miércoles, 2 de mayo de 2018
Bicho
Ayer estuvimos comiendo con unos amigos y conocí al novio de una amiga mía. Y la verdad, coincidió con lo que me esperaba. ¿Sabéis esa alegría cuando conoces a alguien con quién te entiendes y te llevas bien? Pues algo así fue. Y lo mejor fue verlos juntos. Compartiendo, bromeando, riéndose. Cuidándose el uno al otro y, a la vez, buscándose las vueltas.
A veces, no sé si me estaré equivocando. Si estaré a la altura, si cuando llegue la oscuridad sabré hacerlo. Y en cierto sentido creo que sí. Porque ayer hablaba con este hombre y... demonios, lo entiendo. Y comparado con su situación, la mía es "fácil". Nosotros tenemos más medios, más capacidades. Lo único que puede que nos falte es tiempo y rodaje, pero eso lo iremos construyendo poco a poco. Y tenemos respeto y cariño y paciencia y voluntad y muchísimo carácter. Así que puedo ser optimista, porque creo que merece la pena serlo.
Aún así, siempre es inspirador ver gente que crea y comparte. Ver gente con iniciativa y sentido del humor y ganas de vivir. Gente con curiosidad y humana, gente que se emociona. Ayer recordé dos momentos. Uno, cuando Ira estaba haciendo el Camino de Santiago y conoció a una italiana que estaba saliendo con un chico de Cádiz. Ira bromeando le dijo "los chicos de Cádiz son los mejores" y la italiana le dijo "por supuesto, eso lo sabe todo el mundo". Y el segundo momento que recordé es cuando le conté a Natalia que estaba mayor para algunas cosas y me la encontré mirándome con cara de pena. Porque existe gente que, de naturaleza, es buena. Gente que quiere ayudar a los demás y hacer buenas cosas. Y esa gente hay que cuidarla y apoyarla, porque son ellos los que hacen del mundo un lugar mejor. Aquella cita de Bertolt Brecht sobre la gente que lucha toda la vida sigue siendo cierta, porque el mundo sigue necesitando gente así.
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