domingo, 27 de septiembre de 2020
Sobre Noland y Pepa Pig
Hoy comentaba sobre la perdida de calidad en los contenidos de ocio. Venimos asistiendo a una sucesiva, primero despolitización y después un "ahuecado" filosófico, ético y moral de nuestro ocio. Es un proceso que tiene lugar en una doble vertiente porqué... ¿qué viene primero? ¿La ausencia de contenidos "elevados" para una población formada, o el interés de la población en productos cada vez más básicos, más elementales, más sencillos? Hoy discutía con una colega sobre la cita de Nietzsche respecto a que son necesarios escritores "malos", porque es parte del proceso de aprendizaje el desarrollo de contenidos de un interés inferior.
Pero volvamos al ejemplo del título. Hace tiempo me encontré un meme sobre dibujitos de los años 80 VS dibujitos actuales. Y comparaban una cita de caballeros del zodiaco sobre las virtudes que debe desarrollar una persona, con los contenidos de Pepa Pig. Que son basicamente, sonidos y estímulos. Me imagino que los enanos de ahora, igual que nosotros en nuestra época, se quedan empanados delante de la pantalla y así no molestan a sus padres. Pero mientras que nosotros lo haciamos con Barrio Sesamo, Goku, los Fraggle y El Mundo de Beakman, los enanos de ahora tienen a Dora la Exploradora, a Pepa Pig y a otros contenidos que, en mi época, eran para preescolares. Quizás esa es la trampa, que estamos comparando grupos de edad diferentes. No tengo hijos, así que si alguien puede corregirme lo agradecería.
Y entramos con Noland. Ayer fui a ver "Tenet". Y no es mala película, es muy interesante. En la línea de Interstellar o Inception, plantea cuestiones de física avanzada para narrar una historia muy básica, muy shakesperiana. Como decía mi mujer, Interstellar trata de la relación entre un padre y una hija. Tenet, trata de cumplir con tu deber. Lo inquietante de Noland, lo que me resulta molesto, es que sus películas son muy snob. Presumen de un conocimiento que está al alcance de muy pocos espectadores y no se lo aproxima. No es pedagógico, sino pedante. Un verdadero intelectual, cuando emite un juicio, intenta aproximarlo a la audiencia. Claro que aquí nos encontramos con la paradoja de Pepa Pig. ¿Como explicar conceptos de física avanzada a un público entre el que se encuentran terraplanistas?
Así que nos vamos a los extremos. Tenemos una sociedad cada vez más radicalizada sobre cualquier tontería, fragmentada en infinitos campos e incapaz de alcanzar acuerdos. Por un lado, tienes a aquellos que, como no tienen cultura ni pretenden tenerla, admiran a gente como Noland porque emite algo que suena a magia, pero que no lo es. De hecho, el experto cientifico de Interstellar explicó que, si bien la película se basaba en principios reales, los lleva más allá para narrar la historia. Lo que significa que, si bien suena posible, es falso. Así que tenemos a alguien que hace ruidos, dice que es ciencia y lo adoramos, porque es magia. Las películas de Noland resultan tan reales como Star Wars, pero (y esto es lo grave) trabajan sobre bases cientificas reales. Es un poco como Regreso al Futuro, si te dijeran que el Delorian cuenta con un motor de XGAJSF que permitiría viajar en el tiempo.
¿Cual es el otro campo? El que directamente le da igual. Y tenemos de un lado a una población que considera la ciencia algo entretenido y del otro a alguien que lo considera una fantasía. Nadie establece un debate real sobre dinamicas de poder, factores económicos, investigaciones. Aparece alguien con una bata y te dice "estamos investigando esto" pero no porqué, ni como, ni cuando... todo es un poco James Bond. Es fantasia, pero es fantasía con una base real.
