jueves, 24 de septiembre de 2020
Sobre el contrato scial
No sé ni porqué me molesto con estas cosas. Supongo que porque hoy me he levantado con el pie cambiado, porque me duele el hombro o porque tengo hambre. Ni idea.
El contrato social. Una obra de Rousseau que no me he leído, lo que me pone al nivel del típico "entendido" que habla de todo, pero cuyo concepto básico entiendo, porque es de sentido común y la base de posteriores estudios. En una sociedad donde siempre existe el recurso a la violencia, la única forma de coexistencia pacífica pasa por un acuerdo entre los gobernados y los gobernadores. Como decía un profesor militar que tuve, la autoridad es una ficción. Cuando el policía te dice "haz esto" y tu lo haces, lo estás haciendo por la amenaza contenida en la autoridad. Pero esa amenaza es simplemente momentanea. Si un policia se dirige a seis chavales que están sentados y les dice que se identifiquen y le den sus documentos... ¿qué impide a los chavales levantarse, apalear al policía y seguir con su vida? La serie de normas y constructos sociales en que vivimos, que se reducen al conocimiento instintivo de que una acción así no quedará sin castigo.
Eso no es así en todo el mundo. Este es un detalle importante. En algún lado leí que los occidentales tendemos a pensar que el resto del mundo es como nosotros, pero con vestimentas típicas y eso es una tontería enorme y es peligrosa. En buena parte del mundo, hay barrios donde la policía no entra, donde la amenaza de la violencia no está tan lejos de la realidad o donde tu identidad tribal pone tu vida en peligro. Y no sucede solo en países remotisimos del tercer mundo.
¿Por qué meto este inciso? Porque tendemos a pensar que la violencia es ese recurso olvidado, del neolitico, que no tiene sentido en el discurso político actual. Y la violencia es un elemento fundamental de las relaciones humanas. El ejercicio de la misma o la amenaza de ejercerlo es uno de los elementos fundamentales de las ecuaciones de poder. Citando a Stalin, cuando le dijeron que el Papa Católico condenaba el gobierno comunista de Polonia, "¿Y cuantas divisiones acorazadas tiene el Papa?".
El contrato social se basa en la asunción de que "el pueblo", "las masas", o cualquier otra palabra que usara Hitler en un discurso para referirse a esos idiotas que asaltaron la Bastilla, se van a quedar quietos y no van a asaltarla si se le conceden determinadas cosas. El grado de exigencia va en función de la época y de la percepción de agravio, pero la píramide de Marslow nos da una buena aproximación a ella. Si la gente se muere literalmente de hambre, que nos maten a unos cuantos contal de hacerselo pagar a ellos no es tan descabellado. También depende de la cultura y del entorno; por la mitad de lo que tuvo lugar la revolución de Octubre, en España se produjo el Dos de Mayo. El ejercicio del poder es un complicado equilibrio, porque nadie tiene un termometro que te diga en que momento "la plebe" (me encanta esa palabra) va a saltar.
Lo que está claro, en este entorno global en el que vivimos, es que el efecto mariposa existe. Que el punto de ruptura no se tiene muy claro donde está. Y que la legitimidad del gobierno, esa expresión tan bonita, es el punto en el que su capacidad para ejercer el mando es aceptada y respetada por los gobernados. Que pueden o no ser partidarios de este, pero deben aceptarlo si pretenden una convivencia en sociedad. En toda democracia, donde existen diferentes grupos identitarios y de presión, va a haber grupos más y menos favorecidos. La cuestión es, ¿en qué momento yo paso de ser grupo desfavorecido a ser turba rabiosa? ¿Cual es el grado de desafección que me permite decir, no ya que este gobierno no me representa, sino que este gobierno no tiene derecho a mandar?
Volvamos al ejemplo africano. El gobierno lo ejerce otra tribu. Ellos ponen a su gente en los puestos de dominio, organizan la educación en su idioma, purgan al ejercito y la policía. Me hacen pagar impuestos por sacar agua de mi pozo. Los sobornos que tengo que pagar para tener electricidad se disparan. Pero bueno, si no son ellos serán otros. Y de repente, mi equipo de fútbol es ilegalizado. Y por ahí si que no. Así que yo y mis compañeros, cogemos unos machetes y decidimos que hasta ahí hemos llegado.
¿Parece absurdo? Es un ejemplo claro de ruptura del contrato social. Determinados elementos del gobierno común, del uso del poder por los dominantes sobre los dominados, están sujetos a debate y su uso puede devenir en abuso sin consecuencias. Otros no. En mi caso, yo sé en que momento el gobierno ha perdido la legitimidad para mi. Pero dado que creo en el sistema de turnos en que vivimos, mi acción no supone coger un machete, sino esperar a las siguientes elecciones y cambiar mi voto. Dado que tampoco creo en el prosiletismo y en mi misión evangelizadora política, participo de debates cuando los hay y doy mi opinión cuando se me pide. Fin. Otra gente entiende que su responsabilidad ciudadana es convertir al pagano, sin entender que la política, como decía Pepe Mugica, consiste en alcanzar acuerdos y saber ceder. Pero dado que en nuestra cultura eso aún no ha llegado, me parece que vamos a seguir viendo contratos sociales a la africana, Unión Europea mediante.
Mucha suerte a los que tengáis hijos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario