sus historias y no podían echarte mucho cable. Como mucho, si hacías algo que les molaba, podrían guiñarte el ojo y decir "guay. Animo. Sigue". Thor, dentro de todos, parece que era el más accesible y el que se preocupaba más por la gente, pero no por compasión sino porque le parecía divertido. Su idea, lo que se esconde detrás de casi todos los cuentos sobre él que han llegado, es que las cosas se arreglaban a base de ser un cabestro. De hecho ese era su animal, la cabra. Se supone que iba por el mundo en un carro tirado por estos animales.
Y bueno. No me parece que sea una idea demasiado mala. Puestos a apoyarse en otras virtudes, la seguridad en uno mismo y el empuje son buenas virtudes. Hay que moderarlas y apuntarlas en la dirección correcta, pero creo que por ahí vamos bien.
viernes, 15 de febrero de 2019
Haz lo que puedas
La confianza es una cosa muy jodida. Cuesta muchísimo conseguir y muchísimo más de mantener. Y en muchos casos, se basa en dinámicas adquiridas y en expectativas. En tener certeza de que las cosas van a seguir como son, en determinados hechos o pilares fundamentales sobre los que se estructuran.
Quita un pilar y cambia todo. Y de repente, hay una nueva situación en la cual todo debe ser puesto en duda, evaluado, consultado.
Estoy muy cansado. Y estoy dando todo lo que puedo pero no tengo más. Necesito unos días. Llevo mucho, muchísimo, dejándome a mi al final de la cola. No puedo hacerlo más. Porque estoy cometiendo errores que me van a costar cosas que quiero y valoro muchísimo, pero estoy dentro de la rueda. Si paro, me caigo. Así que tengo que seguir, aunque no sé como.
También estoy muy decepcionado. La frase, "el fallo es mío por confiar en la gente" es una puñalada, pero yo también puedo darla. En este caso, el fallo es mío por apoyarme demasiado. No tanto confiar, como entender que determinadas cosas las hago mejor con gente o a través de gente.
Hay que ser independiente. Hay que organizarse solo. Y quizás sea peor así, pero al menos cuando te equivoques no tendrás a quién echarle las culpas.
Voy a por el día. Ya queda un poquito menos. Solo ocho días más y podré descansar. Lo necesito.
Acumulación
Hay veces en que no somos nosotros mismos. Cuando el cansancio y el hambre, físicos y emocionales, se acumulan, actuamos de formas extrañas. No damos lo que no podemos dar, porque no lo tenemos, y nos convertimos en agujeros negros que solo absorben. Nos hacemos egoístas, ásperos, antipáticos. El entorno condiciona nuestra capacidad para manipularnos a nosotros mismos, nuestro autocontrol.
Es el momento de un reinicio. De plantearse las cosas desde otro punto de vista, de desconectar. De hacer lo que nos gusta y hacerlo mucho. Normalmente esa debería ser nuestra prioridad, pero a veces nos despistamos. El trabajo, los estudios... aquello que creemos es importante y prioritario nos desvía.
Estamos mal educados. Creemos que el sacrificio, el esfuerzo, el trabajo, son virtudes y que el placer, la desconexión, el relajarnos es algo malo. Que debemos estar siempre activos, ser siempre útiles, productivos, inspirados. Ser capaces de apoyar siempre, de resolver problemas siempre, de escuchar, comprender, crear.
A veces no se puede. Y no pasa nada. Es algo natural. A veces también suceden errores y accidentes. Hay que evitar que pase e intentar arreglarlo, pero no dramatizar más allá de lo previsto. Al final forzamos tanto la maquina que se rompe. Y cosas que parecían estar bien, de repente no lo están.
Y ojo. Que siempre he defendido la necesidad de racionalizar esfuerzos, de ir poco a poco, de no apilar las cosas. Pero en ocasiones la acumulación es natural, consecuencia de nuestro carácter y de las circunstancias. A veces, simplemente, vienen demasiadas cosas juntas. Y entonces está en nosotros saber gestionarlo, saber como se limitan los impactos.
lunes, 11 de febrero de 2019
Valoraciones vitales
Ayer estaba hablando con Ira sobre noticias. Gente que se casa, gente que tiene hijos. De repente me he vuelto muy mayor y en mi vida pasan cosas que nunca pensé que pasarían.