Al final, el problema real y común que tienen Noland y Pepa Pig es que emiten contenidos para una sociedad que no cree que pueda mejorar. No cree que merezca la pena esforzarse por investigar, aprender, formarse. No cree que existe gente que está haciendo un esfuerzo por convertir el mundo en un lugar mejor, porque el concepto de esfuerzo o de valores se considera superado. Vivimos en el Gospel of Wealth que decía Graeber, la creencia que el dinero es un fin en sí mismo y todo lo demás da igual. El debate ecológico del final de Tenet queda enmascarado en la idea de que es inevitable, de que la paradoja del abuelo o la teoría de futuros infinitos son cuentos narrativos. Nadie se plantea que, efectivamente, el mundo puede y podría ser distinto. Consideramos superada la política, porque hasta cierto punto lo está. ¿Para qué plantearse un concepto de justicia, de dignidad, de igualdad...? No queremos eso. No queremos derechos, no queremos reclamaciones, no queremos conflictos. Mejor saltar sobre el charco o ver como mueren infinitos minions haciendo... lo que se supone que tienen que hacer, porque el mundo está condicionado, todo está decidido. Rindamonos al demiurgo.
Noland y Pepa Pig son más nihilistas que Nietzsche. Maldita sea mi estampa.
jueves, 24 de septiembre de 2020
Sobre el contrato scial
No sé ni porqué me molesto con estas cosas. Supongo que porque hoy me he levantado con el pie cambiado, porque me duele el hombro o porque tengo hambre. Ni idea.
El contrato social. Una obra de Rousseau que no me he leído, lo que me pone al nivel del típico "entendido" que habla de todo, pero cuyo concepto básico entiendo, porque es de sentido común y la base de posteriores estudios. En una sociedad donde siempre existe el recurso a la violencia, la única forma de coexistencia pacífica pasa por un acuerdo entre los gobernados y los gobernadores. Como decía un profesor militar que tuve, la autoridad es una ficción. Cuando el policía te dice "haz esto" y tu lo haces, lo estás haciendo por la amenaza contenida en la autoridad. Pero esa amenaza es simplemente momentanea. Si un policia se dirige a seis chavales que están sentados y les dice que se identifiquen y le den sus documentos... ¿qué impide a los chavales levantarse, apalear al policía y seguir con su vida? La serie de normas y constructos sociales en que vivimos, que se reducen al conocimiento instintivo de que una acción así no quedará sin castigo.
Eso no es así en todo el mundo. Este es un detalle importante. En algún lado leí que los occidentales tendemos a pensar que el resto del mundo es como nosotros, pero con vestimentas típicas y eso es una tontería enorme y es peligrosa. En buena parte del mundo, hay barrios donde la policía no entra, donde la amenaza de la violencia no está tan lejos de la realidad o donde tu identidad tribal pone tu vida en peligro. Y no sucede solo en países remotisimos del tercer mundo.
¿Por qué meto este inciso? Porque tendemos a pensar que la violencia es ese recurso olvidado, del neolitico, que no tiene sentido en el discurso político actual. Y la violencia es un elemento fundamental de las relaciones humanas. El ejercicio de la misma o la amenaza de ejercerlo es uno de los elementos fundamentales de las ecuaciones de poder. Citando a Stalin, cuando le dijeron que el Papa Católico condenaba el gobierno comunista de Polonia, "¿Y cuantas divisiones acorazadas tiene el Papa?".
El contrato social se basa en la asunción de que "el pueblo", "las masas", o cualquier otra palabra que usara Hitler en un discurso para referirse a esos idiotas que asaltaron la Bastilla, se van a quedar quietos y no van a asaltarla si se le conceden determinadas cosas. El grado de exigencia va en función de la época y de la percepción de agravio, pero la píramide de Marslow nos da una buena aproximación a ella. Si la gente se muere literalmente de hambre, que nos maten a unos cuantos contal de hacerselo pagar a ellos no es tan descabellado. También depende de la cultura y del entorno; por la mitad de lo que tuvo lugar la revolución de Octubre, en España se produjo el Dos de Mayo. El ejercicio del poder es un complicado equilibrio, porque nadie tiene un termometro que te diga en que momento "la plebe" (me encanta esa palabra) va a saltar.
