viernes, 9 de octubre de 2020
Todavía hay sangre en la arena
Lo bueno de tener un blog como este es que puedes asomarte a ti mismo hace varios años y ver como estabas y lo que pasabas. Y puedes ver los cambios. En una fecha similar ahora, por 2013, escribí algo sobre una cosa similar a ahora. No nos engañemos. No aprendemos. Repetimos los mismos errores una y otra vez, pero nos creemos más listos, más expertos, más ágiles. ¡A mi me van a engañar! Ese es el principio detrás de toda la película "La Ola" (una obra de arte) y algo que todos debemos tener presente.
No lo hacemos. Nosotros no cambiamos. Cambia nuestro entorno y nuestras circunstancias, nuestras capacidades. Quizás somos más viejos y más lentos, o estamos más en forma y somos más fuertes y estamos más seguros de nosotros mismos. ¿Pero nosotros? Seguiremos avanzando como Lemmings para caer por el abismo.
Ha sido bueno volver al pasado. Ha sido bueno, durante unas horas, volver a sentir ese vertigo y ese fuego. Ha sido bueno notar como el dolor del hombro, de ese hombro del que me han quitado un trozo, no era el único ni el peor que podía tener. Ha sido bueno volver a cruzar palabras, hurgar con los dedos en el cerebro del otro acariciando, desgarrando, saboreando. Ha sido bueno mirarse a los ojos y darse cuenta de que, como decía Nietzsche, el abismo te devuelve la mirada.
Y es bueno que se acabe. Es bueno que el tiempo y la distancia pase, que cada uno volvamos a nuestra esquina del cuadrilatero. Que la lluvia caiga y que nos miremos, far far away, seguros de que esta vez nos podriamos haber hecho mucho más daño y que no ha sido así. Agradecidos de lo bueno, lamiendo nuestras heridas y sabiendo que, de alguna forma, seguimos siendo fieles a nosotros mismos. Que no tenemos nombre, porque no podemos tenerlo y porque es mejor que no lo tengamos.
Así que gracias. Gracias por todo, gracias por entenderlo, gracias por enseñarme. Mucha suerte con lo que venga después. Y mientras la sangre siga goteando... ¿quién sabe? Como escribió Perez-Reverte sobre Angelica de Alquezar, hay niñas que ya nacen sabiendo como nos van a matar. Y a su estilo y manera, ese es su amor, que nos da tantos disgustos como alegrias.
Chau.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario