sábado, 23 de febrero de 2019

Elegir entre lo bueno y lo mejor.

Antes de empezar a escribir esto, quiero aclarar que mis creencias son personales e intransferibles. Y que me da mucho coraje la gente que confunde "simpatía" o "afinidad" con "total filiación fanática". Es decir, que si me gustan los furbis, no significa que pertenezca al Partido Furby, tenga tatuados furbis por todo mi cuerpo y esté dispuesto a ir a la guerra contra Rusia por ellos. No sé si me explico. Que lo que yo piense o deje de pensar, es cosa mía. Y agradecería que la gente dejara de identificarme, etiquetarme o clasificarme por algo que digo.
Obvio que al dar una opinión me expongo pero, por favor, limítense a lo que digo. Mi opinión sobre un tema se reduce a ese tema, a esa persona, a ese momento. No proyecten ni extrapolen.

Y tras este disclaimer o justificación, al cual nadie hará ni puñetero caso, pero que lo escribo para quedarme más agusto, voy al artículo en sí.

Hace unos meses me vi en una situación personal muy apretada. Y como era accesible en mi entorno, acudí a un sacerdote. Por mi educación y mi entorno, la Iglesia católica siempre ha estado relativamente próxima a mí. Pero como sucede con, por ejemplo, la playa (aprendí a nadar con treinta años), no he hecho un uso extensivo de ella. En ese momento, que no tenía una solución, quise probar. Y tuve suerte, di con un sacerdote que era una maravillosa persona. No sé hasta que punto esto será la norma, pero en mi limitada experiencia siempre he dado con gente muy buena. Puede que haya tenido suerte, como me venía pasando en el trabajo, o puede que yo la atraiga, no lo sé.
El caso es que este sacerdote me enseñó algo super interesante. Me dijo que creemos, equivocadamente, que las elecciones en la vida son entre lo bueno y lo malo. Y que ojalá fuera así! Que sería muy fácil. Pero que muchas veces tenemos que elegir entre lo bueno, y lo mejor. Y que en ese momento es bueno pararse e intentar evaluar el entorno. Pensar no solo lo que es mejor para mi, sino lo que es mejor para mi familia, para mis amigos, para aquellos que quiero y que me quieren. Para "la comunidad" como dicen en las pelis americanas.
Ahora puedo estar en una situación parecida. De repente, me he parado a pensar. Y he recordado lo que me dijo aquel sacerdote. A veces, la elección es entre lo bueno, y lo mejor. Y si somos inteligentes y nos escuchamos a nosotros mismos, tendremos la decisión tomada incluso antes de haberlo pensado.
Gracias. Donde quiera que esté, quiero darle las gracias a ese sacerdote que me ayudó. Y espero que, a través de estas palabras, también os ayude a uds. A ser un poco menos intolerantes, a tomar las cosas un poco como vienen, a juzgar a la gente por lo que son y lo que hacen y a mirar más allá. Y sobre todo, a querernos a nosotros mismos y a querer a aquellos que merecen que los queramos.
Un abrazo, gente. Y que el día vaya guay.

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