sábado, 30 de agosto de 2014

A veces, sientes lo que quieres sentir


Esto no va por mi. Va por una colega mía que tiene una cierta tendencia a radicalizar sus sensaciones debido a la ignorancia perpetua de ellas. Como no le presta atención a lo que siente, siempre cree que nunca le había pasado lo que le pasa ahora. La ausencia de memoria conlleva la ausencia de referentes y nos lleva a inventar siempre la rueda. O en el caso de las relaciones, a pensar que este amor de mi vida no tiene nada que ver con todos los anteriores amores de mi vida y que yo soy totalmente diferente y que...
Es curioso. A mi no me afecta, pero reconozco que existe un atractivo muy intenso en las personas así, tan desquiciadas y apasionadas. Parece añadir color a algo que, por otro lado, es bastante mecanico. Por suerte con el tiempo uno aprende a esquivar determinadas historias, determinados problemas y a concentrarse en seguir adelante aprovechando lo bueno que la vida le da. Pero antes estaba pensando en eso. En como... "nada ha sido como esto", cuando visto desde fuera todos somos conscientes de que sí. Volviendo al conflicto entre realidad objetiva y realidad percibida.
Y volviendo al tema del titulo, una de las formas más faciles de sugestionarse a uno mismo es apelar a los sentimientos en lugar de a la razón. Por eso todos los demagogos y profetas que en el mundo han existido hablan desde lugares imaginarios, con mayusculas y escudandose en una figura inexistente, llamese razón de estado, Dios o X. Y claro, como no existe una forma cientifica de medir los sentimientos, es sencillisimo manipularlos y graduarlos en base a teorias totalmente peregrinas. Al fin y al cabo, la unica forma de conocerse a uno mismo es apelar un tanto a la objetividad y dejar el concepto de diva y divinidad aparte para asumir que uno es tan especial como todos los millones de personas que hay por ahí sueltas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario