jueves, 24 de septiembre de 2020

Porque somos una democracia al nivel de Uganda

Hoy he cometido la locura de asomarme a redes sociales. Parece que me aburro mucho. Y al hacerlo he constatado algo que lleva tiempo llamandome la atención. No tenemos espacio a la disidencia (tenía ganas de usar esa palabra, tan de "La vida de Brian"). En este bendito país de Dios, las opiniones se dividen entre "conmigo a muerte" o "contra mí a muerte". Aún entendiendo que la gente que se considera neutral (yo intento estar en ese registro) no se molesta en predicar o convertir a gente a su causa, y que los exhaltados son tres... en primer lugar, no son tres, y en segundo lugar son tan visibles que compensan. Miramos por encima del hombro a la política africana porque está orientada a la tribu y a la identidad. Pero realmente la democracia consiste en eso y es bastante fea. Es mi turba contra tu turba. Durante decadas, en Europa Occidental, han existido determinadas convenciones sociales que han limitado los extremos. Todavía en algunos sitios los limitan. El recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, cuya sombra se va apagando a medida que los que la vivieron desaparecen, así como el recuerdo de otras guerras... los "tiempos duros que hacen hombres duros" de los que hablaban hace poco, van quedando en el recuerdo. Gracias a Dios, vivimos en una sociedad donde no muere gente de hambre literalmente. Los más desatendidos de nosotros, los abandonados, los olvidados, cuentan con Caritas, el banco de alimentos, trabajadores sociales de los ayuntamientos... esto es así gracias a una serie de compromisos sociales, que me parecen absolutamente innegociables. Eso nos convierte en mejores seres humanos y abre la puerta a que podamos concentrarnos en desarrollarnos como personas. Tenemos servicios garantizados con los que nuestros bisabuelos ni soñaban. Sanidad y educación gratuitas. Ropa y alimentos a precios que nos permiten desperdiciarlas. Agua potable al alcance de cualquiera. Todo esto, que parece obvio, no lo digo para hacer un "rights scolding" (voy a adorar esa expresión). No. No considero que no tengamos derecho a reclamar cosas solo porque tenemos algunas. Tampoco considero que los derechos que tenemos solo puedan ser conquistados; una sociedad madura negocia. Alcanza acuerdos. Redistribuye. Y a proposito de eso va lo siguiente que voy a poner. La función de todo gobierno es la redistribución. Pero ningún gobierno es inocente. En democracia, el gobierno se supone que representa a una mayoría social, que le da una "orden" (no me gustan las traducciones de "mandate" que he encontrado) de ejecutar determinadas políticas. Esas políticas son de interés para la mayoría, si bien el gobierno tiene unos límites, marcados por los excesos que esa mayoría NO aprueba se cometan en su nombre. Volviendo al ejemplo africano, mi tribu puede considerar que somos los únicos con derecho a agua potable, por lo que a las demás tribus que les den. Pero en un estado "maduro", la sociedad entiende que no puede tener agua potable solo una tribu, porque eso llevaría a que las otras consideraran tomar la suya mediante la violencia y el contrato social se rompería. Sobre el contrato social, luego escribiré algo más. ¿Por qué digo que estamos al nivel de Uganda? Porque hemos permitido que la identidad tribal "diluya" nuestra responsabilidad con las otras tribus. Porque hemos establecido campos, en esta España donde como escribió Perez-Reverte las guerras civiles no son acontecimientos históricos, sino estados de humor, que no negocian, que no ceden, que no se permiten considerar otras opciones. Decía Ortega y Gasset que el español no negocia, golpea con sus argumentos al adversario hasta que lo aniquila. En España, dimitir es un nombre ruso. ¿Suena divertido? No lo es. No lo es cuando tenemos un gobierno que ha ejercido el peor liderazgo ante la crisis del coronavirus de Europa, pero al que las únicas cuentas que se le piden vienen de gente que no reconoció su legitimidad en primer momento. En este país o eres fan del gobierno a muerte, así te envenene la comida y viole a tus hijas, o eres enemigo a muerte del gobierno (jamás te lo perdonaré Manuela Carmena, ¡jamás!). Y eso me da mucha pena. Por suerte, el estado de bienestar en el que vivimos hace que determinadas pataletas se queden en eso, en pataletas. Pero para poder ejercer una crítica responsable son necesarias varias cosas. En primer lugar, un cierto alejamiento emocional de la cuestión. En segundo lugar, una relativa objetividad (o al menos no un obvio partidismo). En tercer lugar, un conocimiento de lo que se está hablando. Sin ninguna de esas cosas, la gente que clama por un golpe de Estado (llegó a existir una propuesta en change.org), los que critican absolutamente todo lo que hace el gobierno, son unos hooligans. Pero dado que la defensa del gobierno consiste en "y tu más", coreado por sus ocasionales fans identitarios... pues la cosa en general da bastante pena. Yo no voy a defender al gobierno cuando no tiene razón, porque no "soy de ellos". Yo obviamente tengo una identidad política, pero mi identidad política va con políticas, no con personas. Es decir que el hecho, la acción, no el nombre que le ponen es lo que consigue mi adhesión. Un partído político no es un equipo de fútbol. Un partido político es una herramienta de desarrollo de políticas, de igual forma que una empresa de tapones es un negocio que hace tapones. Si no te gustan los tapones, no apoyes a una empresa de tapones. Como conclusión, solo quiero decir que mientras no exista un debate adulto y todos seamos emocionales, identitarios e infantiles, la política española seguirá siendo Salvame. Y como le decía a mi abuela, cuando decía que "a mi la política no me da de comer", es precisamente todo lo contrario. "Salvame deluxe" va a determinar cuanto cobran los pensionistas, que servicios públicos tenemos, cuantos impuestos pagamos. Van a decidir como son las ciudades donde vivimos, que medios (y como) nos manipulan, que sistemas educativos tenemos, que exigencias burocraticas se nos va a hacer para todo. Ese salvame, irresponsable, inmaduro, repugnante, va a dominar nuestra vida hasta niveles ridículos. Y mientras discutimos si el rey está desnudo o no, van a seguir haciendo lo que le salga de los cojones con esta sociedad alelada, inmadura, dedicada a quejarse de todo sin plantear soluciones ni ver más allá de "que pasa con lo mío". Así que bueno. Tiempos interesantes, como decían los chinos. Tiempos interesantes.

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