viernes, 15 de abril de 2016

Sobre el arte de perdonar



Ayer recibí un mensaje de una antigua amiga, diciendo que no sabe ni lo que decirme. Que la cagué y que ahora no confía en mi. Imagino que fue una confesión, mientras se agarraba el pañuelo, miraba al horizonte y juraba "A Dios pongo por testigo, de que nunca volveré a aguantar idiotas" o algo así. Pobre.
El caso es que, en esta la semana del amor, precisamente el otro día volví a hablarme con una ex. Estoy repescando gente. Y la conversación fue como siempre, una mezcla de puñaladas sarcásticas, humor negro y, por debajo de todo eso, bastante cariño. No somos conscientes de cuanta carga emocional contiene un "¿estás bien?" sincero. Mola.
¿Y por qué abro este artículo contando mi vida? Para establecer un punto de referencia. Veréis, yo, en mi cómoda amoralidad (algunos dirían que, en mi moral tramposa), no considero que existan "bien" y "mal" en las relaciones humanas excepto en casos extremos. Si existe responsabilidad, pero no "delito". Es una cuestión de comunicación, oportunidad y carácter y, en su defecto, podremos hablar de faltas contra la relación -sea esta de amistad o de cualquier tipo-. Entre dos personas debe existir un cierto... acomodo. Si yo soy incapaz de asumir los defectos de una persona, entonces haría mejor en retirarme porque esa persona no va a cambiar. Dicho de otra manera, el clásico de una situación desagradable: asumirlo o cambiarlo. Pero dado que cambiarlo no es posible -dejad de engañaros a vosotros mismos-, la cuestión es aún más fácil. Asumirlo o largarme.
Una vez asumido, comienza el proceso de definición de la relación. Que doy. Que das. Como soy. Como eres. Empezamos a conocer a la otra persona... y en el proceso nos conocemos a nosotros mismos.
¿Qué tiene que ver esto con "perdonar"? Pues que, asumiendo que no exista dolo (es decir, intención de hacer daño), la mayoría de problemas que suceden durante las relaciones son fallos de comunicación, de expectativas y de prejuicios. Yo pensaba... yo quería decir... pero lo normal es...  Dichos problemas son fácilmente asumibles, se resuelven mediante la conversación y la asunción de un nuevo paradigma. En los ejemplos que he puesto, es tan fácil (o tan difícil), como que exista voluntad por ambas partes de entenderse, de aclarar las cosas y de aprender. Pero... ¿Qué sucede si hay dolo? A veces tenemos un mal día. O somos malas personas. A veces hacemos daño y sabemos que estamos haciendo daño, aunque luego nos arrepintamos. ¿Cómo se arregla entonces?
Bueno, la religión cristiana es, ante todo, una religión de perdón. Estamos educados en que Dios, ese ser todopoderoso, perdona todo. Así que, cuando uno perdona, se coloca en una posición de superioridad. Por eso cuesta tanto pedir perdón, porque te estás sometiendo. Estás descubriendo la garganta, para que te la arranquen o te la acaricien. Así y todo lo hacemos, porque asumimos que hemos cometido un error que exige reparación. A veces, esa reparación permite una reconciliación y un nuevo acuerdo, un nuevo "contrato" de amistad. Otras veces, dicha reconciliación es imposible y solo queda retirarse, como decía antes, "asumirlo o largarse". Ojo que "asumir" no significa "aceptar ciegamente. Te jodes y bailas". Asumir significa convertir esa situación desagradable en una que puedas aceptar. Es cambiar, pero no cambiar a la otra persona, sino cambiar nuestra percepción. Al fin y al cabo, todo en la vida es cambio.


Resumiendo y para acabar este tochaco. En el acuerdo entre dos personas que es una relación, tienen lugar crisis. Esas crisis, pueden ser por problemas nimios o por problemas serios (aquí asumimos que son todos problemas coyunturales, otro día hablaré de los estructurales). Su resolución pasa por localizar el problema, aislarlo y solucionarlo, bien mediante una asunción de una nueva situación, bien mediante el acuerdo de ignorarlo y dejar que se consuma solo. Pero siempre, siempre, la clave para que una relación se mantenga es la voluntad. Si una de las partes no está dispuesta a hablar, escuchar... a comunicar, en resumen, no puede haber relación.
Y tras este tochaco voy a poner cara de interesante. Porque yo lo valgo.

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