Ayer tuve una conversación muy interesante, que arrancó por una cita de Jimmy Carr. Preguntado por un consejo para superar una separación, Jimmy Carr dijo que lo sentía mucho. Que nuestra identidad es algo distribuido, porque somos de manera distinta en el trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos... y que ese "reflejo" de quién somos es lo que nos devuelve nuestra identidad. (Luego decía algo muy interesante sobre qué, cuando te separas de alguien, no solo la pierdes a ella sino a quién tu eras con ella, y echas de menos lo que te hacía sentir y como te veías a ti mismo. Pero esto se sale del tema).
Lo que venía a decir es que la identidad viene devuelta, reflejada. Mi interlocutor dijo que eso era la consciencia, nuestra capacidad de identificarnos a nosotros mismos. Este soy yo. Pero decía que hay dos tipos de consciencia, la que se impone sobre el entorno y es permanente y la que viene condicionada por el entorno y es más débil. Me decía que, mi piso en San Fernando, es parte de mi identidad. Tengo un sitio al que volver. No por el piso en sí, sino por lo que supone para mí. Con lo que efectivamente, una parte de nuestra identidad es fija y viene determinada por como nos vemos a nosotros mismos, pero la otra está en cambio constante.
En cierto sentido, es lo que ya he escrito aquí varias veces sobre los personajes del juego de rol "Vampiro La Mascarada", donde tenías una conducta variable y una naturaleza semi permanente. Actuamos de determinada forma en determinados entornos, pero nuestra forma de ser se mantiene constante, nuestros valores y nuestra... ¿esencia?
Es un tema interesante. Que viene muy bien para entender mi actual proceso de sufrimiento, en el cual el entorno me condiciona a actuar de formas que me resultan aberrantes, la falta de referencias (de "reflejos") minan mi autoestima y mi conciencia y la falta de "alimento social" me obliga a pasar demasiado tiempo "entretenido". Distraido, que no ocupado. Falto de proceso, de sistema, de objetivos. Simplemente sobrellevandolo, reaccionando, en una suerte de pasividad infeliz.
¿Lo bueno? Que pasa. Y que, efectivamente, la naturaleza de nuestra identidad nos devuelve a quién y como somos. Pero me pareció algo interesante para compartir.
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