martes, 7 de julio de 2015

Comprando una tregua


Hoy tenía un momento un poco de bajón. Ya sabes, que voy a hacer con mi vida, el tiempo pasa, etc etc. Treinta y tres añazos y sin proyecto de futuro, ni ganas de tenerlo. Estaba pensando en decirle al jefe que si podría darme un día libre para irme a España. Y me planteé el dialogo -es una forma como otra cualquiera de prepararse posibles respuestas a posibles preguntas-. Coming home?
Bueno, no. Para mi home es Jose. Desde que Jose se murió, soy Homeless. Hay sitios a los que les tengo más cariño. Reconozco que la casa de Ferrol era "mi casa". No era un hogar, pero era "mi casa". Me gustaría montarme algo parecido. Pero claro, para convertir una casa en un hogar hace falta algo más que un espacio físico que te guste. Hace falta llenarlo con gente, con risas, con musica y con historias. Con peliculas en el sofá comiendo palomitas y con gente que llega de repente con una botella de Coca Cola y un paquete de papas. El hogar, como decía el sabio, es donde te sientes querido y quieres.

¿Lo que yo tengo en Madrid? Pues no está mal. Es lo más parecido a un hogar que he tenido en mi vida adulta, la verdad. Hicimos la fiesta de bienvenida. He traido invitados. Puedo tumbarme en el sofá con un libro y que pasen las horas. Y me doy cuenta de que lo mío de Madrid es una tregua. Mis amigos de allí tienen sobre veinticinco años, están en esa fase de la vida en la que te planteas buscar un trabajo "en serio", tener hijos, buscarte una casa... es cuando empieza uno a montarse sus proyectos. Es un poco triste que esos proyectos probablemente tarden entre cinco y diez años en dar frutos. Pero esos cinco-diez años son la tregua que tengo. Luego, con cuarenta y tres como mucho, volveré a la casilla de salida. Eso suponiendo que me quede por Madrid, que está por ver. No me gusta la ciudad. No me gusta tener que elegir entre vivir en un piso que no me gusta cerca del mundo o vivir en un piso guay en el medio de la nada. O vender mi alma por un piso, claro. El caso es que tengo bastantes opciones pero, visto desde aquí, me doy cuenta de que necesito construirme un hogar. Y me gusta el proyecto. Comprarme una casa antigua-medio antigua y ponerla a mi gusto. Vintage, un poco como yo. Hace un año eso parecía imposible. Ahora, desde aquí, no está tan lejos. Todos los tontos tenemos suerte. Vamos a ver si, de verdad, dos mil quince es el año en que las cosas empiezan a salir. Poquito a poco.

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