Lo que está claro, en este entorno global en el que vivimos, es que el efecto mariposa existe. Que el punto de ruptura no se tiene muy claro donde está. Y que la legitimidad del gobierno, esa expresión tan bonita, es el punto en el que su capacidad para ejercer el mando es aceptada y respetada por los gobernados. Que pueden o no ser partidarios de este, pero deben aceptarlo si pretenden una convivencia en sociedad. En toda democracia, donde existen diferentes grupos identitarios y de presión, va a haber grupos más y menos favorecidos. La cuestión es, ¿en qué momento yo paso de ser grupo desfavorecido a ser turba rabiosa? ¿Cual es el grado de desafección que me permite decir, no ya que este gobierno no me representa, sino que este gobierno no tiene derecho a mandar?
Volvamos al ejemplo africano. El gobierno lo ejerce otra tribu. Ellos ponen a su gente en los puestos de dominio, organizan la educación en su idioma, purgan al ejercito y la policía. Me hacen pagar impuestos por sacar agua de mi pozo. Los sobornos que tengo que pagar para tener electricidad se disparan. Pero bueno, si no son ellos serán otros. Y de repente, mi equipo de fútbol es ilegalizado. Y por ahí si que no. Así que yo y mis compañeros, cogemos unos machetes y decidimos que hasta ahí hemos llegado.
¿Parece absurdo? Es un ejemplo claro de ruptura del contrato social. Determinados elementos del gobierno común, del uso del poder por los dominantes sobre los dominados, están sujetos a debate y su uso puede devenir en abuso sin consecuencias. Otros no. En mi caso, yo sé en que momento el gobierno ha perdido la legitimidad para mi. Pero dado que creo en el sistema de turnos en que vivimos, mi acción no supone coger un machete, sino esperar a las siguientes elecciones y cambiar mi voto. Dado que tampoco creo en el prosiletismo y en mi misión evangelizadora política, participo de debates cuando los hay y doy mi opinión cuando se me pide. Fin. Otra gente entiende que su responsabilidad ciudadana es convertir al pagano, sin entender que la política, como decía Pepe Mugica, consiste en alcanzar acuerdos y saber ceder. Pero dado que en nuestra cultura eso aún no ha llegado, me parece que vamos a seguir viendo contratos sociales a la africana, Unión Europea mediante.
Mucha suerte a los que tengáis hijos.
Porque somos una democracia al nivel de Uganda
Hoy he cometido la locura de asomarme a redes sociales. Parece que me aburro mucho. Y al hacerlo he constatado algo que lleva tiempo llamandome la atención.
No tenemos espacio a la disidencia (tenía ganas de usar esa palabra, tan de "La vida de Brian"). En este bendito país de Dios, las opiniones se dividen entre "conmigo a muerte" o "contra mí a muerte". Aún entendiendo que la gente que se considera neutral (yo intento estar en ese registro) no se molesta en predicar o convertir a gente a su causa, y que los exhaltados son tres... en primer lugar, no son tres, y en segundo lugar son tan visibles que compensan.
Miramos por encima del hombro a la política africana porque está orientada a la tribu y a la identidad. Pero realmente la democracia consiste en eso y es bastante fea. Es mi turba contra tu turba. Durante decadas, en Europa Occidental, han existido determinadas convenciones sociales que han limitado los extremos. Todavía en algunos sitios los limitan. El recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, cuya sombra se va apagando a medida que los que la vivieron desaparecen, así como el recuerdo de otras guerras... los "tiempos duros que hacen hombres duros" de los que hablaban hace poco, van quedando en el recuerdo. Gracias a Dios, vivimos en una sociedad donde no muere gente de hambre literalmente. Los más desatendidos de nosotros, los abandonados, los olvidados, cuentan con Caritas, el banco de alimentos, trabajadores sociales de los ayuntamientos... esto es así gracias a una serie de compromisos sociales, que me parecen absolutamente innegociables. Eso nos convierte en mejores seres humanos y abre la puerta a que podamos concentrarnos en desarrollarnos como personas. Tenemos servicios garantizados con los que nuestros bisabuelos ni soñaban. Sanidad y educación gratuitas. Ropa y alimentos a precios que nos permiten desperdiciarlas. Agua potable al alcance de cualquiera.
