lunes, 11 de febrero de 2019

Valoraciones vitales



Ayer estaba hablando con Ira sobre noticias. Gente que se casa, gente que tiene hijos. De repente me he vuelto muy mayor y en mi vida pasan cosas que nunca pensé que pasarían.
Pero también pasan en el otro sentido. A mi alrededor veo separaciones y padres y madres solteros, veo embarazos no deseados o que, a medio plazo, suponen un problema. Hijos y matrimonios que se tomaron como decisiones egoístas e individuales, pero tienen consecuencias colectivas. Y pienso en esa conversación, que existe constantemente entre Ira y yo, sobre el tipo de parejas que tenemos en mi entorno y porqué alguna gente, aparentemente muy buena, está sola y terriblemente sola.


Hay un efecto secundario de egoísmo. Todos pensamos en que queremos nosotros... pero escuchamos muy poco. Y así me encuentro con parejas en las cuales "yo lo cambiaré" o "yo quiero tener hijos a esta edad". Pero poca gente quiere mirar a la realidad a la cara y asumir cosas que no le gustan. El camino fácil es el de las mentiras dulces pero las mentiras dulces, a la larga, se descubren. Como me decía una amiga el otro día, "estoy casada con un Peter Pan de treinta años". Pero ese Peter Pan no se ha vuelto así. Ya lo sabías. Lo que pasa es que a medida que uno sube "niveles", el grado de responsabilidad aumenta. No es lo mismo tener un novio que tener un novio que viaja. No es lo mismo tener un novio que tener un marido. No es lo mismo tener un marido que tener un padre. Son roles distintos y no todos valemos o somos capaces de darlo en una determinada circunstancia. O encajamos. Porque cuando uno decide si quiere trabajar de esto o de lo otro, vivir aquí o allí, estudiar esto o aquello, vivir con una persona o solo... tiene que tener en cuenta no solo lo bueno sino, sobre todo, lo malo.
Todos tenemos días malos. Todos tenemos defectos y problemas. Y algunos son tolerables y otros no. Sobre todo, algunos no son tolerables de cara a los objetivos vitales que tenemos. Que queremos hacer, que queremos ser, como queremos vivir. Como nos imaginamos en diez años. Y es importante, ahora que la gente habla de casarse y tener hijos... que no es una fiesta. Es decir, claro, hay una parte bonita, si no la gente no lo hacía. Pero va a haber partes malas y es mejor estar preparado, ser consciente. Porque si no, te ves viviendo una vida que no deseas y atrapado e incapaz de arreglarlo.


Que bueno. Como decía Marc ayer, la gente tiene muy poca paciencia. Hay cosas que parece que no tienen solución y la tienen. Es mejor echarle un poco de resiliencia, de cintura, de comprensión. Preguntarse el porqué. Darle dos vueltas mejor que una. Pero cuando el árbol ya sale torcido, enderezarlo es muchísimo trabajo y a veces, desde fuera, uno se pregunta si realmente era necesario plantar el árbol de esa manera y no de otra.
A veces, es tan fácil como hacerse las preguntas adecuadas, antes de meterse en nada.

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