lunes, 18 de febrero de 2019

La fuerza como virtud


El otro día me acordé de un colgante de Thor que tenía una amiga mía. Cuando le pregunté por él, me dijo que lo llevaba porque pensaba que le daba buena energía. Y andaba pensando en eso y en como, para mí, el movimiento se demuestra andando y, más que buena energía, lo que necesitamos es energía en general.

Pensaba en esa mi amiga y en que es curioso. Debe hacer años que nos conocemos y creo que nunca he confiado de verdad en ella. Tengo relaciones muy raras. Pero a su estilo y manera, ella ha conseguido llevar adelante muchísimas cosas gracias a lo que ponía en el título. A ser despiadada, a ser fuerte, a ser dura. A no parar. A entender que, la forma de conseguir algo, es ir y hacerlo. Que la vida no te regala nada, que tienes que currártelo tu.

Eso está muy bien ejemplificado en el Mjollnir. Por lo que sabemos (es decir, casi nada, todo mitos y leyendas) en la cultura escandinava existía esa idea de "los dioses ayudan a quién se ayuda a si mismo", común con los antiguos griegos. Es decir, que si querías algo tenías que moverte tu. Los dioses estaban a sus historias y no podían echarte mucho cable. Como mucho, si hacías algo que les molaba, podrían guiñarte el ojo y decir "guay. Animo. Sigue". Thor, dentro de todos, parece que era el más accesible y el que se preocupaba más por la gente, pero no por compasión sino porque le parecía divertido. Su idea, lo que se esconde detrás de casi todos los cuentos sobre él que han llegado, es que las cosas se arreglaban a base de ser un cabestro. De hecho ese era su animal, la cabra. Se supone que iba por el mundo en un carro tirado por estos animales.
Y bueno. No me parece que sea una idea demasiado mala. Puestos a apoyarse en otras virtudes, la seguridad en uno mismo y el empuje son buenas virtudes. Hay que moderarlas y apuntarlas en la dirección correcta, pero creo que por ahí vamos bien.

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