Hay días en que entiendo que estoy algo jodidillo. Días que me siento mal conmigo mismo o entiendo que las cosas no me van como me gustaría.
Pero hay otros días, como hoy, que tengo que quitarme el sombrero. Días en que por la mañana voy con mi madre, mi hermana y su novio al gimnasio. Luego comemos en familia. Nos quedamos tirados en el sofá con el perro. Llamo a Ira. Días en que me siento muy bien y luego quedo con Charlie y con Natalia y me doy cuenta de que, para ser feliz, no necesito mucho. Apenas gente que querer, gente que me quiera, y un sitio al que llamar hogar.
Solo eso. Y tanto como eso. Porque a veces puede parecer que es algo al alcance de cualquiera. Lo es, pero hay que saber darse cuenta de ello. Hay que cuidar a los que queremos y hacerles sentir especiales. Hay que entender que a veces nuestros deseos no son tan importantes como para sacrificar lo que dejamos por el camino. Y hay que entender que nuestra gente es tan importante o más que cualquier cosa que podamos pensar que va por delante.
Como siempre digo, hay una parte de suerte y hay una parte de talento. La suerte es lo que genera la oportunidad. El talento es lo que la aprovecha. Hoy ha sido un gran día y espero que vengan más como hoy. Y está en nosotros conseguirlo.
Así que vamos a por ello. A que merezca la pena.
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