domingo, 6 de marzo de 2016
Sobre pedagogia
Ayer hablaba con mi madre sobre una situación familiar, y le comentaba algo que la experiencia me ha demostrado constantemente: no aprende quién no quiere aprender. Lo que me llevó a pensar que, parte del error de la pedagogia como la he conocido, es el considerar que el alumno tiene voluntad intrinseca de aprender. Imagino que será una cuestión cultural pero, desde muy jovenes, aquí aprendemos a hacer trampas. Como me dijera un tutor hace tiempo, el objetivo no es aprender sino aprobar el examen. Aprender es algo accesorio.
¿No es un poco triste? Pero si lo trasladamos a otros ambitos de la vida, veremos que es siempre igual. Nos orientamos a resultados y olvidamos el proceso, entendiendo como éxito aquel procedimiento mediante el cual obtenemos lo que queremos. ¿Es eso siempre así?
No, claro. Pero estamos demasiado ocupados planteandonos el siguiente objetivo, la siguiente conquista, la siguiente necesidad a satisfacer (aun cuando esta sea artificial o directamente falsa). Ya más adelante nos plantearemos otra forma, compensaremos, mejoraremos como personas.
Ahora mismo tengo en la cabeza "people are strange" de The Doors. Llevo un tiempo anclado en rock suave, debería volver a escuchar ruido. Quizás me plantearía las cosas desde otro ángulo.
He perdido el hilo, claro. A veces, me pregunto a donde me lleva tanta reflexión. ¿Estoy intentando enseñarme a mí mismo? ¿Por qué esa continua recopilación de experiencias? Planea. Ejecuta. Analiza. Repite. Pero el aprender algo no puede ser un fin en si mismo. La profundidad interna, el conocernos a nosotros mismos y nuestras formas debe ser un medio para conseguir algo. ¿Cual es el objetivo?
¿Realmente quiero aprender?
sábado, 5 de marzo de 2016
Pecados de juventud
El otro día, recorriendo el email hasta la noche de los tiempos (mantengo la misma cuenta desde hace más de diez años), me encontré un correo que me sorprendió. Hace muchísimo tiempo mantuve una torrida relación por internet con una muchacha, ahora respetable mujer casada, en la cual hubo algunas conductas que probablemente fueran reprobables a los usos y costumbres morales. De dichas conductas quedaron algunos documentos literarios y un par graficos, que en ese momento contemplaba.
El ser humano es un animal social y tiende a juzgar y ser juzgado. Es una reacción tribal, parte de nuestra forma de identificarnos entre nosotros. Aún así, existen determinadas cuestiones que, precisamente por ser privadas, deberían no ser sujeto de juicio. Como dicen en los Mandamientos del Pastafarismo, lo que pase en una habitación entre dos adultos con su consentimiento es asunto suyo y exclusivamente suyo. Pero tendemos a ser cotillas, a meternos donde no nos llaman, a faltar al respeto. Pensamos que tenemos la verdad sentada en nuestro hombro y que somos un ejemplo de virtud, mientras ignoramos o escondemos nuestras faltas. Lo justo no es perdonar todas las faltas, sino comprender que existen faltas. La compasión, esa virtud tan ensalzada por el cristianismo, comienza con el respeto y la empatia.
Como decía ayer, todos aprendemos cometiendo errores, lo que no quita que seamos responsables de ellos. Pero el castigo debe ser proporcionado a la falta y, a nuestro alrededor, se juzga con demasiada dureza conductas que, en su justo contexto son tonterías.
Como leí el otro día, "la gente debería dedicar menos tiempo a buscar motivos para ofenderse".
A través de la oscuridad gracias a la cultura
Estos son días oscuros. Días de dolor y soledad, días tristes. Llevo una semana y pico encerrado en casa, durmiendo mal, levantandome incomodo. Por cada paso adelante parezco dar otro hacia atrás, con todo lo que ello conlleva para mi espíritu inquieto. No tengo familia aquí ni ha venido nadie a visitarme, excepto los amigos que han tenido el detalle de acompañarme a las visitas medicas, así que como decía al principio, no son solo días de dolor sino también de soledad.
