lunes, 15 de agosto de 2016
Historias que no levantan olas
En nuestra vida hay historias que son importantes. Gente que supone una diferencia, buenos amigos, gente con la que contamos. Emociones trenzadas en medio del trato con las personas. Y también existen otras relaciones, quizás metidas debajo de la primera trenza, quizás de fondo entre otras cosas, a las que no prestamos tanta atención.
En estas relaciones, a veces, aparecen y desaparecen. Son aquellas del segundo o del tercer anillo. Pero últimamente me he dado cuenta de que, incluso entre las primeras, a veces tienen lugar finales sin drama. Sabes que eso no va a ningún lado... y un día de repente desapareces o desaparecen. Podéis volver a reaparecer. Es un final suave. No hay tensión. De repente esa persona, que tu sabes que tiene una relación contigo porque estás constantemente bombeando entusiasmo y cosas que hacer, tiene una mala respuesta. O tu te aburres. O vais a quedar pero no responde.
Y de repente, todo se acaba. Porque eres consciente de que no va a haber una reanimación de esa historia, pero tampoco te importa lo suficiente como para que ello te provoque una emoción. Entonces, como si no fuera nada importante -y no debe serlo cuando no te importa-, la historia se acaba.
Así he perdido dos o más amigas este mes. Y oye, sesenta pulsaciones. Supongo que debe ser la madurez, dejar de pensar que todos los partidos merecen la pena jugarlos. Algunos, simplemente, se apagan como si nunca hubieran existido. Y probablemente dentro de unas semanas no quede ni el recuerdo de que alguna vez fue así.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario