lunes, 15 de septiembre de 2014
Grados de hipocresia
Es curioso como no aprendo. No maduro. No me doy cuenta. Tengo dos opciones en mi presente situación. Puedo pegarle fuego al mundo, mandarlo todo a la mierda y empezar a verlo todo negro, o sea puedo callarme, meterme en agua caliente y no hacerle caso a nadie. O puedo jugar al juego de todos, sonreir, ser encantador, ignorar a la gente. Hace tiempo leí un comentario sobre los moros que me impactó, decía "son serviles y abyectos con el poderoso y arrogantes y tiranos con el debil". Anda mira. Pues va a ser verdad y resulta que los españoles SI somos moros.
Estoy muy calentito. No debería estarlo. Pero no comprendo esa paradoja de venderme un standard moral altisimo al que debo aspirar, pero eh, solo cuando haya gente mirando. Solo cuando cuente para la medalla. Al fin y al cabo todo se traduce, al contrario que en el poema de Calderón, en aparentar y no ser. Pues bueno, señores, yo no juego a eso. Me niego. Pero claro, tendré que irme. Si todo el mundo va para la derecha y yo voy para la izquierda, pues... quizás el fallo sea mío. Así que bueno. Voy a optar por callarme y seguir a mi ritmo. Porque la verdad, cada vez le veo menos sentido a esforzarme tanto, a echarle tanta voluntad, a preocuparme, a tomarme las cosas en serio. Cuando era Prosi era un tío en el que la gente podía confiar. Ahora... ahora me siento que no soy nada. Y estoy hartisimo de no ser nada.
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