martes, 30 de septiembre de 2014
Hay momentos en que
Uno se da cuenta de que está equivocado. Que la culpa no puede ser siempre de los demás. Del tiempo, de la ciudad, del horario... hay momentos en que uno se da cuenta de que, quizás, el fallo esté en uno mismo. En mirar siempre hacia el horizonte esperando esa salvación que puede llegar... o no. En esperar que aparezca esa persona que te salve de ti mismo. En refugiarte, una vez más, en sueños imposibles que sabes que no tendrán lugar.
Entonces es el momento de tomar decisiones. De sacar algunas cosas de tu vida. Es el momento de decir "mira, no estoy de acuerdo con esto." y de darte a valer. Porque cuando uno se siente debil, cuando se siente pequeño... cualquier cosa le vale. Y ni puede ni debe ser así. Ojo, no estoy hablando de valer en el sentido sexual. Estoy hablando de valer en el sentido de "eh, tengo una tarde libre. Vamos a vernos." No mira. Tienes que disfrutar de tu tiempo, que vale muchisimo, con gente que realmente te aporte algo. Con gente que no se apoye en ti, sino que te dé algo a cambio de lo que recibe. Y aparte, con gente que realmente quiera estar contigo. No gente que te diga "sí, bueno, vale, quizás...". No. Gente que decida que verte a ti es importante para ellos y supone una diferencia. A las que tu les digas "ná, paso" e insistan. Sí, hay muy poca gente así. Pero precisamente porque hay poca, a esa gente hay que cuidarla. Y cuando la tienes, disfrutarlo. Aunque a veces te suponga renunciar a cosas que te gustarían.
Estoy muy jodido. Tonteo con una depresión grave, y lo sabes. Me faltan objetivos vitales, me falta disfrutar de la vida. He caido en una espiral, porque me he pasado demasiado tiempo reprimiendome y ya no sé expresarme. Me la pela. Me da igual todo. Mañana será mejor... o no. Y en este momento tengo que darme cuenta de que está en mi salir. De que el problema no está fuera sino dentro. Y que si quiero hacer algo con mi vida, más allá de alargar los días y las horas y dejar que vayan cayendo hojas del calendario, es empezar a tomar decisiones. Trazar lineas de esas que decía Charlie Ojeda. Y trazarlas con sangre si hace falta.
Así que fuera los mercaderes del templo y vamos a orar. A ver que pasa. Por de pronto, cosas que me gustan. Baloncesto. Muñequitos. Rol. Gente con la que disfruto de esas cosas. Colegas. A mi aire.
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