Pero también pasan en el otro sentido. A mi alrededor veo separaciones y padres y madres solteros, veo embarazos no deseados o que, a medio plazo, suponen un problema. Hijos y matrimonios que se tomaron como decisiones egoístas e individuales, pero tienen consecuencias colectivas. Y pienso en esa conversación, que existe constantemente entre Ira y yo, sobre el tipo de parejas que tenemos en mi entorno y porqué alguna gente, aparentemente muy buena, está sola y terriblemente sola.
Hay un efecto secundario de egoísmo. Todos pensamos en que queremos nosotros... pero escuchamos muy poco. Y así me encuentro con parejas en las cuales "yo lo cambiaré" o "yo quiero tener hijos a esta edad". Pero poca gente quiere mirar a la realidad a la cara y asumir cosas que no le gustan. El camino fácil es el de las mentiras dulces pero las mentiras dulces, a la larga, se descubren. Como me decía una amiga el otro día, "estoy casada con un Peter Pan de treinta años". Pero ese Peter Pan no se ha vuelto así. Ya lo sabías. Lo que pasa es que a medida que uno sube "niveles", el grado de responsabilidad aumenta. No es lo mismo tener un novio que tener un novio que viaja. No es lo mismo tener un novio que tener un marido. No es lo mismo tener un marido que tener un padre. Son roles distintos y no todos valemos o somos capaces de darlo en una determinada circunstancia. O encajamos. Porque cuando uno decide si quiere trabajar de esto o de lo otro, vivir aquí o allí, estudiar esto o aquello, vivir con una persona o solo... tiene que tener en cuenta no solo lo bueno sino, sobre todo, lo malo.
Todos tenemos días malos. Todos tenemos defectos y problemas. Y algunos son tolerables y otros no. Sobre todo, algunos no son tolerables de cara a los objetivos vitales que tenemos. Que queremos hacer, que queremos ser, como queremos vivir. Como nos imaginamos en diez años. Y es importante, ahora que la gente habla de casarse y tener hijos... que no es una fiesta. Es decir, claro, hay una parte bonita, si no la gente no lo hacía. Pero va a haber partes malas y es mejor estar preparado, ser consciente. Porque si no, te ves viviendo una vida que no deseas y atrapado e incapaz de arreglarlo.
Que bueno. Como decía Marc ayer, la gente tiene muy poca paciencia. Hay cosas que parece que no tienen solución y la tienen. Es mejor echarle un poco de resiliencia, de cintura, de comprensión. Preguntarse el porqué. Darle dos vueltas mejor que una. Pero cuando el árbol ya sale torcido, enderezarlo es muchísimo trabajo y a veces, desde fuera, uno se pregunta si realmente era necesario plantar el árbol de esa manera y no de otra.
A veces, es tan fácil como hacerse las preguntas adecuadas, antes de meterse en nada.
lunes, 4 de febrero de 2019
Entender nuestra realidad
Ayer me encontré con dos situaciones donde las expectativas destrozan nuestra felicidad. Por un lado, la esposa de un amigo mío que está separado de la familia. La mujer lo está pasando muy mal porque no tiene a su marido cerca para ayudarle. Por otro, una amiga mía cuya pareja no va como solía.
Tanto en un caso como en el otro, visto desde fuera, uno piensa "pero mira lo bueno". Sobre el primer caso, una amiga mía es madre soltera. Ella no es que tenga al padre de su hijo fuera; es que directamente ese padre no existe. Ella tiene que hacerlo todo sola, pero además no puede llamar por teléfono a nadie. En el segundo caso, aunque la pareja esté dañada avanza. Ayer me decía Charlie que se admira de que yo no esté desesperado después de haber pasado tanto tiempo solo.
Pero es que nos acostumbramos a todo. O deberiamos hacerlo, si queremos ser felices. Esa constante sensación de frustración, de vacío, de que "falta algo" para ser felices solo nos lastra.
Es muy fácil decir esto después de un fin de semana bueno. Probablemente pasado mañana yo estaré en la misma linea, sintiéndome triste y frustrado por circunstancias que creo no puedo controlar.Pero la forma de hacerlo, si me leo a mi mismo dentro de unos días, será recordar esto.
Nosotros podemos modular nuestra percepción del entorno. Podemos apoyarnos a nosotros mismos, recordarnos lo que es importante, crear un entorno más sano. Y debemos hacerlo si queremos ser felices.
