martes, 15 de septiembre de 2026

Muerte por un millar de cortes

Vivir en UK no es para los dociles. O para los faltos de coraje. O en general, para gente a la que le guste vivir.
Ayer hice mi primer turno de doce horas de esta semana. Llegué a casa, comí algo y me metí en la cama. La alarma sonaría en 7 horas. Por supuesto, no ha sido así, me he despertado a las cinco. Medio empanado he empezado mi rutina, cosas sencillas. Entrenar, hacer Duolingo, comer algo. Limpiar y recoger, poner la casa medio decente, preparar todo para irme al curro.
Ahora tengo un rato y tengo que arreglar algunas cosas. Y ya empezamos con las pequeñas torturas. La conexión a internet no funciona. La aplicación no abre. Hay que hacer una verificación que no es posible.
Así pasa con todo. Uno va al metro y hay interrupciones. Coge el coche y hay obras. Le viene una factura que no esperaba. Todo, todo, es una constante serie de pequeños problemas que se van acumulando hasta que uno solo quiere salir a romper cosas.
No pasa nada. Tampoco necesito esa aplicación. Ni ese viaje. Ni ese... al final te acabas quedando en casa, simplemente superado por unas circunstancias que no deberían ser así. No es tan difícil. Solo hace falta comer. Dormir. Estar con gente que te quiere. Conectarte un poco a tierra y a las cosas que te hacen feliz. Buscar algo que te haga sonreír, una canción, un momento. Un recuerdo.
Es la primera noche de una semana de siete. Y ya es una noche demasiado. Menos mal que ya va quedando menos.

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