Dado que no puedo estudiar por el dolor, aprovecho los días en ocio. Ayer ví una peli, algo que para mí es casi una efemerides, y me encantó. Me llevé una agradable sorpresa, ¡cuantos temas! ¡que bien tratados! Una peli rara japonesa, "confessions", recomendada por una colega de Cádiz.
Sigo leyendo claro. Ya han caído dos libros recomendados por Luichi y ahora estoy con uno que me recomendó Lady Gato, "La sombra del viento". Cuando alguien nos recomienda un libro, siempre encontramos trazos de esa persona en la lectura y en este caso hay muchísimo de ella. Es un libro interesante, yo esperaba otra cosa pero se deja leer suave, elegante, cómodo. Así que, en medio de la soledad y el dolor, encuentro motivos para sonreír, encuentro motivos para seguir siendo optimista (esto tiene que ir mejorando), tengo esperanza por el futuro. Entre otras cosas, porque el ser huamno sigue creando y esa creación es lo que nos redime.
jueves, 3 de marzo de 2016
No hay nada equivocado en estar equivocado
Hay veces que, en mi cabeza, tiene lugar una conversación con alguien. A veces esa conversación es en otro idioma que en español y, en este caso en concreto, suena mucho mejor en inglés (there is nothing wrong in being wrong), porque el doble sentido del idioma permite evitar la reiteración. Es uno de esos pocos casos en el que la mayor riqueza léxica del español es una putada, porque la traducción buena sería "no hay nada malo en estar equivocado".
Dejando de lado este tan interesante tema de porqué el título es el que es (sí, lo sé, la intriga os devoraba), quiero hablar del area de confort y de como, la mayoria de nosotros, cada vez estamos más anclados en ella y menos margen de movimiento tenemos. Y una de las cosas que nos inmoviliza es el miedo a equivocarnos. Una amiga me comentaba en un correo que ella, hasta ahora, siempre se ha equivocado al adaptarse a los demás. Pero el extremo contrario, el no adaptarse a nadie, también es malo.
Aprendemos equivocandonos. El otro día escuché a Teresa Rodriguez, portavoz de Podemos en la Junta de Andalucia, achacar al gobierno socialista que en treinta y seis años en algo se habrán equivocado. Y pensaba, curioso, que todo proceso de aprendizaje comienza con la asunción de la ignorancia. Sin esta, sin el margen de incertidumbre que nos obliga a probar cosas, no existe el proceso de prueba y error que es parte ineludible del ciclo del aprendizaje. Cuando memorizamos algo, cuando asumimos que algo es así... está teniendo lugar un acto de fé. Pero el mejor aprendizaje, tal y como lo entiendo yo en mi iletrada opinión, es el que surge de la experiencia y del raciocinio. Lo probamos, vemos como va, lo analizamos y, finalmente, lo asumimos.
Pero tenemos miedo de equivocarnos. Tenemos miedo de perder el tiempo, de dejar pasar oportunidades, de arriesgarnos. Tenemos miedo de que salga mal... y a veces de que salga bien. Tenemos demasiado miedo. Y no existe nada malo en ello, siempre y cuando hagamos algo positivo con ese miedo. Hay que equivocarse. Hay que saber que hacemos algo mal... y hacerlo, para ver lo que pasa. Porque solo así aprenderemos.
Voy a terminar esto citando a Anomander Rake, un personaje de la serie "La saga de los caidos de Malaz". Primero en inglés y luego mi modesta traducción.
"There is no struggle too vast, no odds too overwhelming, for even should we fail - should we fall - we will know that we have lived." -Anomander Rake
"No hay ninguna lucha demasiado grande, ninguna oposición demasiado abrumadora, porque incluso si fallamos -incluso si caemos-, sabremos que hemos vivido." - Anomander Rake.
