martes, 9 de julio de 2024

Okhmatdyt 4

Pero no quiero acabar esta parrafada así. No. Porque entonces yo sería igual que toda esa gente, empeñada en demostrar que todo el mundo es asqueroso y repugnante. Que todos somos egoístas, cobardes, miserables. Que si pudieramos, todos robaríamos, violariamos, asesinariamos. Que lo único que nos limita es el miedo a que otros nos lo hagan a nosotros o nuestra incapacidad para hacerlo. Basicamente, todo el sostento moral de Russky Mir y el "lado oscuro" del mundo.
No voy a acabar con eso. Voy a acabar hablando de Elina Svitolina, que ayer ganó un partido en Wimbledon pero lloró por los niños que sufrían. Voy a acabar hablando de Yana Stepanenko, que perdió las piernas en un ataque en Lviv y corrió en la maratón de Bostón. Me voy a callar las historias de gente a la que conozco personalmente y que, día a día, saca una sonrisa a pesar de dormir en una bañera o en un pasillo, de ver baterias antiaereas actuando al lado de su casa o celebrar que han hecho un bunker en su trabajo. Y que trabaja, en medio de un aviso de bombardeo, porque lo que está haciendo es importante.
Voy a acabar hablando de los bomberos a los que mataron en Dnipro, porque esperaron veinte minutos después del primer bombardeo para pillar a los del servicio de emergencias actuando. Y voy a acabar hablando del discurso de Zelensky de Navidad en el que agradece a los profesores, a los medicos, a los electricistas y a todos, a todos, los que siguen trabajando y dando lo mejor de si para que su país siga existiendo. Porque toda esa gente, todos esos miles y millones de personas que se levantan con un aviso de bomba y que conducen taxis, plantan verduras, crian hijos y hacen lo mejor que pueden, son la Victoria. Con mayusculas. Esa gente que se pone un uniforme y va al frente, diciendo "no quiero que mis hijos mueran combatiendo a Rusia, así que voy yo. Porque si no los paramos, seguirán viniendo". Esa gente que protege y defiende... cada uno a su nivel. El que le da flores a una anciana por la calle. El que consuela a un niño asustado porque tiene miedo, aunque él también lo tenga. Y por último, esa gente buena que está viendolo por la tele y dice "esto no puede ser" y saca su cartera y da algo, un poquito, a una asociación que cuida animales o manda comida o...
Todos. Todos los que están en el lado bueno, todos los que ayudan, cuidan, apoyan, protegen. Todos los que se esfuerzan. Esos son con los que quiero acabar. Con los medicos quitando escombros y con esos mismos médicos, que, los que puedan, hoy han vuelto al trabajo. A salvar vidas, a cuidar niños, a apoyar familias. Como decía Zelensky, gracias. Porque por mucho que se sufra y muy mal que se esté, el mero hecho de existir es un puño levantado contra aquellos que no quieren que existais. Y solo puedo deciros gracias y, de todo corazón, gloria. Gloria a Ucrania, gloria a los heroes.

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