Tanto en un caso como en el otro, visto desde fuera, uno piensa "pero mira lo bueno". Sobre el primer caso, una amiga mía es madre soltera. Ella no es que tenga al padre de su hijo fuera; es que directamente ese padre no existe. Ella tiene que hacerlo todo sola, pero además no puede llamar por teléfono a nadie. En el segundo caso, aunque la pareja esté dañada avanza. Ayer me decía Charlie que se admira de que yo no esté desesperado después de haber pasado tanto tiempo solo.
Pero es que nos acostumbramos a todo. O deberiamos hacerlo, si queremos ser felices. Esa constante sensación de frustración, de vacío, de que "falta algo" para ser felices solo nos lastra.
Es muy fácil decir esto después de un fin de semana bueno. Probablemente pasado mañana yo estaré en la misma linea, sintiéndome triste y frustrado por circunstancias que creo no puedo controlar.Pero la forma de hacerlo, si me leo a mi mismo dentro de unos días, será recordar esto.
Nosotros podemos modular nuestra percepción del entorno. Podemos apoyarnos a nosotros mismos, recordarnos lo que es importante, crear un entorno más sano. Y debemos hacerlo si queremos ser felices.
domingo, 3 de febrero de 2019
Nuestra parte de responsabilidad
Siempre que hablo con mi madre de "current affairs" (políticos, sociales, económicos) me sorprende la perspectiva tan irresponsable ante ellos, que además es la común de la sociedad. Como no es culpa nuestra, sino de "otro". Y como la solución tampoco es nuestra, sino "de otros". Ese partido político, ese sistema educativo, sanitario, empresarial... yo, primera persona del singular, nunca está implicado como sujeto, siempre como objeto.
Nosotros somos parte del cambio. Nosotros somos responsables de efectos y actitudes en nuestro entorno. No vale quejarse sin actuar. Y, si bien yo soy el primero que critica determinadas situaciones y actitudes, y asumo que lo hago simplemente para echar gas fuera y quedarme más tranquilo, no dejo de provocar mi parte de cambio y de evitar llenar el plato de otras personas. Mi parte es hacer un mundo mejor, ser más ordenado, evitar la corrupción, ser serio, preocuparme por los demás, hacer aquello en lo que creo. Ser honesto conmigo mismo y con el mundo, siendo parte de ese dialogo del que hoy hablaba con Charlie.
Es dificil mirarse a la cara y asumir que determinadas partes de nosotros no nos gustan. Pero es la única forma de crecer como seres humanos, de ser íntegros y honestos, de mejorar. Hoy he tenido la suerte de compartir tiempo con dos personas maravillosas y eso me ha hecho más humano, más rico, más intenso. Quiero más.
Mañana será otro día. Y como dice Javi, tendré que pasar horas lo más rápido posible para llegar a la parte del día que quiero. Pero ya queda menos. Casi puedo sentir el viento del cambio y llegará. Va a llegar. Porque yo estoy haciendo mi parte y tiene que ser para bien.
Tengamos animo y suerte. Y mejorará. Seguro que sí.
Tengo que reconocer mi suerte
Hay días en que entiendo que estoy algo jodidillo. Días que me siento mal conmigo mismo o entiendo que las cosas no me van como me gustaría.
Pero hay otros días, como hoy, que tengo que quitarme el sombrero. Días en que por la mañana voy con mi madre, mi hermana y su novio al gimnasio. Luego comemos en familia. Nos quedamos tirados en el sofá con el perro. Llamo a Ira. Días en que me siento muy bien y luego quedo con Charlie y con Natalia y me doy cuenta de que, para ser feliz, no necesito mucho. Apenas gente que querer, gente que me quiera, y un sitio al que llamar hogar.
Solo eso. Y tanto como eso. Porque a veces puede parecer que es algo al alcance de cualquiera. Lo es, pero hay que saber darse cuenta de ello. Hay que cuidar a los que queremos y hacerles sentir especiales. Hay que entender que a veces nuestros deseos no son tan importantes como para sacrificar lo que dejamos por el camino. Y hay que entender que nuestra gente es tan importante o más que cualquier cosa que podamos pensar que va por delante.
Como siempre digo, hay una parte de suerte y hay una parte de talento. La suerte es lo que genera la oportunidad. El talento es lo que la aprovecha. Hoy ha sido un gran día y espero que vengan más como hoy. Y está en nosotros conseguirlo.
Así que vamos a por ello. A que merezca la pena.
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