Llevo unos días teniendo conversaciones online con gente de muñequitos de aquí. El miércoles, que fui a echar una partida, también tuve interacción. Lo curioso es que, hasta ayer que quedé con un amigo mío, no me dí cuenta de lo que realmente estaba fallando.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.
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