jueves, 8 de octubre de 2020

El fantasma en medio

A veces, tus recuerdos vienen a visitarte y se mezclan con situaciones presentes. A veces ves como si fuera en dos dimensiones y una se superpone a la otra, como si llevaras unas gafas de 3d y el verde el rojo se mezclaran y difuminaran. A veces, vas tan acelerado que ni siquiera te das cuenta de qué pasa. Eso no es malo. A veces la vida no te da tiempo a procesarlo y simplemente sigues adelante. Pero luego... cuando las luces se apagan y estás solo contigo mismo te haces preguntas. Preguntas que no quieres hacer. Y ves el fantasma en el hueco. En teoria es solo un hueco, una zona donde no hay nada, pero aparece el fantasma. Y es un fantasma horrible. Lleno de miedos, dudas, soledad, tristeza. Es un fantasma que te recuerda que has fracasado y te tienta para que hagas cosas que no quieres. No tiene sentido. Tu no eres el fantasma y el fantasma no eres tu. Porque no nos engañemos. Somos lo que hacemos. Pero asomarse al abismo es divertido. Mirarlo y que te devuelva la mirada porque, tras suficiente tiempo, el abismo eres tu. Nihilismo. El culto a la entropia. Pero tras el caos... no hay nada. Una vez cierras esa puerta solo puedes dejarla cerrada. No conviene abrirla. Y sin embargo... Y no sabemos ni nuestros nombres. Ignoramos nuestros excesos. Pero da igual cuantas vueltas le demos a la espiral. Al fondo, solo está el fondo. Y de ahí no se sale. Y en la otra mano Dios, y la luz, y el calor, y la vida. ¿Por qué renunciar a nada? ¿Por qué dejar de entenderlo todo? Hay que abrir los ojos como los niños y aprender. Hay que vivir. Ha sido genial. Y ahora, se acaba. Y eso está bien también.

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