El otro día hablaba aquí con un paisano, que se quejaba de que, del COVID para aquí todo está fatal. Se quejaba de como estaban las cosas y etc, hasta que le dije... bueno, pero si está mal se cambia, ¿no? Quiero decir, es vuestro/nuestro/su país. La gente tiene la capacidad de tomar decisiones y provocar cambios, o de no hacerlo y dejar que las cosas sigan como están/evolucionen en la dirección que siguen.
Y eso es algo de lo que hablaba antes con los colegas. De que son "los políticos" o "los jefes" o "los sindicatos" o... pero siempre es otro. Y eso, en cierto sentido, es consecuencia de que vivimos en sociedades muy acomodadas. Si el agua se estropea, llamo al servicio técnico. Si no hay luz en la calle, alguien lo arreglara. ¡Y anda! Lo arreglan. Así que al final no "necesito" implicarme para hacer mi entorno habitable. Mi entorno ya es habitable y va a seguir siendolo. Como mucho, escribiré una carta o molestaré a alguien, y si puedo evitarlo mejor. Que lo haga otro.
Eso explica porqué, por ejemplo, en Reino Unido las protestas siempre son en verano. Una vez está oscuro y hace frío, ya no interesa cambiar el país. Es algo que me llamaba mucho la atención y me tuvo bastante tiempo dandole vueltas, hasta que llegué a esta conclusión que, por favor, alguien me corrija y me demuestre que estoy equivocado. Porque si tengo razón, vamos a flipar en Occidente en general.
Ahora hablaba con un colega, que ha tenido que dejar el coche en el taller, porque la compañía ha metido la pata y tiene que actualizarlo. Mi compañero se queja porque, claro, llega tarde al trabajo. Está mal, claro. No es algo agradable. Pero la vida está llena de cosas así. El otro día hubo una "polemica" en Ucrania, porque un tren llegó tarde. Y una de las viajeras se quejaba por Twitter, a lo que recibió una respuesta de la compañía, diciendo que lamentaban mucho su incomodidad. Que los rusos habían bombardeado un cruce de vías y, para poder repararlo, habían tenido que desviar trenes provocando retrasos.
Los rusos habían bombardeado un cruce de vías.
Con lo que sí, efectivamente, tenemos derecho a quejarnos y querer que el mundo funcione como nos gustaría. También estaría bien que fueramos un poco conscientes de que el mundo no existe para satisfacernos a nosotros; el mundo existe. Como decía Toño "A Madrid tu le das igual". Y entendiendo eso, en primer lugar, evitamos ser unos quejicas insoportables que molestamos a todos los que tenemos cerca.
También, puestos a pedir, estaría bien que tomaramos una postura activa hacía nuestro entorno. Que asumieramos que, para que las cosas funcionen, yo también tengo que hacer algo. Igual no hace falta que cambie la tuberia de agua de mi calle, pero no tirar toallitas humedas en el baño o recoger la mierda de mi perro sería un primer paso, para que el día que algo me moleste de verdad actue.
Os voy a contar una anecdota. Tengo una amiga, bulgara, que se encontró con que iban a hacer un proyecto de construcción en el parque donde llevaba a jugar a su niña. Molesta, escribió cartas y fue al ayuntamiento. El concejal de urbanismo, le dijo "pues menos mal que has venido, porque yo no tengo una bola de cristal. Yo no sé si ese parque se usa mucho o poco, y si a la gente le va a importar que lo convirtamos en unos pisos". Se nos olvida que, el espacio común, es común porque todos lo usamos, lo cuidamos y lo mantenemos. Todos.
Otra cosa que me molesta bastante, y ya acabo de rajar hoy, es el "para eso pago mis impuestos". Eso es algo que hemos copiado de las series yankis y de la sociedad anglosajona, donde el tema de los impuestos es un elemento fundamental del discurso público. ¿Y por qué? Porque el sistema político estadounidense se funda en base a la republica romana, donde se dividía a la sociedad entre los que eran ciudadanos y contribuían al estado y participaban de él, y los que no lo eran y simplemente vivían dentro de su espacio. Por eso el decir "yo pago mis impuestos" es decir "yo soy un ciudadano activo políticamente". Mis derechos los respaldo cumpliendo con mis obligaciones, en un entorno en el que, efectivamente, existía una cierta libertad de elección.
Eso no vale hoy en día. Uno no paga impuestos voluntariamente. Uno está sometido al imperio de la ley y paga tantos impuestos como no consigue evitar pagar. No solo la mayoría de la gente es contraría a pagar impuestos (naturalmente, nadie quiere renunciar al control de sus recursos, y más en una sociedad donde la confianza en los demás y en las instituciones es mínima), sino que la gente es totalmente inconsciente de la gestión de los mismos. Cuando alguien dice "mira lo que ha costado esta carretera", lo compara con lo que le cuesta a él comprar el pan. Habiendo trabajado en contratación pública, yo soy un cruzado de la difusión del conocimiento de como funciona el sistema. Porque no vale decir "pues compralo por Amazon". El sistema público posee y exige una serie de garantias y limitaciones que el privado no tiene, por cuestiones de puto sentido común. Y el que yo tenga que explicarle esto casi a cada persona con la que hablo, dice mucho de la conciencia que tenemos de "nuestros impuestos".
Esta infantilidad, esta incapacidad de ver el mundo como es mientras nos encabezonamos en que sea como nos gustaría que fuera, es terrible. Y me da miedo, porque es suicida. Cuando uno conduce pensando que esa pared no es una pared, porque yo lo pienso muy fuerte y mi moral y mi conciencia y mi... al final me estrello. Y no es bonito.
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