lunes, 17 de agosto de 2026

La necesidad de optimizar

He pasado un finde bastante agradable, de esos donde no se hace nada especial pero eso también está genial. Paseos, charla... muy buenos momentos. Hemos visto Serenity o Firefly, no me acuerdo, que está bastante entretenida. Y durante todo este fin de semana, estaba de fondo el rum rum de la optimización. De buscar la mejor combinación para llegar a un sitio, de encontrar el descuento para la comida, de hacer el camino de la forma más breve posible.
Y ojo, lo entiendo. Todos queremos ser eficaces, ahorrar, hacerlo bien. Pero llega un punto en el que uno está demasiado ocupado buscando "la mejor forma", en vez de disfrutar de lo que hace. Si a eso le sumamos el miedo a equivocarse "es que he comprado este teléfono, pero dos semanas después ha salido con un descuento del 20% en no se donde", ya es para tirarse por la ventana.
Vivimos solo una vez. Y nos vamos a equivocar, claro. Vamos a pagar más por algo, vamos a coger un camino equivocado, vamos a elegir cosas que luego resulta que no nos gustan o no nos sirven o... en la vida se cometen errores. Y no pasa nada. Pero cuando vivimos con la necesidad de hacer todo perfecto, y además hacerlo perfecto a la primera, no vivimos. Como decía el refrán, "lo mejor es enemigo de lo bueno", porque cuando uno tiene algo bueno pero quiere lo mejor... entonces deja de disfrutarlo. Es lo que decían en Las Uvas de la Ira sobre la riqueza. El hombre que no es feliz con dos mil hectareas no lo será con tres mil ni con diez mil. Porque lo que le impide ser feliz no es la limitación de medios materiales, es la busqueda constante de superar a sus iguales o de satisfacer un vacío interior.
Hay que quitarse vuelta y media. Hay que disfrutar del momento, de ser feliz, del ahora. Y hay que elegir sabiendo que disfrutamos lo que elegimos, escuchando a nuestra voz interior. Así es como no nos equivocamos. Haciendonos felices a nosotros mismos.

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