Todo esto, que parece obvio, no lo digo para hacer un "rights scolding" (voy a adorar esa expresión). No. No considero que no tengamos derecho a reclamar cosas solo porque tenemos algunas. Tampoco considero que los derechos que tenemos solo puedan ser conquistados; una sociedad madura negocia. Alcanza acuerdos. Redistribuye. Y a proposito de eso va lo siguiente que voy a poner.
La función de todo gobierno es la redistribución. Pero ningún gobierno es inocente. En democracia, el gobierno se supone que representa a una mayoría social, que le da una "orden" (no me gustan las traducciones de "mandate" que he encontrado) de ejecutar determinadas políticas. Esas políticas son de interés para la mayoría, si bien el gobierno tiene unos límites, marcados por los excesos que esa mayoría NO aprueba se cometan en su nombre. Volviendo al ejemplo africano, mi tribu puede considerar que somos los únicos con derecho a agua potable, por lo que a las demás tribus que les den. Pero en un estado "maduro", la sociedad entiende que no puede tener agua potable solo una tribu, porque eso llevaría a que las otras consideraran tomar la suya mediante la violencia y el contrato social se rompería. Sobre el contrato social, luego escribiré algo más.
¿Por qué digo que estamos al nivel de Uganda? Porque hemos permitido que la identidad tribal "diluya" nuestra responsabilidad con las otras tribus. Porque hemos establecido campos, en esta España donde como escribió Perez-Reverte las guerras civiles no son acontecimientos históricos, sino estados de humor, que no negocian, que no ceden, que no se permiten considerar otras opciones. Decía Ortega y Gasset que el español no negocia, golpea con sus argumentos al adversario hasta que lo aniquila. En España, dimitir es un nombre ruso. ¿Suena divertido? No lo es. No lo es cuando tenemos un gobierno que ha ejercido el peor liderazgo ante la crisis del coronavirus de Europa, pero al que las únicas cuentas que se le piden vienen de gente que no reconoció su legitimidad en primer momento. En este país o eres fan del gobierno a muerte, así te envenene la comida y viole a tus hijas, o eres enemigo a muerte del gobierno (jamás te lo perdonaré Manuela Carmena, ¡jamás!).
Y eso me da mucha pena. Por suerte, el estado de bienestar en el que vivimos hace que determinadas pataletas se queden en eso, en pataletas. Pero para poder ejercer una crítica responsable son necesarias varias cosas. En primer lugar, un cierto alejamiento emocional de la cuestión. En segundo lugar, una relativa objetividad (o al menos no un obvio partidismo). En tercer lugar, un conocimiento de lo que se está hablando. Sin ninguna de esas cosas, la gente que clama por un golpe de Estado (llegó a existir una propuesta en change.org), los que critican absolutamente todo lo que hace el gobierno, son unos hooligans. Pero dado que la defensa del gobierno consiste en "y tu más", coreado por sus ocasionales fans identitarios... pues la cosa en general da bastante pena. Yo no voy a defender al gobierno cuando no tiene razón, porque no "soy de ellos". Yo obviamente tengo una identidad política, pero mi identidad política va con políticas, no con personas. Es decir que el hecho, la acción, no el nombre que le ponen es lo que consigue mi adhesión. Un partído político no es un equipo de fútbol. Un partido político es una herramienta de desarrollo de políticas, de igual forma que una empresa de tapones es un negocio que hace tapones. Si no te gustan los tapones, no apoyes a una empresa de tapones.
