miércoles, 10 de julio de 2024

Estoicismo y sociedad de consumo

Hoy hablaba con una colega sobre la frustración y los niños. Que claro, ahora todos los niños tienen un ipad y, ¿como va a crecer el tuyo sin él?
Y pensaba que es curioso. Que todos los niños hemos intentando el "Manolito tiene X, ¿ por qué yo no ?" Quizás porque yo lo intenté con cosas que no podían darme (un padre, por ejemplo), tiendo a menospreciar el daño psicologico que puede causarle a un niño la frustración. Pero en general, creo que es importante asumir que no somos actores pasivos de nuestra vida y que "la sociedad" no decide por nosotros. Puede presionarnos y condicionarnos, claro. Pero de igual forma que el hecho de que haya 40ºC y yo tenga la playa delante NO me obliga a bañarme, da igual cuanto me presione la sociedad, el responsable final de mis actos y decisiones soy yo.
El otro día vi un video con Iñaki Gabilondo, que tiene 82 años, diciendole a un hombre que son (somos) la primera generación que no asume el mando de sus vidas. Que a él, o a la gente de su edad, nunca se les ocurrió echarle en cara a sus padres el mundo que les había dejado, después de una guerra civil y con una economía destrozada. Cada uno trabajó con lo que tenía, con la vista puesta en conseguir un futuro mejor para uno mismo y los suyos.
Ojo, esto no quita responsabilidad a nuestros antepasados. Pero desde luego nos la pone en nosotros. Muchas veces he discutido con mi madre que "a mí es que me educaron así" no es argumento válido para nada. A uno lo educan mientras está desarrollandose, pero a partir de que empieza a volar solo, pues... vuela solo. Yo no puedo excusarme en mi madre, ni en el clima, ni en el palmarés del Real Madrid para justificar cualquier decisión que tome. Mis decisiones son mías. Para lo bueno y para lo malo.
¿Y donde entra el estoicismo aquí? Pues que de repente, se ha puesto de moda. Todos asumimos el papel de sufridores, de objetos pasivos. El destino me ha puesto esta prueba. Y deberé superarla. Y no es mentira. Los clásicos tienen su utilidad y, desde luego, existe un atractivo manifiesto en la busqueda de la virtud y la entereza. En la dignidad. Y en la frugalidad. Que son virtudes muy trasnochadas en una sociedad de consumo que aspira a seguir creciendo, a poseer más, a ser ambiciosa y arrogante. Pero no se cuestiona el motivo y confunde el medio con el fin. Mejorar nuestra autoestima es una herramienta para ser felices, no es un fin en sí mismo. Conseguir estabilidad económica es una forma de asegurar que podemos compartir con los nuestros y nos ayuda. Pero tampoco es el fin. Cada uno elegimos nuestro camino... pero lo hacemos en solitario. Decía Marco Aurelio que todo lo que oímos es una opinión, todo lo que vemos una percepción. No estamos sometidos a hechos inmutables (como el del ipad). Sino que vamos modificandolos a medida que suceden cosas.
Con lo que hoy en día el estoicismo está de moda, porque los clásicos son una barrera contra una oleada de pasividad, de consumo, de hedonismo vacío. Necesitamos encontrarle un sentido espíritual a la vida, como lo ha hecho el ser humano siempre, porque una parte de nuestra existencia es nuestra alma, gnosis o como lo queráis llamar. Y al igual que necesitamos salud física y salud mental, necesitamos salud emocional y espirítual. Hay que cuidarse. Y hacerlo de forma activa.

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