lunes, 13 de julio de 2015
Que paren Europa, que yo me bajo
Me sorprende como me ha afectado abrir hoy internet y encontrarme, por tres sitios diferentes, confirmada la noticia: Grecia crea un fondo con 50.000 millones de Infraestructura pública como garantía del cumplimiento de los acuerdos.
A ver, ya hace años que se lleva escuchando. No sé si hace tres que escuché aquello de que "Si Grecia vendiera sus islas la deuda sería perdonada". O que cedieran la explotación del Partenón. No hace mucho, el Puerto del Pireo. Y esta mañana, leyendo comentarios de un artículo de John Carling, a alguien que planteaba "Imaginense que los catalanes hablaran de los extremeños en los terminos que uds están refiriendose a Grecia. ¿A qué tomaría otro color este debate?".
Yo soy de una generación un poco atravesada. Entiendanme, yo nací en el 82, el año del referendum de la OTAN. Yo no nací integrado en la UE, sino que fui viendo sus pasos casi en tiempo real. Cuando el referendum de Maastrich yo era un pibe y he visto cambiar mi país de forma que, como dijo Alfonso Guerra, "No lo va a conocer ni la madre que lo parió". En muchas cosas para bien. En otras para mal.
A mi me es muy facil identificarme con esos ucranianos que se manifestaban queriendo ser parte de Europa. Porque Europa, así escrito con mayúsculas, es un sueño maravilloso. De adolescente quise estudiar alemán para irme allí, a un país "donde se hacían las cosas con sentido común, con raciocinio". Al contrario que mi colega Jose, nunca he sido anglófilo porque mi abuelo era pescador y sé lo que son los ingleses, como cualquiera que se haya acercado alguna vez al mar, y Francia siempre me resultó un lugar muy hipocrita. Pero para mi, Europa siempre fue "algo más". La mezcla de todos nosotros que nos haría mejores. La creatividad italiana, el orgullo español, el orden alemán, el sentido del Estado francés. Para mi, Europa era el sueño que había sido en el periodo de post-guerra, un lugar de clases medias, de ilustración. Un "Estado Social de Trabajadores", como decía la Carta Fundacional de Bonn. Un lugar donde, entre todos, superariamos la corrupción y la miseria, el nacionalismo y el fanatismo, la envidia.
Aún hoy, soy un firme defensor del sueño europeo. La gente dice que he viajado mucho, pero casi todos mis viajes se limitan a Europa. Conozco España casi de punta a punta y mi idea es hacer lo mismo con Europa, porque yo me siento parte de este continente. De ese proyecto común, que tanto me dolió votar "no" en la consulta sobre la constitución cuando la mesa compuesta por el Sr Brr, el Sr Francis y el (entonces) Sr Juan concluyó que estaba construyendose una Europa del Capital, en lugar de una Europa de los europeos.
Pero entonces llega lo de hoy. Y te dan una bofetada horrible en toda la cara. Tras años de Le Pen, de Ukip, de extrema derecha holandesa, de los balcanes, te encuentras con lo de hoy. Tras un referendum griego que ha sido un "no" a la forma de entender Europa como cada vez más alejada de la gente, una Europa en la que Alemania crece y los alemanes cada vez son más pobres, donde un tipo implicado en crear paraisos fiscales para robar a otros estados europeos es presidente, donde Durao Barroso (Durao Barroso!) es una institución en sí mismo, a Grecia le dicen "¿no quieres caldo? pues toma dos tazas". Y de camino le secuestran, seguramente, el puerto del Pireo.
¿Ya no se respeta nada? Me imagino lo mismo en mi pais. La Estación de Atocha intervenida. El Aeropuerto de Mallorca. Las Ramblas de Barcelona. La Catedral de Sevilla. La Universidad de Salamanca. El puerto de Algeciras.
Es muy difícil crear sueños así. Es muy dificil sentir esperanza, ilusión, alegria, con sueños así. Ahora que la gente se tira la historia a la cara, nadie ha mencionado aún un detalle curioso. Después de la Primera Guerra Mundial, en un invierno terrible, los holandeses reunieron alimentos por todo el país para mandarlos a Alemania para que los niños no murieran de hambre. Cuando Holanda fue ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes les devolvieron el detalle requisando alimentos y provocando no recuerdo cuantos miles de muertos por inanición. Alguien dijo que el sueño de la razón engendra monstruos. ¿Cuanto tiempo hemos estado durmiendo, para tener que despertarnos así? ¿Para esto van a servir los sueños de tantos que creiamos en Libertad, Imperio de la Ley, Solidaridad, Integración, Cultura? Yo trabajo con gente de una veintena de paises. Vivo el sueño europeo que siempre quise, juntos y revueltos. Y aún así, el tirón del nacionalismo está ahí debajo y nos segrega.
No tengo claro que quiera vivir en una Europa que se construye a la contra. Esta no es la Europa que yo quise haber votado.
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