jueves, 17 de mayo de 2018

Falta madurez

Cada año tienen lugar problemas, discusiones y conflictos. Decía José Bonaparte que "España es el único país del mundo donde entran diez personas a pedir café y piden diez cafés distintos: americano, largo, solo, manchado, con leche,..."
Y lo sigo viendo. Día a día. La falta de flexibilidad, de voluntad, de compromiso. El "yoismo" (como odio esa palabra), ese egocentrismo que es incapaz de ver más allá de mi realidad. Ese "que se joda el de al lado". Sin ser consciente de que lo que damos es lo que recibimos y que, va a llegar un momento, en que nuestra falta de visión de futuro provoque que nos veamos en una posición complicada.
No puedo decir que me parezca correcto. La falta de empatía, de solidaridad, solo crea problemas. Rencor. Llega un momento en que la otra persona, que estaba dispuesta a colaborar, no lo está más. Comienzan las malas caras y las discusiones. Los problemas. A veces, es tan fácil como sacrificarse un poco. Pero cuando una parte deja de querer colaborar, la otra tampoco lo hace. Ese es el momento en que empieza el "salvese quién pueda" y los multiplicadores de esfuerzo, ese aumento de capacidades que sucede cuando dos mentes empujan en la misma dirección, desaparece.
Ese es el momento del liderazgo. De explicar las cosas, de ponerse al frente. De sacrificarse, uno mismo, para dar ejemplo y poder desatascar una situación complicada y enquistada. El liderazgo comienza con mirarse a uno mismo y entenderse, con creer en lo que hacemos y en quienes somos y en asumir responsabilidades.
Pero es difícil. Para mucha gente, el liderazgo consiste en dar ordenes y que la gente obedezca. Por eso existe toda una literatura sobre el "líder formal" y el "líder informal", cuando es algo que debería de entenderse instintivamente. Liderar consiste en ser ejemplo. Y madurar consiste en asumir que, a veces, no podemos ponernos las gafas de cristal rosa y ver el mundo a través de ellas.

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