jueves, 28 de agosto de 2014
Hambre
Estoy disfrutando como un enano con una novela que se llama "Hey Nostradamus" de Douglas Coupland. Particularmente la estoy disfrutando porque la anterior, "all families are psycho" me decepcionó bastante. Tras Generacion X y Microserfs, me consideraba fan a muerte de ese escritor, un autentico gurú, una inspiración, un canto a mi alma. Vamos, como lo que la gente dice que es Paulo Coelho, pero de verdad.
Hey Nostradamus recupera el espiritu irreverente y golfo de las anteriores novelas, donde Coupland establece similitudes imposibles, presenta metaforas recurrentes, crea imagenes de un grafismo brutal y, sobre todo, se rie sobre el absurdo del ser humano. Personajes que están atravesando momentos terriblemente trascendentes de su vida dedican ese instante a reflexionar sobre de donde puñetas vendrá el nombre del color "rosa palo" o sobre lo injusto (pero poetico) que resulta que los perros queden ciegos por la dulzura del azucar. Lo que más me gusta de la prosa de Coupland es que habla directamente a una parte enorme de mi alma conectada con eso, con el absurdo de la vida humana, que no por carente de sentido le resta pasión, intensidad y color, sino todo lo contrario. Dado que la vida no tiene sentido, que el caos es nuestro material y que Dios está ocupado jugando a las cartas consigo mismo... te jodes y bailas, como diría Angel. Pero bailas disfrutandotelo, dando todo, sabiendo que nadie mira. Vive así. Como si nadie mirara.
¿Y qué tiene esto que ver con el hambre? Porque en esa novela he encontrado a un personaje reflexionando sobre como las mujeres lo miran con hambre. O quizás solo sea deseo. Y me hizo mucha gracia esa apreciación, ese considerar el deseo un nivel inferior al hambre. Me encanta. A veces pensamos que nuestras sensaciones meramente fisicas son inferiores a las emocionales. Comer es algo inferior a saciarse. Cuando realmente la diferencia es de matiz. Correr durante una hora puede conectarte con Dios... o solamente hacerte sudar como un cerdo y quererte morir. Pero es que en el fondo, sudar como un cerdo y quererte morir ES conectar con Dios. Lo que cambia es tu capacidad para asimilar dicho concepto, tu estado emocional y tu percepción. Si pones de tu parte, siempre lo puedes conseguir. Por eso me gustó la reflexión sobre el hambre y el deseo.
Yo tengo hambre. Mucha. Pero no solamente deseo. No quiero sexo como gimnasia. Quiero sexo como satisfación, como pasión, como lucha, como sentido del humor. Quiero sexo como parte de una historia... pero cuando dices esto parece que quieres velas y la Dama y el Vagabundo (que por cierto, me pega mucho. En ambos papeles), como si todas las historias tuvieran que ser historias romanticas. Que tontería. Con la cantidad de comedia que tiene matices historicos. O peliculas de viaje. O demonios, pelis de terror, pero no quiero de esas. El caso es que vivir es tener hambre. Vivir es querer... demonios, querer vivir. Porque si no ansias algo, si no buscas algo, si simplemente dejas que un día suceda a otro esperando que pase algo que te saque de ti mismo, que te salve de ti... pues te puedes quedar esperando, majo.
Así que a seguir teniendo hambre. Y a pesar de que, como dije hace un rato: "necesitas amor, quieres sexo y tienes porno. Que mata el romance, que vacia el alma". Habrá que trabajar paso a paso, encontrar el sentido del humor, luego la curiosidad, luego la lucha y, finalmente, algo que merezca la pena ser contado. Porque mi objetivo, desde hace muchos años y como dijera Douglas Coupland en Generación X, es que mi vida sea una historia que merezca la pena ser contada.
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