A veces, pienso que no tengo claro quien soy. Que en mi interior conviven varias personas y que se van dando paso, unas a otras, para dirigir el cotarro. A veces mis cambios de humor me inquietan.
No considero que sea una persona rencorosa, porque el rencor es terriblemente poco eficaz. Si uno "guarda" un agravio durante meses, eso lo único que consigue es agriarle el carácter. Se te pudre en la nevera y todo te sabe peor. Te contamina.
Pero a veces, uno tiene que devolver los golpes, incluso aunque sepa que va a perder. A veces, uno tiene que levantarse y hacer oír su voz, aunque solo la escuche uno mismo. Porque lo contrario es humillarte, es perderte. Es renunciar a tu dignidad mínima, a esa que como ser humano te corresponde.
A veces, no puedes ser amigo de todo el mundo.
Y eso está bien. Uno tiene que elegir un campo y en que lado de él se delimita y, a partir de ahí, tomar decisiones y asumir consecuencias. Estoy empezando a entender que, el rencor, no es guardar en tu interior rabia esperando para descargarla. No. El rencor bien entendido es plantear un tipo de relación con una persona y obrar en consecuencia.
El otro día hablaba sobre que, para mi, existen dos tipos de criaturas. Seres humanos y seres no humanos. Yo no pierdo el tiempo con aquellos que no me aportan cosas; para mi, es como si no existieran. Me parece que esa clasificación, que tan bien parece irme en lo personal, voy a tener que exportarla a otros entornos. Y dejar que todo vaya como tenga que ir, aunque me perjudique.
Claro que, una vez asumida una postura de conflicto, ya solo queda continuar el enfrentamiento hasta donde llegue. Y sé que perderé. Pero ya lo decía Ibárruri y no le faltaba razón.
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