Actitud y sabiduria
Hoy quiero dedicar esto a una persona que aparece muy de vez en cuando en mi vida, pero siempre suma. Una persona a la que conocí de rebote, comentando la foto de una amiga de una amiga, y que a lo largo de estos años ha aparecido para "sacarme" de mi realidad y permitirme recargar energias.
No es real. Quiero decir, no la he visto en persona nunca ni escuchado su voz ni visto su expresión. Tampoco creo que lo haga. A su novio no le gusto y no le faltan razones. ¿De quién era esa canción? Anything my mama don't like. Creo que de Helloween.
Da igual. Toda relación es única en si misma, en la medida en que se construye en base a la interacción entre dos personas y va estableciendo su propio lenguaje, usos y costumbres sobre la marcha. Esta mujer me equilibra. Entre su ansiedad y la mía existe una especie de espacio vacio que es donde nos sentamos a charlar. Me gusta su forma de vida. Me gusta que, el día de su cumpleaños, escriba que quiere seguir envejeciendo, mientras que todo el mundo se mira al espejo esperando esconder arrugas. Me gusta que hable de su relación como "ese viaje en el que estamos metidos, esa aventura de la vida". Me gusta que sea tan literaria.
Y me gusta que asuma las cosas malas de la vida con una cierta naturalidad y un cierto humor negro, no desprovisto de inocencia, mientras se sigue haciendo preguntas. Porque la sabiduria es eso, la sabiduria es una forma de sentirse cómodo consigo mismo, con el mundo, con el misterio. Consiste en darse cuenta de que, aunque no podemos saberlo todo, eso no significa que dejemos de intentarlo. Porque la busqueda de sapiencia es, al igual que su relación, un viaje en el que estamos metidos.
Pero claro, una relación son mínimo dos. ¿Y qué soy yo? Pues no lo sé. Con algunas personas que he conocido he sido un mentor, ese venerable sabio con barba, mayor y más experimentado. Con otras he sido un apoyo, esa persona a la que puedes contarle cualquier cosa y te dará una solución. Son los roles con los que más cómodo me siento. Otras veces he sido cómplice, amigo, padre, consejero, amante, archienemigo, referencia,...
¿Y con ella? Pues a veces me siento como un espejo concavo enfrentado a otro espejo concavo. La información entra, cambia y sale devuelta, y vuelve en un circuito creativo. Las emociones surgen como pompas de un caldero, suben y explotan y luego vuelven a hundirse. No sé que soy... y no necesito saberlo. Como ya dije, esta mujer me equilibra. Templa mis nervios.
¿Y qué no sea real? Bueno. Tampoco necesito tanta realidad en mi vida. Durante mucho tiempo he mantenido que, si te pasa algo bueno, es mejor no comerse demasiado el coco y preguntar "¿y por qué? ¿y por qué? ¿y por qué?". Eso estropea toda la magia. Simplemente sientete agradecido y disfrutalo. Es muy fácil sentirse culpable por las cosas buenas que nos pasan, cuando tanta gente no tiene esa suerte.
Olvidalo. Si algo es bueno, es bueno. Fin. Se justifica a sí mismo. Y si algún día pasa a ser real, pasará a serlo como todo en esta historia, naturalmente, dentro de una conversación que dura ya varios años y que no se apaga, como una nota musical en la oscuridad exterior.
