miércoles, 27 de abril de 2016

El mago de Oz

Estaba hablando ahora con una colega que tiene un examen y una entrevista. Estaba preocupada, pero yo no valgo para eso. Le dí un poco de carga y me dijo "eres el mejor animando".
A ver. Yo soy lo que soy. No valgo para decirle a nadie "ea ea, todo saldrá bien". Eso se lo puedo decir una vez. Pero si llevas años peleando algo... eso no sirve. ¿No tienes fe en ti mismo? ¿No tienes confianza? Eso no va a venir de fuera. Viene de dentro.
Y no sé... me he acordado del Mago de Oz. Y de la fantástica lección que era para nosotros. Ahora mismo no la recuerdo exactamente, pero si me quedo con el mensaje. Tras viajar, enfrentar desafíos y problemas... cada personaje descubre que lo que busca está (y ha estado siempre) dentro de sí mismos.
Quien quiere, puede. Es eso. Y si dejamos de creer, si dejamos de luchar... entonces todo va abajo. Es nuestro. Pero solo siempre y cuando estemos dispuesto a dar lo necesario para conquistarlo y defenderlo.El otro día me acusaban de no creer en la fidelidad. Absurdo. ¿Como no voy a creer en la fidelidad y creer en la lealtad, en el compañerismo? Yo en lo que no creo es en la ausencia de condiciones. Cautivo y desarmado... no. Cada uno debemos ser adultos, debemos poder elegir libremente. Debemos confiar. Y si eso no existe, no tenemos salida.
Vivimos en una sociedad aniñada. Nadie quiere responsabilidades. Nadie quiere cosas desagradables, nadie quiere sufrir, nadie quiere sacrificarse. Todos sabemos demasiado y estamos de vuelta de todo. Y la realidad no es así. Es una realidad artificial que nos hemos creado, que hemos cubierto con alambre de espino y dentro de la que vivimos, temerosos de las sombras. Prisioneros de los fantasmas que nosotros mismos hemos creado.
Contra eso, en el Mago de Oz una tormenta saca a Dorothy de su Kansas y la arrastra a un mundo nuevo. Y allí tiene que enfrentarse, con aquello de lo que dispone, a nuevas situaciones. Haciendolo, encuentra compañeros a los que ayuda a ser más de lo que inicialmente eran. ¿Podemos aspirar a algo mejor? ¿Existe acaso mejor causa que aquella de mejorar nuestro entorno, tanto humano como natural?
Hay que creer. Y hay que pelear. Y dejar de esperar que la varita magica nos resuelva los problemas, sino disfrutar del esfuerzo que hace que seamos lo que queremos ser. Los sacrificios para conseguir una meta son validos... en tanto y en cuanto no nos destruyan por el camino. Si no, son futiles, porque cuando consigamos esa meta no sabremos disfrutarla, obsesionados en buscar la siguiente excusa para ser infelices, para sacrificarnos, para vivir mal. Misery loves company.

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