El otro día hablaba con una amiga que existen tres niveles de control social. La primera es la incomodidad social, lo que haces y la gente te mira mal, critica, les molesta. Son infracciones menores, como tirar la basura fuera de horario o aparcar el coche en doble fila un momento.
La segunda es la censura social. Son las cosas que no quieres que se enteren tus padres que has hecho. Aún no conllevan una acción legal, pero son cosas que ponen en peligro tu estatus y tus relaciones dentro de la comunidad. Relacionarse con una chica con una gran diferencia de edad, robar en el trabajo... seguro que se os ocurre algo que, si un amigo vuestro lo hiciera, os plantearíais si de verdad es el tipo de persona con la que queréis mantener una amistad.
La tercera son las consecuencias legales. Son acciones tan graves, que la sociedad considera que debe establecerse un procedimiento para castigar a cualquiera que las realice, con un castigo ejemplar que desincentive su ejecución. Y esto no es poca cosa. Incluso las dictaduras más bananeras tienen jueces y cortes, registros y procesos. La justicia como tal es una parte importante de toda sociedad, porque si no hay una secuencia lógica de acción y castigo, la lección que relaciona acción censurable y castigo no se percibe.
A proposito de esto, recuerdo comentar que uno entiende como de cohesionada internamente está una sociedad en base a como se alinean estos tres grados. A su vez, uno entiende la dinámica interna de una sociedad viendo como se aplican. Alguien que sea observador se habrá dado cuenta de que, en los tres niveles, existe un elemento más; el margen de interpretación. Una acción sujeta a consecuencias legales debe ser una acción absoluta, evidente e irrebatible. Es blanco y negro. Mientras que, a medida que vamos bajando la escala, el margen de interpretación aumenta. La censura social puede ser ejercida o no y está sujeta a criterios muy variables. Hace veinte años ser gay te condenaba al ostracismo social más absoluto, mientras que ahora está tolerado. E incluso acciones totalmente reprensibles en una comunidad pueden ser aceptadas en otra, siendo un caso totalmente extremo el de las familias de los violadores de Rotherham, que consideraban que los hombres de su familia no habían hecho nada malo.
Y este es el siguiente elemento del que quería hablar. Las sociedades construyen sus normas de abajo arriba y de arriba abajo, principalmente por cuestiones de necesidad. Una sociedad de pastores nomadas en el desierto impondrá castigos absolutamente draconianos a aquellos que envenenen los pozos, poniendo en peligro a la comunidad presente y futura, mientras que puede ser más tolerante en cuestiones que a nosotros nos parecerían aberrantes. Nada existe en el vacío, todo es un equilibrio de necesidades y deseos. Pero es importante, para que vivamos con una cierta percepción de justicia, que nuestra visión cultural y la de aquellos de nuestro entorno estén alineadas con los de la comunidad en la que vivimos. En caso contrario, siempre surgirá una cuestión de legitimidad, que pondrá en riesgo toda capacidad de convivencia.
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