Como dije al principio, aparece muy de vez en cuando en mi vida y siempre para bien. A veces, quisiera aparecer más. A veces, quisiera coger el cielo con las manos. Y no se da cuenta de que, solo intentandolo, ya agarra unos cuantos puñados. Y esos puñados son más de lo que casi ninguno de nosotros puede soñar.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Lo que hemos cambiado
Lo que han cambiado las cosas. Hoy he escrito, una de esas cosas "creepy" que hago yo - lo dijo Mar e Yvi lo va a convertir en una etiqueta "legal" - a una chavala con la que me hablaba en el colegio. Hace como veinte años que no sabía nada de ella, exceptuando una noche que me la encontré en circunstancias personales. La encontré en el fb y claro, uno cotillea. Fotos con perros. Mensajes con la familia. Un amigo en común, del que tengo la impresión es gay y vive en Madrid. Buen tío por cierto.
El caso es que eso me ha hecho pensar. He recordado que, de pequeños, lo que me interesó de esa chiquilla era su aire resuelto, rebelde, contra el mundo. Llevaba el pelo corto y era muy deportista, y las otras niñas se metían con ella porque decían que le gustaban las chicas.
De eso hace veinte años. Es cierto que, en ese aspecto, Cádiz es una ciudad excepcional. Allí nadie se escandalizó nunca porque hubiera homosexuales y era algo bastante asumido. A nadie le gustaba y existía rechazo, claro. Estamos hablando de España en los noventa, no de la Grecia clásica.
No sé si esta chica finalmente resultó ser homosexual o no. Lo que me sorprende es como ha cambiado la perspectiva. Ahora la orientación sexual parece algo banal, sobre todo entre chicas jovenes, que una semana son heterosexuales y otras son bisexuales como quién cambia de grupo favorito. A su vez, la sociedad en su conjunto parece asumirlo como algo natural, sin ese rechazo brutal y despiadado que había antes.
Me parece bien. Me gusta que hayamos asumido que la sexualidad es algo natural y que incluso se banalice. Pero mirando para atrás y pensando en esta chica, me sorprende el camino tan enorme que hemos andado. De marginar a una chica por llevar el pelo corto y gustarle el deporte, en un colegio de monjas con uniformes, a una hipersexualización de la adolescencia e incluso infancia. Que viaje.
Contra el sentimiento de culpa
El otro día hablaba con una amiga de que, cuando decimos "debería", estamos poniendonos nosotros mismos una soga al cuello y tirando de ella. Y no funciona. Porque casi todo lo que "deberiamos", si queremos o si de verdad debemos, lo hacemos. Fin. Los "debería" son extras, son lo que los gallegos llaman "a mayores". Trabajo quince horas pero "debería" trabajar más. No joder. Si fuera algo posible, factible, util, necesario... ya lo harías. Esa notita extra lo único que sirve es para frustrarte, para fijar un techo de expectativas al que no puedes, ni realmente quieres, llegar.
Estoy enfermo. Son cosas que pasan, tarde o temprano nos coge a cualquiera. Y estoy rodeado de "debería" que a ratos, toc toc, vienen a pegar a mi puerta para hacerme sentir mal. Como si no tuviera bastante con lo mío. Generalmente soy racional, o logico, o coherente, o flojo. Elegid una. Y los dejo pegando en la puerta, sabedor de que mi tiempo y mi vida la organizo yo y que, si algo se pierde, pues quizás estaba destinado a perderse y no merecía la pena esforzarse tanto para algo que, total, tampoco iba a salir bien.
Citando a mi compañero de piso "Te explicas como un libro cerrado".
Aún así el concepto creo que se vé claro. Hay que evitar que nuestras percepciones nos fuercen. Hay que cuidarse y marcarse objetivos realistas. Hay que dejarse llevar. La vida es como una estacha, una de esas cuerdas que atan un barco al muelle. Si va demasiado tensa, rompe. Si va demasiado laxa, no sostiene nada. Tiene que combinar momentos de tensión con momentos de relajación, y hacer eso implica evitar el sentimiento de culpa. Si no, no nos curamos nunca y esos "deberia" acabarán convirtiendose en "habría debido de". Que suena fatal por ser compuesto. Evitad los verbos compuestos.
Y con esto, voy a meterme en manteca. Un saludo figuras.
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