domingo, 17 de agosto de 2014

Viajes veraniegos


Vaya si tenía ganas de coger el petate y tirar. Me hacía una falta... uf. La tensión del final del curso fue una locura. Luego le sumamos la incertidumbre del "¿y ahora qué?". Y mis prisas por amarrarme una vida antes de que llegara la proxima ola a ponerme patas arriba, como si de repente me hubiera olvidado que "patas arriba" es mi estado natural. Así que claro, esa vida amarrada quedó sin amarrar y sigo a la deriva. Pero no hay prisa. Todo llega cuando tiene que llegar y lo importante es ir reconociendo las señales y conocerse a uno mismo.

¿Sobre los viajes? Pues bueno. Fui a Kiev a que se limpiaran el culo con mi corazón y se rieran en mi cara. Me vino bien. Por un lado me puse en una perspectiva correcta y reconstruí mis defensas, estaba demasaido falto de cariño. Por otro, me he pasado con las defensas y le he cogido miedo a sentir. Y acumulo demasiada rabia, que el no hacer deporte me impide desfogar. También comprobé, una vez más, que lo que nos cuentan por la tele es mentira, que Kiev sigue siendo una ciudad enorme y fascinante y que mi ruso está en pañales, pero que mi oido funciona mejor que mi cabeza. Ese fue un viaje productivo. Luego vino la serie de cancelaciones en bateria mientras mi trabajo me ponía la zancadilla y caimos en picado, porque sigo siendo muy dependiente de la gente. Cosas que pasan. Quien vive por la espada muere por la espada y el vampirismo social es lo que tiene.

Tenía muchas ganas de volver al Reich con Jose. Era en cierto sentido el ritual de clausura del curso, un poco acabarlo como empezó. Y fue muy diferente, claro. Estuvo bien y vi montones de cosas. Todo el mundo debería visitar alguna vez un campo de concentración, es una experiencia... no sé. Berlin es una ciudad del mundo, es por así decirlo como un puerto entre la tierra y el espacio. Aun no tengo claro si me gustó. Pero todo lo que vi, todo lo que aprendí... me recordó quien soy. En cierto sentido me puso los pies en el suelo. Que es importante. Que no. Porqué merece la pena vivir. Ya de Kiev volví con ganas de hacer cosas, de empezar mi vida. Y ahora estoy en ello. Uno necesita hambre para salir a cazar y estos viajes me han dado eso, y mucho más. Risas y buenos momentos, frio y tristeza a veces, mucho, mucho en lo que pensar. Y ahora la agenda se despliega ante mi, infinita como la estepa rusa, y tengo tanto por hacer y ganas de empezar. A vivir. A vivir.

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