jueves, 4 de julio de 2024

Un acto de amabilidad aleatorio


Hoy estaba mirando cosas en Facebook y, de repente, me ha salido algo que me ha llamado la atención. "Coñe, eso es Kyiv". Es interesante como, si reconocemos un lugar, automáticamente establecemos una afinidad y eso nos atrapa/atrae. Supongo que debe ser algún reflejo tribal, de la época en que viviamos en cuevas y había que reconocer en automático una cueva entre cientos iguales. Quién sabe.
Que me despisto. El caso es que apareció un video, que era obviamente un montaje, de una mujer que se había dejado un carrito de bebé en el metro y un vagabundo lo recogía y lo guardaba. Ella llegaba, se lo agradecía y le daba algo de dinero. Los primeros, no sé, cincuenta comentarios, denunciaban que era un montaje. ¿Y? ¿Acaso es tan importante ser el listillo de la clase, que señala con el dedo y vé el truco? Me da pena no poder celebrar un simple acto de bondad, sin tener que despertar la bestia del cinismo y taparlo. Cuando vemos un video de un hombre insultando a alguien, nunca nos cuestionamos si eso será un montaje. ¿Por qué tenemos que reaccionar así ante la amabilidad?
Eso me hizo recordar un artículo de Perez-Reverte de hace muchísimos años, puede que veinte. En él contaba como, durante la dictadura, hacían unas peliculas pastelosas e infantilizadas, donde los malos eran malísimos, los buenos eran buenísimos, pero de alguna forma, todo cambiaba. Como en un cuento de Dickens, en el que el usurero se daba cuenta de su error, el sufrido trabajador recibía su recompensa y la familia resolvía su problema y era feliz y se quería. Y Perez-Reverte reflexionaba que, si bien esas películas eran mentira y todos lo sabían, hacían sentirse mejor a la gente. Y no solo eso, sino que les inspiraba a ser mejores personas. Sus modelos de conducta, las historias que se contaban los unos a los otros, eran historias de esperanza, de amabilidad, de humanidad. Y luego habría un montón de hijos de puta, como siempre, pero incluso esos en su interior sabían que estaban actuando mal.
Me da mucha lástima y mucha rabia como, en esta sopa de individualismo feroz, de miedo, de consumo, de hedonismo, despreciamos el acto cotidiano de bondad humana. Los pequeños gestos. El saludar al vecino, el ceder el asiento, el ayudar a un desconocido. Yo me niego a comprar eso. Sigo creyendo que la gente puede ser buena si se les deja, que solo hace falta ayudarles a ello. Por supuesto, como decía Alfonso X el Sabio, tengo en una mano el pan y en la otra el palo. Y según te comportes, recibirás uno u otro. Eso es así. Pero mi primera reacción me niego a que sea el cinismo, el desprecio, la arrogancia.
Tengo mucha suerte en la vida. Estoy bien de salud y mi familia también. No me falta comida, ni techo. La gente que quiero está bien, con sus problemillas pero se van resolviendo. En general, soy muy afortunado. ¿Qué me impide compartirlo con los demás? ¿Qué me cuesta ser un poco amable, un poco generoso, un poco alegre?
Porque, y esa también es parte de mi suerte, muchas veces recibo lo que doy. Otras no, pero, ¿donde ponemos el foco? ¿Somos victimas de nuestra vida o actores directos de ella, gente que hace cosas? Nosotros podemos suponer una diferencia. Cuidandonos y cuidando.
Así que la próxima vez que veáis un video de alguien regalando flores a desconocidos en Kyiv (que es el siguiente que vi), no preguntaros "¿será real o falso?". Preguntaros, ¿me siento bien viendo esto y quiero hacer o ver algo parecido? ¿Quiero cosas así en mi mundo? Y si la respuesta es sí, sonreíd. Como le dije una vez a un tío que me estaba contando que tocó la batería con Gamma Ray "Me da igual si es verdad o mentira. Es una historia maravillosa, sigue contandome".


P.D: No es casualidad que me impactara tanto que saliera Kyiv en el video. Desde hace dos años, todas las historias que recibo de allí son de drama, problemas, guerra. Es un sitio que sufre y ha sufrido mucho. Algún día me gustaría volver. Por lo que ver gente paseando por sitios que conozco, sonriendo, charlando, compartiendo cosas... me calienta el corazón. Ojalá todos los sitios donde la gente sufre, donde se pasa mal, pudieran convertirse en sitios donde la gente charla por la calle, regala flores o cuida carritos de niño de otras personas. Ojalá.

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