Como conclusión, solo quiero decir que mientras no exista un debate adulto y todos seamos emocionales, identitarios e infantiles, la política española seguirá siendo Salvame. Y como le decía a mi abuela, cuando decía que "a mi la política no me da de comer", es precisamente todo lo contrario. "Salvame deluxe" va a determinar cuanto cobran los pensionistas, que servicios públicos tenemos, cuantos impuestos pagamos. Van a decidir como son las ciudades donde vivimos, que medios (y como) nos manipulan, que sistemas educativos tenemos, que exigencias burocraticas se nos va a hacer para todo. Ese salvame, irresponsable, inmaduro, repugnante, va a dominar nuestra vida hasta niveles ridículos. Y mientras discutimos si el rey está desnudo o no, van a seguir haciendo lo que le salga de los cojones con esta sociedad alelada, inmadura, dedicada a quejarse de todo sin plantear soluciones ni ver más allá de "que pasa con lo mío". Así que bueno. Tiempos interesantes, como decían los chinos. Tiempos interesantes.
lunes, 21 de septiembre de 2020
Infiltraciones culturales
El otro día estaba escuchando un podcast sobre policía italiana y comentaban que son muy buenos, debido a motivos históricos y culturales, en infiltrarse en organizaciones criminales. Pensaba en el documental "La Linea" (muy recomendable, está en Netflix) y en como aquí, también. Y pensaba que los "motivos culturales" pueden venir referidos a nuestros formatos de socialización.
Vivir en primera línea de la globalización hace que te cuestiones cosas que toda la vida has dado por asumidas. Y una de ellas es la extensión de las relaciones, familias y amigos, en la que nos movemos. La cantidad y calidad de nuestras interacciones sociales. Y lo que eso conlleva a la hora de efectuar un seguimiento o intentar mantener una confidencialidad. No entiendo esto como bueno ni malo, sino como un hecho singular de nuestra forma de vida. Aquí todos tenemos familias enormes (extendidas, con primos, tíos, cuñados...) y grupos de amigos diversos (el equipo de fútbol, los colegas del trabajo, esa gente con la que estudié...). En el norte no es tan así, pero lo que falta de cantidad se compensa con calidad y no existen secretos entre amigos.
No es así en todas partes. Existen sitios donde la gente tiene muy pocas relaciones y las que tiene son utilitarias y basadas en un sentido de la privacidad mucho más elevado. Existen otros sitios donde las relaciones son más formales y sujetas a una serie de tabúes culturales que limitan la comunicación. Esa mezcla de laissez-faire y de contacto próximo nos permite ser uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, pues el esfuerzo que realizamos para pasar tiempo con nuestros seres queridos y hacernos sentir bien los unos a los otros es calidad de vida. Lo curioso es que no nos damos cuenta, hasta que un programa de la radio nos lo recuerda tangencialmente. Que curioso.
domingo, 20 de septiembre de 2020
Un cruce entre tecnología y sociedad
Llevo unos días leyendo cosas muy interesantes. Por un lado "el 90% de todo", un libro sobre la industria naviera. Y sobre como, en los últimos años, se ha producido una perdida de calidad humano en la industria, al reducirse costes por el lugar más obvio: la gente. Un efecto secundario de la globalización, que aparece en muchísimas areas pero en esta en concreto ha llegado a una perdida de identidad incluso, al tener lugar comportamientos que, en un entorno principalmente dominado por occidentales, se daban por hecho.
Otro libro muy interesante. "Bullshit Jobs", del recientemente difunto David Graeber. Fascinante. En ese libro se habla de como, más que en un capitalismo "per se", vivimos en un estado neo-feudal, donde las necesidades políticas se convierten en efectos económicos, lo que lleva a una perdida de valor del trabajo y a una mayor presencia de la burocracia, en sus formas más despreciables. También Graeber hablade la perdida de calidad en diversos sectores (medios, empresariales, académicos...) al reducirse el valor "per se" del trabajo, añadiendo capas y capas de supervisiones.
Ambos libros sitúan el inicio de esta decadencia en torno a los ochenta, cuando la revolución liberal acuñada por líderes como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, a nivel mundial, conllevan el triunfo de los mercados y la economía financiera sobre la economía productiva.
Otro apunte interesante. Escuchaba un podcast sobre los años de plomo en Italia y la conflictividad social. Y el autor habla de como, en torno a esa época, existía un conflicto de clase que obligaba al Estado a desmovilizar elementos de la policía, contaminados por una solidaridad excesiva con los obreros de la industria automovilistica a los que debían reprimir. También estamos hablando de los años setenta. En dicho podcast hablan de la figura política del policia y citan a Graeber, que dice que un policía no es más que un burocrata armado, que ha sido tremendamente romantizado para justificar su existencia como medida coercitiva social.
La semana pasada vimos "The Social Dilemma", donde diferentes ejecutivos de la industria de las redes sociales explican como, una tecnología que basicamente maneja información personal, basa su modelo de negocio en estudiar y modificar patrones de comportamiento. Y que las redes sociales son herramientas muy poderosas de un potencial desconocido. Son un medio de comunicación más, como en su momento lo fue la tele o la radio (hablamos de Orson Welles y "La rebelión de los mundos"), para el que no estamos preparados y que posee una intrusión en nuestra vida privada muchísimo mayor que ningún medio anterior, pues uno de los objetivos de su diseño fue actuar como sensores militares.
Todos estos libros y podcast se combinan en una idea. En que en torno a los ochenta tiene lugar una revolución económica y tecnológica de la que ahora estamos viendo sus resultados últimos. Que los políticos demagogos (me niego a llamarlos "populistas"), la desaparición del espíritu crítico, la perdida de calidad humana, el trabajo por el trabajo, la destrucción de los valores identitarios "clasicos" (familia, idioma, religión, nación) en lo que nos hemos formado durante los últimos años, no son un evento casual ni aleatorio. Yo sigo pensando que la globalización como tal es una gran oportunidad para el ser humano y que los clásicos de la ciencia ficción (Asimov, por ejemplo) que defendían un mundo global no estaban equivocados. El nacionalismo, el tribalismo... está destinado a ser superado, de igual forma que el feudalismo fue superado por los Estados Nación al producirse una fusión entre intereses económicos y políticos que llevan a una mayor concentración de recursos. Hoy en día, cualquiera que estudie logistica, se da cuenta de la existencia de hubs, de concentración de medios y recursos, de especialización de profesionales y de movilidad social. Pero el principal obstaculo en ese avance, como ya planteara el general McChrystal en "Team of Teams" no es tecnológico sino cultural. No estamos viendo la figura completa, hasta que no tengamos más remedio que verla. Las fuerzas del Status Quo y del mercad como lo conocemos hoy en día no van a desaparecer y seguirán oponiendose a un mundo más global, más humanista, más generoso, más capacitado. Más ecológico. Pepe Múgica decía que nuestro planeta no va a resistir el sistema económico en que vivimos, porque si 1.200 millones de chinos deciden consumir al nivel de Europa o EEUU los recursos del planeta se agotarán. Ya lo vemos, en las sequias, el cambio climático, el agotamiento de recursos pesqueros. Pero seguimos. Porque una pandemia que nos obliga a quedarnos en casa nos enseña que el mundo puede continuar, pero no queremos verlo y no lo haremos hasta que no tengamos más remedio.
No soy optimista sobre el futuro. Pero "vivir tiempos interesantes", como decía la maldición china, no es más que una parte de lo que nos va a tocar vivir. Y lo mejor es que nos lo hemos buscado solos. Buenas tardes y feliz semana.
jueves, 17 de septiembre de 2020
Arte vampírico
Decía Haruki Murakami que, la mayoría de grandes novelas, fueron escritas por hombres muy mayores (por ejemplo Tolstoi), porque la literatura se alimenta de la vida y solo alguien que ha vivido mucho y está lejos de la prisa, el ansia y el día a día puede sentarse para crear algo realmente enorme. Esta teoría, como todas, es rebatible pero contiene un elemento que creo es fundamental.
La literatura se alimenta de la vida.
Para poder escribir, uno necesita tener experiencias. Necesita viajar, conocer, experimentar, sentir. El espíritu que crea suele ser el espíritu que sufre, aunque no tiene porqué. Lo que está claro es que es el espíritu que vive. Los personajes que escribimos están basados en gente que conocemos o que imaginamos. Los sitios que describimos existen en nuestra mente porque tenemos otra referencia. Como leí el otro día, el ser humano no crea de la nada sino que modificamos, cambiamos cosas y adaptamos. Por eso cuando surge un animal del fondo marino decimos que es "extraterrestre", porque no concebimos algo que no hayamos visto en algún lado.
Pero vivimos tiempos acelerados. Tiempos de consumo, de creación rápida, de miedo. De no reflexión. Y no nos damos cuenta que la vida, como la fruta, debe madurar antes de poder ser cosechada. Algo tan simple como un buen artículo, apenas unas cien o doscientas palabras, necesita un suelo sobre el que crecer, un sol y una humedad que lo alimenten, un tiempo para madurar. Un espacio en nuestra mente y nuestra vida para existir antes de ser tecleado. Y una vez hayamos hecho eso, ya está vivo. Ya puede empezar a desarrollarse solo. Deja de ser nuestro y pasa a ser del mundo. Pero si lo aceleramos, si lo escribimos a medias, si lo sacamos antes de tiempo... fracasará. No tendrá concepto, sustancia, energia. No transmitirá.
Por eso hay que entender que, siendo el arte algo que se alimenta de nuestra vida y nuestra energia, para ser un proceso creativa necesita de su ciclo de maduración. Y que no debemos tener prisa por crear, como no debemos tener prisa por vivir.
Un pendiente
Hoy estaba en la cama, viendo salir el sol en ese momento en que de repente partes de tu vida vienen a visitarte, toc toc, y te recuerdan otros momentos y otras personas que, curiosamente, también eres tu.
Hoy me tocó volver a la adolescencia. Y recordé como, con unos catorce años, yo me hacía "pendientes" con una chapita de metal que traían los calcetines para que no se separaran por el extremo. Por supuesto lo hacía en Vigo, donde no me conocía casi nadie, y fuera de casa de mi abuelo, que no me dejaba. Y de repente recordé como mi abuelo, que tampoco había visto crecer demasiado a sus hijos porque estaba siempre trabajando, flipaba conmigo. Esa relación tan guapa que teniamos.
Cuando yo era pequeño, estaba obsesionado con los dinosaurios. Como buena parte de todos los niños desde que el mundo es mundo y los dinosaurios existen. Salió una colección de dinosaurios y yo me suscribí. Recuerdo que al principio estaba enamoradisimo. Y luego poco a poco le fui perdiendo interés, como todos los niños, a medida que la colección se hacía más arcana y misteriosa (cuando empezaba a hablar de dinosaurios poco populares o de relleno. Como todas las colecciones, perdía fuelle). Pero aún así mi abuelo seguía comprandomela y yo seguía leyendolo, queriendo complacerlo yo, él intentando darme algo que me gustara aunque no lo entendía. Recuerdo como escuchaba, con una paciencia infinita, como yo le contaba de algún bicho u otro, él que siendo pescador estaba harto de ver animales y no darle más ciencia que el nombre que necesitaban para venderlos en la lonja. Lonja, a donde me llevó cuando era tenía cinco o seis años y tenía que hacer un trabajo sobre animales, y yo elegí el tiburón.
Sí, soy muy viejo. No sé si en esta época donde todo está cogido con pinzas un hombre de sesenta años podría ir con su nieto a una lonja de pescado y caminar entre animales muertos, maquinaria industrial y otros hombres, rudos, cansados, serios. Mirando todo con ojos enormes, enamorado, poniendose al lado de peces más grandes que el mismo y gruas que, daba igual cuanto doblara el cuello para atrás, seguían hacia arriba. Pero yo me críe en una época en la que no había móviles ni todos nos escandalizabamos tan fácilmente, y con la suerte tremenda de tener un abuelo que me quería muchísimo. Y yo, en la medida de mis posibilidades, lo quise tanto como pude.
Por eso hoy, recordando lo del pendiente, me queda un sabor un poco agridulce. Porque todo adolescente es contrario a la autoridad y debe saltarse las normas. Es nuestra forma de construirnos como individuos; tenemos que romper con lo anterior y crea algo nuevo. Da igual cuan lógicas y coherentes sean las normas; debemos enfrentarlas para poder crecer. Después nos estabilizamos y dejamos de hacer el idiota, pero existe una edad en la que basta con que te digan "sí" para que tu digas "no". Hoy, mirando por la ventana salir el sol, me acordaba de mi abuelo y pensaba. Valiente gilipollas fui a esa edad. Escapandome para colgarme un trozo de metal ridículo de la oreja, sabiendo que le molestaba, solo para molestarle. Y recuerdo esas tardes en Vigo junto a las sardinas, donde tanto presumía él de mi, o en mesas enormes con la familia, o con sus amigos cuando intentaban burlarme y lo conseguían, inocente enano que se creía todo lo que le decían.
Hoy, sigo pensando que yo soy ese chico que se dejó crecer el pelo y llevaba camisetas oscuras. Pero también soy ese hombre serio, que camina con las manos a la espalda, y me da mucha pena no poder mirar a los ojos al abuelo, enseñarle todo lo que he ido construyendo y darle las gracias. Porque si he hecho esto, en buena parte, es porque alguien en su momento supo decirme que con ese pendiente ridículo parecía maricón y que más me valía ponerme a estudiar y ser un poco más serio. Y fijate. De alguna forma, parece que lo he hecho y puedo estar orgulloso de mí mismo.
viernes, 11 de septiembre de 2020
Cuando perdemos las mínimas formas
Ayer me pasó una cosa, cuando menos curiosa. Me monto en el autobus y vamos todos con mascarillas, claro. Me siento y, en la parada siguiente, está el bus bastante lleno. Así que una mujer se me sienta al lado. Ni mayor ni joven, más cerca de los cuarenta que de los treinta, con esas arrugas que se forman en los lados de los ojos que indican que uno ya lleva algo vivido. Le saludo, como a cualquiera, y me contesta. "Perdona, me parece que me decías algo" y le dije "sí claro. Estaba saludandola." Y giró la cabeza.
Entiendo que vivimos en una sociedad obsesionada con el flirteo y con las relaciones. Entiendo que vivimos colgados del móvil y asustados por noticias donde todo está mal y cada quién descarga sus frustraciones e iras. Entiendo montones de cosas, pero no entiendo que se le niegue el saludo a una persona. Es algo que siempre me ha molestado muchísimo. He trabajado de marino y, entre militares, el saludo es obligatorio. Pues la negación de saludo, por ir despistado o por lo que sea, siempre me ha enfadado horriblemente.
¿Qué pasa? ¿Ya no nos podemos relacionar como personas? ¿Todo mensaje contiene una intención oculta? De alguna forma parece que hemos elegido dejar de lado la naturalidad y encontrarnos solo en los terminos que cada uno elige. Todo es digno de desconfianza, todo es peligroso. Hay que evitar mostrarse debil, evitar mostrarse... humano.
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