martes, 9 de septiembre de 2014

La victoria está en ti


Es curioso como nos buscamos. Existe la distancia fisica y la distancia espiritual. Una es obvia como va, la otra... de repente sientes algo. Piensas en una persona. Y como si se encendiera una bombilla, mandas un sms. Un whatsapp. Un mail. Algo. Y al otro lado, sin que tu lo supieras, esa persona estaba pensando en ti y contesta. Y aunque tengais cientos o miles de kilometros entre vosotros, estáis muy cerca y ese contacto, breve, momentaneo, te estremece por dentro con la sensación del cariño. O el amor, que coño. Que parece que da miedo esa palabra.

También es curioso el tema del orgullo. Yo tengo una relación extraña con el orgullo, a veces me paso y a veces no llego. Quizás en esas fluctuaciones observo a otra gente desde fuera. Cuanto tiempo hace que no me escribe. Ahí está, en el facebook. ¿Empieza él o ella una conversación? Tampoco tendrá tanto interés. ¿Por qué siempre tengo que empezar yo?
Y como quien no quiere la cosa un mensajito. "Te tengo que prestar este libro". "¿Viste esta peli?" y el mensaje entre lineas. Te echo de menos. Una frase que parece que no significa nada, pero que demonios... significa tantisimo. Esa frase es la mano tendida en la distancia y el espacio, a través de la monotonia, la tristeza, los esfuerzos. Es el espacio en blanco antes de un parrafo en un nuevo folio.

Y me encanta. Acaban de pintarme una sonrisa de oreja a oreja con una tontería de esas. Porque con determinada gente no hacen falta las palabras. Con determinada gente existe una complicidad intima, divertida, que va mucho más allá de los gestos, de las caricias y de las historias. Y cuando eso pasa, cuando te dicen una cosa y tu entiendes cosas que la otra persona quería decir, y ni ella misma la sabía... entonces sabes que estáis juntos, que vuestros espiritus se han tocado, y hay pocas cosas más hermosas que esa.

Pero hablemos del tema del titulo. ¿Por qué digo que la victoria está en ti? Porque somos nosotros nuestros peores enemigos. Nuestras dudas y nuestras inseguridades. Nuestra certeza del fracaso. No, no voy a intentar eso, es imposible... y de repente alguien pasa a tu lado y lo hace. Demonios. Pues resulta que no era imposible. Hijo de puta, que mal me ha dejado. Nos pasamos la vida queriendo seguridades, certezas, hechos... mirando lo que NO puede ser, en lugar de lo que es. Porque, ¿quién sabe si estaremos vivos mañana? Así que disfruta ahora. Sonríe, baila, disfruta. Vive el momento. Sabiendo siempre quien eres pero... ¿por qué negarte una sonrisa, un abrazo, una caricia? ¿Por qué negarte un rato de felicidad? Y que te quiten lo bailado.

Quiero dedicar esta reflexión a esa persona que me ha tocado hoy desde la distancia, en un momento un poquito tal para mi. Gracías, tía. Porque siempre me pintas una sonrisa, maldita seas. Ole tu.

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