martes, 16 de julio de 2024

Cádiz y reiniciar

A la hora de tomar alguna decisión complicada o importante, yo siempre recomiedno a la gente que viaje. Que salga de su espacio, le dé una vueltecita a su vida y lo plantee desde fuera. A ver como se vé.
Yo, casi sin querer, me ha tocado hacerlo. Hacía bastante que no me movía "a mi ritmo". Este fin de semana fui a Cádiz. Que tampoco es que sea algo desconocido o aventurero para mí; es la ciudad donde me crié. Pero iba en un estado mental tan... saturado, tan superado por las circustancias, que no era capaz de orientarme a mí mismo. Con deciros que me dí cuenta de que no llevaba las llaves de mi casa, cuando ya el tren llevaba un rato arrancado.
Y de alguna forma, reinicié. El espacio. El cambio de ritmo. Como decía alguien, valoramos las cosas por contraste; somos conscientes del silencio porque vivimos en el ruido. Pero aún así, con el tiempo uno interioriza cosas y no necesita tanto del contraste, porque establece su propio medidor personal. "Para mí, esto es ruido". Porque establecemos un punto medio nuestro. Y para mí, en Cádiz hay tranquilidad.
Pero no solo hay tranquilidad. Para mí también hay seguridad y hay cariño. Se me llena el alma. Y eso hace muchísima falta y, desde la seguridad y la tranquilidad, uno se plantea las cosas de otra manera. Hoy he leído a una psicologa que, una vez dejas el "corre o lucha" te sientes agotado. Pero no porque seas un flojo, sino porque llevas demasiado tiempo sometido a un nivel de tensión demasiado alto. Eso es lo que te relaja. No este momento, sino todos los momentos que no pudiste hacerlo y te toca ahora.
En dos días y medio, he hecho de todo. He encontrado a mi familia, he estado con amigos, he leido, he dormido. He ido a la playa, he comido un montón de cosas buenas (y otras que no lo eran tanto), he hablado de cosas que me gustan, me he reencontrado con gente a la que quiero mucho. He reiniciado y me he visto a mí mismo a través de otra gente. He replanteado las cosas que son importantes, una vez dejas de correr. Me he hecho promesas a mí mismo, aún más claras que la última vez que estuve.
Y he disfrutado. He saboreado la comida, he dormido a pierna suelta, me he reído a carcajadas. Me he asombrado viendo a mi sobrino, he disfrutado del sonido del mar, del placer de las cosas sencillas. He aprendido muchísimo. Y hoy, el día del Carmen, lo he celebrado cogiendome un tren a las seis de la mañana (ya me vale) y conociendo a alguien muy guay que me ha enseñado una nueva area de conocimiento. Y lo tomo como una señal de que, efectivamente, voy en la dirección buena. Cuidandome. Y cuidando a la gente que quiero.
Así que gracias, Cádiz. Y hasta la próxima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario